Seminario de Madrid 1960 es la fotografía más famosa de Ramón Masats. Todos recordamos haberla visto alguna vez en un libro, en una exposición o en el homenaje que le hizo Pedro Almodóvar en La mala Educación. Es la imagen del primer fotógrafo español que estuvo a punto de entrar en Magnum, pero que no lo hizo porque era muy cansado (es ante todo un gran bromista), según confesó una vez.

Ramon Masats

Cuando le oyes hablar, nunca sabes si lo que estás escuchando es verdad. Tiene una manera de ver las cosas que consigue quitar hierro a todas las cosas y darles la importancia justa. Algunos de sus pensamientos, demoledores por ser ciertos, son los siguientes:

Y para los demás fotógrafos, aunque no lo necesitan, os recordaré que la fotografía es mostrar con sus propios medios, una realidad que no se puede mostrar MEJOR con otros modos de expresión. La nostalgia es muy rentable en fotografía. Evitadla. Puede haber técnica sin Arte, pero no Arte sin técnica. La pintura es un proceso aditivo. La fotografía es sustractivo. Para aprender fotografía: amigos, calle y biblioteca. La grandeza de la fotografía está basada en sus límites. Para ser fotógrafo hacen falta cuatro cosas, por este orden. Imaginación, ojos, pies y una cámara. Aunque los pies deberían ir antes. Primero la comida, después la ética. No olvides que Coppola rodó El Padrino para pagar sus deudas.

Nació en Caldes de Montbui en Barcelona en 1931. Consiguió su primera cámara con el dinero que le sisaba a su padre en el periodo que cumplía el servicio militar. La afición le vino a raíz de leer la revista Arte fotográfico, una de las pocas revistas fotográficas que existían entonces en la España oscura de la posguerra y la dictadura.

Pronto se hizo amigo de la Agrupación Fotográfica de Cataluña donde empezó a ver y a conocer las posibilidades de la fotografía. Y en 1957 se instala en Madrid para trabajar en Gaceta ilustrada, como reportero. En este mismo año ingresa en el famoso grupo AFAL, donde se convierte en la figura más importante de la fotografía española. Tanto, que viajó a París para hablar con Ernst Haas y Cartier Bresson para formar parte de la agencia Magnum. La leyenda cuenta lo que he escrito al principio, pero la verdad parece ser que tuvo motivos económicos. Abandonó la fotografía por el cine y la televisión y en 1981 volvió como a coger una cámara, pero esta vez en color, y en vez de fijarse en las personas con más frecuencia, plasmó lo que dejaba el hombre en la tierra. Hoy le gusta salir poco, sólo ve las exposiciones de sus amigos y escucharle hablar es una de las lecciones fotográficas más interesantes que se pueden recibir hoy en día.

La fotografía Seminario de Madrid, 1960 es una de las más famosas de España. Junta dos de las pasiones de aquella época: la iglesia y el fútbol. La estirada del seminarista, impresionante si pensamos en lo que pesa la sotana, está congelada en el momento justo en el que toca el balón con la punta de sus dedos. Vemos sus sombra que copia idéntico movimiento, vemos la desvencijada portería en el polvoriento campo. Y al fondo, el resto de seminaristas con las mismas oscuras sotanas esperando a ver el desenlace de la jugada. Al parecer,  fue gol. Es un retrato perfecto de una sociedad triste y pobre. Pero tiene un dinamismo que descoloca, gracias a la diagonal del cuerpo del portero.

La fotografía formó parte de un reportaje sobre el seminario de Madrid, donde se formaban los curas. Hizo varias fotos de la situación más dinámica que se encontró y esta fue la única que le gusto. Es increíble que en 1960, con una sencilla Leica -probablemente- fuera capaz de congelar el movimiento en el preciso momento en el que el balón toca los dedos del portero. Eso es porque, según sus propias palabras, estaba atento fotográficamente. Y su estilo es encontrar siempre el ritmo: el hecho tiene que tener un forma.

La imagen es el ejemplo perfecto de la corriente renovadora que trajeron Masats y sus compañeros de Barcelona y de Madrid, lejos de la moda salonista de aquel entonces en España (Ortíz Echagüe era el referente, imaginaos) y más cerca de la obra de Cartier Bresson y Robert Frank. Fue un grupo sin reglas, que se juntaban a hablar de sus propias fotografías, de películas y de mujeres. Eran amigos apasionados por las mismas cosas que además llevaban una cámara la hombro en las reuniones en la calle del Pez, donde estaba la Real Sociedad Fotográfica de Madrid.

Como curiosidad, el seminarista es ahora sacerdote en una de las basílicas de Madrid, y Ramón Masats está hasta el gorro de que le pregunten siempre por ella. No lo hagáis nunca si le veis, con su cabello blanco y su gran bigote, alejado para siempre de las cámaras porque ya no le interesa y en compañía de sus gatos y sus libros. Pero si se os escapa, seguro que os sonríe y os anima a seguir haciendo fotos.