De vez en cuando nos topamos con una noticia que bordea la censura a la libertad de expresión. Un caso particular fue el del Museo de Transporte de Londres, que en diciembre del año pasado prohibió el uso de las DSLR en la estación de metro de Aldwych, en esa ciudad. A partir del 3 de diciembre, se comenzó a exhibir un cartel que decía: «debido a la combinación de un sensor de alta calidad y gran resolución, las cámaras DSLR digitales están lamentablemente prohibidas dentro de la estación«. De acuerdo con los representantes del Museo, las DSLR eran un «riesgo» de seguridad y salud para todos los visitantes, y representaban un molesto retraso en las visitas guiadas.

Parece un sinsentido, y en realidad, lo es. Así lo consideró la gente de British Journal of Photography, que envió un freedom of information request, o un pedido de información, al Transporte de Londres. Se les informó que los datos referentes a esta prohibición fueron publicados en los términos y condiciones de la visita en el sitio web del museo, enviados a todos los visitantes, por adelantado al evento, y que fue publicado además como un cartel en la estación durante todo el día. ¿Un riesgo de seguridad? Se ve dudoso.

El temor del museo, en realidad, no fueron las DSLR sino los accesorios de fotografía profesional, como trípodes, que harían que los visitantes no pudiesen tomar el ascensor para descender a la estación, y por ende, usar las escaleras, lo que retrasaría bastante a la visita. Además, asumieron que todos los equipos de fotografía, inclusive las cámaras, retrasarían mucho al resto de los visitantes. Y, la frutilla del postre, que los fotógrafos profesionales querrían tomar más fotografías en la estación, de nuevo retrasando a todo el contingente.

Finalmente, los organizadores del Museo se han disculpado por la situación y afirmado que el cartel «no cumplió con su intención original». Pero no han quitado la prohibición de las DSLR. De hecho, están contemplando tener un «día de fotografía» en el cual se puedan hacer visitas guiadas de grupos pequeños de fotógrafos, para que puedan usar sus cámaras, trípodes y otras cosas pesadísimas que existen en la mente del Museo. Todo esto se podría haber solucionado con un cartel mucho más concreto y simple.