Empezamos la serie Entender a los maestros con Eugéne Atget. Cuando hacemos fotografías, sentimos la necesidad de comunicar a los demás los sentimientos, las ideas que tenemos; o simplemente lo que hemos visto en determinado momento.

Fotos Atget

Muchas veces nos entran dudas porque no sabemos cómo hacerlo. Es principio es sencillo. Nos llevamos la cámara la ojo y disparáramos. Según parece, este sencillo gesto debería bastar para conseguir unas fotografías impresionantes. Dicen muchos que hacer fotos es sólo apretar un botón.

Nosotros sabemos que no es así. Una buena imagen es cuestión de esfuerzo y de mucho trabajo detrás. Sobre todo si queremos superarnos. También requiere mucha cultura visual: una fotografía nuestra es resultado de todas las fotografías que hemos visto previamente y las hemos entendido (es importante no quedarse en la apreciación me gusta/no me gusta).

Si conocemos las obras de los fotógrafos que nos han precedido y entendemos cómo las han hecho, seremos capaces de mejorar nosotros mismos, pues tendremos algunas de las claves de los maestros. El resto depende del trabajo. Podemos saber mucho, pero como hagamos fotografías en el último momento, de nada servirá. Las haremos deprisa y mal. A lo mejor aparece la diosa Fortuna, pero será una casualidad.

Estos artículos consistirán en analizar las figuras de algunos de los más grandes fotógrafos del siglo XX. Conoceremos su vida, y sobre todo nos centraremos en su obra, que analizaremos concienzudamente para encontrar las claves de su trabajo.

Para que sea práctico, veremos fotógrafos con estilos diferentes y maneras de trabajar distintas, ya sea desde un punto de vista técnico o intelectual.

Todo lo que aprendamos lo podremos volcar en nuestras fotos. O a lo mejor sirve para darnos de lo que no queremos hacer. Es una oportunidad para mejorar.

Eugéne Atget

Como dije en un artículo, una de las características de la obra de Atget es que no consideraba que hiciera arte, sólo «documentos para artistas». Fotografiaba para que otros tuvieran la base para pintar y no se tuvieran que desplazar al lugar físico. Y para salvar del olvido el viejo París, devorado por el plan Haussmann. Una de las pruebas de que no consideraba arte lo que hacía es que cuando vendía el negativo, volvía a hacer la misma foto, con un encuadre un poco diferente.

Es la primera vez que el fotógrafo intenta ser objetivo con la realidad, como más tarde hicieron numerosos fotógrafos y cuya máxima expresión es el trabajo de los Becher, de la escuela de Düsseldorf, profesores de los superventas de la fotografía actual. La fotografía como descripción.

Según una de las mayores estudiosas de la obra de Atget, Maria Hambourg, uno de los rasgos su estilo es la división de temas. Es decir, tenía muy claro lo que tenía que hacer.

Pero esa clasificación no se debía a algún deseo personal, sino que se ajustaba a la clasificación de los catálogos de las bibliotecas y centros con los que trabajaba, y le era más sencillo organizar así las ingentes cantidades de placas que tenía.

Su influencia es notoria es muchos de los grandes: Robert Adams, Diane Arbus, William Eggleston, Robert Frank, Lee Friedlander y Garry Winogrand, Abbott, Walker Evans,… Este último autor, cuando vio por  primera vez las fotos de Atget, de la mano de Abbott, dijo en sus diarios:

Me sentí electrizado y alarmado.

Fue uno de los que se dio cuenta de que la obra de Atget no era solamente una mera descripción, sino que detrás estaba la personalidad del autor. Veía que era un fotógrafo independiente, que no estaba atado a ningún grupo ni a ningún pensamiento que no fuera el suyo. Veía en su interior la personalidad «Atget». Su intención era crear un diálogo entre forma y contenido, lo que provoca que la contemplación de estas fotografías haya que hacerla de una manera lenta para una compresión profunda.

El descubrimiento más importante de Atget es encontrar lo cultural en los objetos cotidianos, algo que se le podía atribuir a Warhol, pero que descubrió un actor fracasado de París de principios del siglo XX. Es convertir los objetos en algo más, gracias a la visión del fotógrafo. Su inteligencia y su claridad de ideas, le llevan a la originalidad a partir de cosas comunes, como un escaparate o la vista de una iglesia.

Todas estos aspectos han estado vigentes desde entonces para los fotógrafos documentalistas. Siguen la misma senda, pero algunos fueron capaces de librarse del yugo de la perfección técnica de los que les precedieron, dando así un nuevo impulso y acotando aún más el lenguaje propio de la fotografía. Consiguieron que ya no estuviera tan claro las barreras entre lo feo y lo bello, lo importante y lo trivial.

El estilo Atget es simplemente ser espejo de lo que pasa. No intervenir en lo que ve. Es un canto a lo popular, visto desde una óptica inteligente que descubre cómo decir las cosas que antes no se habían dicho con una cámara.

Como resumen, se pueden señalar los siguientes aspectos:

  • Fotografiar sin pretensiones.
  • Deja hablar a la fotografía sin artificios, sin ángulos extraños, sin buscar «tres pies al gato». No a las ópticas extrañas, a los efectos curiosos.
  • Todo puede resultar interesante si se hace con una mirada inteligente.
  • Es importante tener una idea o un proyecto en la cabeza y desarrollarlo.