Canon y Nikon nos han ido presentando en esta semana previa a Photokina 2012 un nuevo segmento de cámaras, las cámaras de entrada al formato completo. Comparten algunas de las características de sus hermanas mayores, pero son una versión simplificada y de menor tamaño. Leica hace su particular interpretación de este concepto acompañando el lanzamiento de la Leica M con una versión simplificada de la M9, la Leica M-E.

La nota de prensa abunda en esto definiéndola como «Silenciosa, discreta, compacta y concentrada en lo esencial». Y realmente responde a estas premisas.

El sensor será el mismo CCD de 18,5 megapíxeles que el de la Leica M9, con la misma capa de microlentes para aprovechar mejor la luz en las esquinas y reducir el viñeteo. El obturador si es nuevo, diseñado especialmente para reducir el ruido del disparo.

Tiene una pantalla de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos. Reducida para los estándares actuales, pero recuerden que aquí la fábrica de Solms juega a «concentrarla en lo esencial». No falta el visor telemétrico que es la propia esencia de las Leica M.

Resulta paradójico sin embargo que, puestos a reducir y hacer más discreta la Leica M9, no hayan prescindido del punto rojo -como hicieron con la Leica M9-P-. Lo que si han hecho es pintarla de un color que definen como «gris antracita».

El resultado es fiel al propósito inicial: una cámara pequeña pese a su sensor de 35mm, discreta, silenciosa gracias a su nuevo obturador, y con el rendimiento de una Leica M9 con la que comparte entrañas.

El precio será de 5.500 $, bajo para tratarse de una Leica, pero alejado de las réflex niponas. Viene a crear la gama de entrada al sensor de 35mm, pero al nivel de precios Leica.