¿La fotografía es arte?

Para seguir con el tema del otro día, seguiremos hablando del tema. Todo proviene de la confusión, de la idea de que la fotografía es prolongación de la pintura. Comparte muchas cosas, pero no hay que olvidar que son lenguajes diferentes.

Sintra

La fotografía es el arte de la luz, la pintura es el arte de la línea y el color. El fin es el mismo, pero el medio es totalmente distinto. Como dijo Cartier-Bresson,

…el dibujo y la fotografía parten de un mismo punto: el acto de mirar; luego el dibujo es una elaboración de la realidad, y la fotografía un momento supremo capturado en un solo instante.

Según George Bataille, la primera manifestación del hombre, la autoafirmación de su existencia, fue el dibujo de su mano, su silueta (como más tarde hará Man Ray en sus fotogramas o rayogramas), en las cuevas prehistóricas. Es aventurado, pero ésa es la primera manifestación artística, pues el arte es ante todo la afirmación del yo. Sin artista, sin artesano, no hay arte. “El arte es cosa mental. ”, dijo Leonardo da Vinci.

Además la fotografía se diferencia de las demás manifestaciones artísticas en un hecho fundamental y distintivo. El hecho de hacer una foto implica haber estado ahí. Manifiesta la existencia del referente, como dirá Roland Barthes. En las demás Bellas Artes, el modelo puede estar presente tan sólo en el subconsciente, o es el reflejo de la experiencia, o es fruto de la mentira. De ahí que sea, en teoría, un modelo de veracidad y objetividad, relativamente. Man Ray lo aclaró todo con las siguientes palabras:

Pinto lo que no puede ser fotografiado, algo surgido de la imaginación, o un sueño, o un impulso subconsciente. Fotografío las cosas que no quiero pintar, cosas que ya existen

La fotografía tiene tanta fuerza, que cuando existe, es prueba irrefutable de verdad. Pero no es una reproducción exacta. Las deformaciones que provocan los objetivos, sus distorsiones, lo diferente que puede resultar una imagen hecha con un gran angular de otra plasmada con un teleobjetivo son elementos a tener en cuenta. Por no decir la mentira que resulta la transformación de un objeto tridimensional en uno bidimensional. La utilización de filtros, la distinta saturación, el reducido rango dinámico de los papeles y los sensores frente al inabarcable de la realidad… Son cientos de matices los que hacen tambalear la afirmación de verosimilitud. La manipulación puede ser tal, que se puede hacer desaparecer a los integrantes de una foto. Basta con recordar las fotografías de Lenin en la época de Stalin o todas las invenciones digitales. La realidad nunca puede ser representada en un instante.

La fotografía no es objetiva pues siempre ofrece la visión del autor, salvo – quizás – la foto postal que toma todo el mundo y que termina siendo considerada como la única visión real, que todos reconocen y en ningún caso desconcierta. Son aceptadas como verdades universales. La torre Eiffel siempre se toma desde los Campos Elíseos, la Puerta de Álcala desde la calle que le da nombre, o a lo sumo desde el parque del Retiro, y quién vaya al parque Güell y no saque al lagarto que preside la entrada es como si no hubiese estado. En todas estas fotos no hay que olvidar que, además de aparecer completo el monumento, siempre estará la pareja posando. Y si se quiere mejorar la imagen se aparta a las personas y voilà , una foto que se ampliará y destacará en el salón de casa. Éste es uno de los grandes problemas de la fotografía: la visión estereotipada, el analfabetismo visual.

Hace tiempo viví una curiosa experiencia como jurado de un rally fotográfico. Uno de los temas era encontrar una casa de muñecas en medio de un campo vallado. La gran mayoría de los participantes encontraron la casa. La mejor foto debía ser premiada. Fue imposible, pues todos tomaron la misma imagen: una composición clásica, frontal y centrada. Todos adoptaron el mismo punto de vista. Admitir que era el único sería apoyar la idea de que todos somos iguales (que sentimos lo mismo), y esto, afortunadamente, no es así. Falta educación visual. Este hecho provoca la negación de la fotografía como arte, pues la simplifica como visión objetiva de la realidad, como mero apoyo del “yo he estado” en vez del axioma del artista de “yo soy”.

La fotografía es el arte más social. Todo el mundo ha cogido una máquina y ha tirado cientos de fotografías, ya sea en las vacaciones o en las fiestas familiares. Esta socialización, enormemente positiva, ha provocado un empobrecimiento general producto, no de la diversificación, sino de la falta de educación. Todo el mundo, por el hecho de cargar con una cámara, se cree fotógrafo, y lo es, pero le falta la conciencia de crear. Cuando alguien coge un lápiz se descubre si es pintor o no. Conviene saber unas reglas, unas normas, para saber olvidarlas en el momento justo del disparo.

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