Francisco Ontañon es uno de los fotógrafos que no paró de trabajar en toda su vida, y que tuvo la suerte de ver reconocida su obra al final de sus días. Es uno de los grandes de la fotografía española, y así lo reconocen, por ejemplo, en las salas de los años 50 del museo Reina Sofía de Madrid, donde sus obras cuelgan al lado de consagrados como Masats, Cualladó, Colom...

Nació en Barcelona, en el barrio de Gràcia, en una época en la que vivir en España era duro de verdad, donde los niños no tenían zapatos y los pocos garbanzos que se podían comer botaban en el suelo aún cocidos. Francisco Ontañon perdió a sus padres muy pronto, él víctima de la guerra y ella de pena, como sospechaba. Su tía se hizo cargo de él, pero se dejó llevar por la mala vida

Yo de pequeño era muy malo, cuando comencé a trabajar en un banco ya no tenía ni padre ni madre, vivía con mi tía, una hermana de mi madre. Me pusieron un tutor. Me escapaba de casa y hacía lo que quería. Mi tía no podía conmigo. El tutor era un militar y un día (tenía catorce años) me cogió y me llevó a la comisaría más negra y cutre que hay en Barcelona, en la calle Unión, de esas que tienen las rejas a ras de la calle. La mesa del comisario era como esa foto famosa de Cartier-Bresson donde hay una lámpara, una mesa de madera, un tipo y un acusado. Me hicieron quitar el cinturón y los cordones de los zapatos. Me pasé la noche en un lugar lleno de humedad. Si hubiese seguido por ese camino hubiera terminado muy mal. Pero descubrí la fotografía y me permitió conocer una afición que me hizo ver el mundo de otra manera, porque yo no conocía nada de la vida, sólo conocía mi barrio y cuatro escaparates que veía todos los días cuando iba y volvía del banco. Siempre que puedo cuento esto a la gente joven.

La fotografía encauzó la vida de Paco Ontañon, y le sacó de un trabajo aburrido en el banco. Con un compañero del banco empezaron a hacer fotografías a los niños de los empleados para navidad. Pronto se dio cuenta (quedándose dormido en el baño en el trabajo, por ejemplo) que tenía que cambiar de aires y apostar por sus afición. Así que cogió las maletas y se fue a Madrid con 28 años. Fue miembro de la Agrupación fotográfica de Barcelona y del famoso grupo AFAL de Almería. A su llegada a la capital de España, fundo el grupo La palangana, junto con gigantes como Gabriel Cualladó, Leonardo Cantero, Francisco Gómez, Ramón Masats y Joaquín Rubio Camín. Este famoso grupo de la Escuela de Madrid cogió su nombre de una fotografía donde los retratos de todos ellos flotaban en un palangana.

Ellos fueron los que acabaron con el salonismo y el pictorialismo tardío que reinaba en la fotografía española de posguerra. Ellos fueron los que abandonaron el estudio y recorrieron los caminos para inmortalizar la realidad de aquellos tiempos, algo que la versión oficial de entonces querían tapar a toda costa. Muchos dicen que sacaron la fealdad y la pobreza. Pero no es verdad, Ontañon plasmaba su propia infancia, sus vivencias y sus miedos, y por supuesto la alegría.

No vino a Madrid con una mano delante y otra detrás. Acababan de abrir la agencia Europa Press y entró en la plantilla, Pronto se formó como reportero gráfico, y viajó por todo el mundo, sin hacer ascos a ningún tipo de encargos, desde bodas reales a trabajos más interesantes como irse a África con Félix Rodríguez de la Fuente, el genial médico, biólogo y divulgador de la naturaleza. También trabajo con Miguel Delibes, Luis Carandell, Juan Cruz, Fernando Fernán Gómez... Aunque uno de sus proyectos más amados fue el libro oficial sobre los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Es un fotógrafo que todos los que amamos nuestra profesión o afición deberíamos conocer. Participó en unas 22 exposiciones colectivas, y tiene una cantidad mayor de libros publicados. Afortunadamente podemos acercarnos hoy hasta la Granja de San Ildefonso, un paraíso cercano a la ciudad de Madrid, y disfrutar de su primera exposición retrospectiva desde su muerte, en la galería ArteSonado, donde podemos ver una selección de fotografías donde los niños, como el que llevaba siempre llevaba en su interior, son protagonistas.

 

 

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