Para ser sincero, me gustan muy pocos libros técnicos de fotografía. Creo que lo mejor es acudir a talleres, hablar con otros fotógrafos, apuntarse a diversos cursos o consultar las numerosas páginas de internet que podemos encontrar sobre nuestra afición. Pero de vez en cuando se publican buenos libros que merece la pena comprar. Uno de ellos es: Sin miedo al flash de José Antonio Fernández.

Sin miedo al flash

La colección FotoRuta de  JdeJ Editores, editorial nacida en 2003, hay que tenerla en cuenta. Esta serie de libros cuentan, de una manera original y amena, todos los entresijos de la fotografía. Uno de mis libros de cabecera es el segundo de la colección, escrito por Tino Soriano, Foto a foto 02. Perfecciona tu técnica y disfruta aprendiendo. Os aseguro que es el lugar donde he encontrado una de las mejores teorías del color. Pero hoy estamos hablando del libro de José Antonio Fernández sobre el flash. Y está muy bien.

El flash es uno de los grandes olvidados de la fotografía. Se usa poco y mal. Sólo se usa en interiores para las fiestas familiares y en excursiones nocturnas en las que queremos iluminar la catedral de León. Cuando vemos que unos salen con los ojos rojos y que la catedral esta sumergida en la oscuridad, dejamos a la pobre herramienta en el fondo de la bolsa. Y lo sacamos cuando no tenemos más remedio.

Los fabricantes cometieron el primer error: poner el flash encima del objetivo; luego intentaron vendernos el sueño del TTL, el sistema definitivo para que la fotografía con flash fuera fácil… pero la masa de los fotógrafos aficionados despotricaban contra la humilde antorcha.

Todo empezó a cambiar cuando en 2006, un fotógrafo de Boston, David Hobby, aburrido al estar unos días enfermo en casa, empezó a escribir sobre cómo iluminar con los flashes de las cámaras. Llamó a la página Strobist, y empezó una filosofía o una corriente fotográfica que a todos convence: hacer fotografía de estudio con medios económicos. ¿Y qué pasó? Pues que la industria fotográfica vio un filón y ahora todas las tiendas venden productos con la marca “strobist”. Y las de segunda mano se las frotan, pues pueden vender flashes viejos por 200€ y más cuando hace 10 años los regalaban.

El secreto de Strobist es descubrir a la gente que no hace falta gastarse mucho dinero para conseguir resultados profesionales con nuestro pequeño flash. Sólo hace falta entender cómo funciona la luz, tener un par de flashes que funcionen en modo manual y un emisor con sus correspondientes receptores.

Y sobre todo esto habla el libro Sin miedo al flash. Guía completa del flash de mano: del manejo básico a la iluminación más avanzada. Es un libro ideal para regalar estas navidades en las que los bolsillos están vacíos, pues tampoco es muy caro para ser un libro técnico.

No da nada por sabido. Empieza por el abc de la fotografía, lo que resulta muy útil para los novatos y para los más curtidos que no les venga mal recordar sus años de principiantes. No puedo evitar sonreír cuando el autor explica la exposición con el clásico dibujo del grifo y el vaso de agua (recuerdo como miraba al suelo cuando mi profesor Vicente López Tofiño preguntaba si habíamos entendido el tema).

Poco a poco va desgranando todas las claves de la fotografía con flash, hasta llegar a lo más interesante del libro, los últimos capítulos, Algunos esquemas de luz interesantes y Resultados asombrosos. Son varios ejemplos que podemos intentar hacer en nuestra casa con nuestros medios. Y si seguimos las instrucciones a rajatabla, nuestras fotografías salen adelante.

El único problema que le veo al libro es cuando el autor comienza a recomendar diversos artilugios y dispositivos, y lo que al principio era una cámara, un flash con su trípode y un emisor y un receptor se convierte en una cámara, seis flashes (sí, lo habéis leído bien, seis flashes), un ayudante para los difusores, jirafas y demás historias… que se alejan de las posibilidades de un aficionado. Además, él mismo lo reconoce, que si tenemos que cargar con tantos flashes, lo mejor es comprarse un buen flash de estudio, pero eso empieza a ser caro y pesado.

Como he dicho unas líneas más arriba, es el regalo perfecto para ese amigo, hermano, primo o cuñado que lleva siempre la cámara al hombro, o para uno mismo.  Y si de paso encontramos en la librería el clásico de Fil Hunter, La iluminación de la fotografía, podremos llevarnos también el mejor libro que se ha escrito nunca sobre la iluminación. Pero ya sabes, este último mejor en inglés.