Una de las principales diferencias entre equipamiento profesional y doméstico (a parte del precio,claro) es que el primero suele ser fabricado con unas exigencias de fiabilidad, acabados y resistencia mucho mayores que el utilizado por el común de los mortales. Se podría decir, que la diferencia es la misma entre una lavadora doméstica y una industrial pensada para estar funcionando 365 días al año: la calidad de materiales y fabricación han de ser mucho más elevados.

Pues teniendo eso en cuenta y como hoy en día mucha gente (entre los que me incluyo) no se fian demasiado de las proclamas de marketing de los distintos fabricantes, a los chicos de DigitalRev no se les ocurrió otra idea que la de comprobar por ellos mismos, si todas esas maravillas que afirman desde los departamentos de marketing son realidad o ficción. Y no, no hicieron el típico test de tirar la cámara desde un metro de altura. Todo le contrario, la sometieron a la mayor cantidad posible de salvajadas que imaginar uno pueda:

  • La congelaron
  • La sumergieron en agua
  • La metieron en un horno
  • La atropello un camión
  • La lanzaron escaleras abajo
  • La quemaron

Y la muy simpática, aunque sufrió desperfectos de orden estético, seguía funcionando y tirando fotos como una campeona. Lo único que se “rompió” (lo entrecomillo, pero porque seguía funcionando parcialmente) era el LCD, que precisamente es justo uno de los elementos más baratos del equipo. Os dejo con el vídeo de la prueba, que no tiene desperdicio: