La rutina ante la salida de un nuevo producto Apple parece guionada: una ola de rumores anteceden el tsunami de información que vendrá; el anuncio oficial en una keynote y la fecha de salida; los vietnamitas que lo desempaquetan por primera vez; los críticos privilegiados que cuentan con el dispositivo un par de días antes de que llegue al store; las largas filas en las tiendas; y primero en alguna de ellas… ¡Steve Wozniak! (Ahora sólo falta el tío que mete el iPad en la licuadora)

El más simpático de los fundadores de empresas tecnológicas de todos los tiempos volvió a hacerlo. Junto a su mujer, se ubicaron primero en la fila del store de Westfield Mall en Century City, Los Angeles, deseoso de ser uno de los primeros en poner los dedos sobre la pantalla Retina de 10 pulgadas.

¿Acaso la empresa que cotiza cada acción a más de 600 dólares no podría tener la delicadeza de enviarle un new iPad a la casa del creador del Apple II? Woz no quiere saber nada de eso, según el mismo ha comentado en varias oportunidades, e incluso en el video que podemos ver aquí, quiere vivir la experiencia “como uno más”. Y aunque podemos llegar a sospechar que hay una maniobra publicitaria detrás (personalmente no lo creo), no deja de llamar la atención el apego de Woz al espíritu de la marca de la Manzana, cuando hace años que ya no tiene incidencia en el rumbo de esta compañía.

No hay por qué no creer que realmente SW desea tener cada dispositivo de Apple con la urgencia del más fan de los fanboys. La carrera del otro Steve de Apple ha sido marcada por acciones bonachonas, por buenos sentimientos con sus compañeros, y por mantener un perfil bajo en el mundo empresarial. Pero por sobre todo, por una gran pasión por los “cacharros”, desde aquellos viejos arcades de Atari hasta el más vanguardistas de los iPad.

“Esto se ha convertido en un ritual. Porque lo he hecho varias veces”, dijo Wozniak. “Quiero hacer como la gente real, que hace cola y espera toda la noche. Apple es muy importante para mí”. Y él para Apple.