Esta semana se ha inaugurado en Madrid, en una de las pocas salas dedicadas en exclusiva a la fotografía, una retrospectiva a una de las grandes desconocidas, para el público general, de la fotografía mundial: Imogen Cunningham. La experiencia de  conocer su obra la podemos vivir en la sala Castellana de Moda Shopping, una de las sedes de la Fundación Mapfre.

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Esta mujer, que murió casi centenaria, es para muchos una de las mujeres más modernas y más avanzadas del siglo XX:

  • No dudo en hacerse autorretratos desnuda en los años 30.
  • Hizo desnudos masculinos, utilizando como modelo a su propio marido, del que se divorció en 1934.
  • Fotografió la sensualidad de las plantas mucho antes que Robert Mappelthorpe.
  • Siempre, incluso en sus últimos años, se fijó y aprendió de todo el mundo, sobre todo de los jóvenes que venían con nuevas ideas.

Nació en 1883 en  Portland, Oregon, en los Estados Unidos, y desde pequeña sintió la llamada de la fotografía. Estudió Químicas porque era la más relacionada con el mundo de los elementos sensibles y sus reacciones químicas en contacto con la luz. No estamos sólo ante una mujer que utiliza la cámara para expresarse, sino que conoce todo el proceso de principio a fin desde un punto de vista técnico. Hoy, seguro, sería una experta en píxeles. Su tesis es un sesudo trabajo sobre el mundo de la platinotipia: Sobre el desarrollo de la platinotipia para tonos marrones, el más noble de todos los procesos fotográficos y que muy poca gente conoce hoy en día. En España tenemos la suerte de tener a una de las mejores que aún trabaja con este proceso, y encima con archivos digitales: Isabel Muñoz.

Hoy, la fotografía es para mí tan maravillosa como si no hubiera visto nunca una foto.

La maternidad la mantuvo alejada de las cámaras durante tres años, pero cuando volvió en 1920, barrió de sus trabajos los débiles esbozos del pictorialismo al que pertenecía. Y empezó a fotografiar flores y plantas, pero nunca con una visión dulcificada, sino con un aire fuerte y sensual que convierte a las flores en lo que son realmente, reclamos sexuales para reproducirse gracias a la exhibición ostentosa de sus colores y sus formas. Como hemos comentado más arriba, Robert Mapplethorpe llevó mucho más lejos esta idea salvaje de la hermosa naturaleza de las flores.

En los años 30, gracias a su manera de entender la fotografía, y a su círculo de amistades, fue miembro fundador de uno de los grupos más influyentes: f64. Edward Weston, Ansel Adams, Paul Strand y ella, entre otros autores, crearon una corriente que propugnaba, en contraposición con el pictorialismo, la creación de imágenes sólo con medios fotográficos y con una calidad técnica fuera de toda duda. La profundidad de campo total (de ahí el nombre de f64, en referencia al diafragma más cerrado), el uso de cámaras de gran formato, la nitidez por encima de todo… son normas de un grupo que duró nada más que tres años, pero que ha marcado a un gran número de fotógrafos, que intentan hacer lo mismo con cámaras de formato medio y digitales.

También destacó como retratista. Fue una de las primeras que optó por dejar total libertad al sujeto para intentar captar cómo es la persona. No quería hacer ese tipo de fotografías grandilocuentes donde la persona parece un héroe de la antigüedad. Por eso queda con ellos en los lugares donde estén más relajados, o en la misma calle. Su secreto es sencillo:

Algunas veces las personas se sienten perturbadas cuando se les toma una fotografía. Yo les pido que piensen en las cosas agradables que conocen. Pienso que eso hace las cosas diferentes, pero otros no lo creen así. Algunas veces la gente simplemente no piensa en nada, y entonces resulta difícil lograr una buena fotografía.

Otra de sus facetas es la fotografía de calle, lo que ella llamó fotos robadas. Este trabajo, que bebe de la fuente inagotable de Cartier Bresson, fue inspirado por su amiga Lisette Model.

Su último trabajo, publicado un año después de su muerte, es un reflejo de esta fuerza de la naturaleza. La vida después de los noventa es un conjunto de retratos de personas que ya viven, como ella, en su década de los noventa. Es quizás uno de los mejores trabajos realizados por una persona de más de 80 años. Viéndolo no entiendes porque hay personas con menos de 60 que dicen que no tienen nada que aprender. Siempre se puede innovar. Lo importante es tener ganas de aprender. Lo demás es adentrarse en los caminos de la depresión pura y dura.

En definitiva, una mujer que entre otras muchas cosas trabajó en el estudio de Edward S. Curtis, el fotógrafo de los indios norteamericanos; que fundó el grupo f64, que expuso en la mítica exposición Film und Foto, que hizo el retrato más famoso de Frida Kahlo, o que tiene dedicado un día en su honor en San Francisco, el 12 de noviembre… merece ser recordada y reconocida por todos los que llevamos una cámara de fotos.