Internet y los dispositivos a los cuales accedemos a ella están cambiando de una manera increíble y a una velocidad que nunca hubiéramos imaginado. Si hace 20 años a una persona le decían que estaría interconectado con cualquier persona del mundo con un aparato que llevaría en los bolsillos que mediría unos pocos centímetros y que sería utilizado además para chequear correos que dejarían de escribirse en papel para empezar a hacerlo en una pantalla se nos habrían reído en la cara y, probablemente, hubieran tenido la intención de meternos en un manicomio.

Eso lo que dije más arriba es lo más normal del mundo, la mayoría de los usuarios de telefonía celular tienen un smartphone, algunos tabletas y todos se conectan a Internet a diario y me arriesgo a decir que, muchos de ellos, se comunican más a través del ordenador que por otros medios ya en desuso como el teléfono. Y digo esto porque es exactamente lo que me sucede a mí. Es mucho más probable que responda un mail, arregle una salida con amigos a través de Facebook o reciba avisos a través de mensajes directos de Twitter que haga una llamada. Eso sin contar WhatsApp que se convirtió en la manera predilecta para enviar SMSs.

Qué pasará en el futuro con la tecnología no lo sabe absolutamente nadie a ciencia cierta, pero podemos imaginarlo y, siguiendo un poco el camino que está tomando actualmente la evolución tecnológica, ver dónde estará en el futuro no tan lejano.

Ustedes me pueden decir qué opinan en los comentarios y dónde piensan que migrará la cosa, pero particularmente creo que la red y tecnología en general dejará de tener que ver con un dispositivo en particular. Sí tendremos aparatos, pero la red estará en todos lados y nuestro perfil sincronizará en uno solo. Desde cada rincón del planeta acceder a la red será posible.

Tendremos la posibilidad de interactuar de la manera que nos plazca. Podremos utilizar un teclado como ahora, podremos tocar la pantalla o mover la flecha con un ratón o hablarle coloquialmente como ya empezamos a hacer hace tiempo con Siri y, más tarde, con el resto de los desarrollos que fueron lanzándose o incluso dándole ordenes con nuestro cerebro. Nuestros relojes tendrán internet, nuestros teléfonos, nuestros autos, nuestras heladeras, hornos, calefacción, aire acondicionado, televisión y todo lo que se conecte a la corriente eléctrica. Si es bueno o malo, es imposible de saberlo ahora, pero poco a poco ya estamos viendo como estos productos van apareciendo y, muy lentamente, empiezan a formar parte de la cultura cotidiana de los, en principio early adopters, y más tarde los usuarios hogareños.

La personalización se mejorará todavía más. Las compañías están notando que uno de los detalles más importantes en la actualidad es hacer que Internet y los diferentes servicios -lo estamos viendo más que nada en aplicaciones de noticias, sobre todo- se adapten al usuario y no el usuario a ellos. Dentro de algunos años los algoritmos verán nuevos e importantes desarrollos y la tecnología nos mostrará solo lo que nosotros queremos ver. Nada de toparnos con un producto que no nos interese, una página que no vamos a visitar o una noticia que dejaríamos en el titular.

La conexión entre nosotros será todavía más grande y la voz, como está sucediendo en la actualidad, comenzará a sonar algo de un mundo pasado. Con el avance de la tecnología podremos saber lo que está sintiendo el otro o incluso también sentirlo. Suena a película de ciencia ficción, pero también era ficción hablar de nuestra actualidad a alguien de los 60s.

En los últimos tiempos vimos como diferentes gobiernos están tratando de controlar la red. Lo mejor que puede suceder es que, entre todos y como se viene haciendo hace tiempo, logremos hacer que esto no pase y que la red siga siendo libre como lo es ahora. Si todo sigue como ahora el futuro será prominente y las tecnologías podrán evolucionar sin tener que girar su curso porque diferentes empresas lo decidan.