Somos muchos los que hemos mirado alguna vez la macrofotografía con recelo, que empezamos haciendo nuestros pinitos con el modo macro de cualquier cámara que caía en nuestras manos (¡ooooh, qué bonito!- exclamábamos emocionados con el resultado) pero por algún extraño motivo hay personas a las que le da verdadero vértigo lanzarse a la piscina de la macrofotografía.  Hoy os traigo un par de consejos para que perdáis el miedo y os animéis con esta técnica tan agradecida.

¿Por qué elegir la macrofotografía?

Porque es fácil, no hacen falta grandes desplazamientos, porque nos permite descubrir los rincones más remotos de nuestra casa, nuestro jardín o espacio natural más cercano. La macrofotografía es fijarse en los detalles que pueden pasar desapercibidos al resto de personas. Y, sobre todo, es un tipo de fotografía muy agradecido.

El equipo:

Si queremos dedicarnos en serio a este tipo de fotografía debemos hacernos con una lente específica. ¿Por  qué? Porque estas lentes dan como resultado un enfoque inmejorable en las esquinas y los bordes de la imagen y consiguen una relación entre nitidez y cercanía del sujeto estupenda que otros objetivos no pueden alcanzar.

Si por fin (aplausos) decidimos hacernos con una lente macro lo primero que debemos saber es qué tipo de sujetos nos gustaría fotografiar, hay una gran variedad de longitudes focales para cada uno, aunque las más comunes son de 60, 90, 105 y 180mm.

Para qué sirve cada objetivo

60mm: Son las lentes más económicas en el campo de la macrofotografía, también son las más ligeras y, además, dan un aspecto muy real al fondo.  Pero no todo es perfecto: debemos acercarnos mucho al sujeto, así que serán más útiles si aquello que queremos fotografiar no está en movimiento. Se convierte en una lente idónea para coleccionistas de miniaturas (coches, sellos, dedales…).

90-105mm: El término medio, permiten una mayor distancia con el sujeto así que podremos fotografiar insectos o pequeños anfibios sin que se asunten y escapen antes de tomar la foto. Son algo más grandes y pesadas, también más caras, pero si aún dudas de qué tipo de fotografía macro te gustaría realizar, sin duda ésta es tu lente.

150-180mm: Las más caras, con un tamaño y peso superiores, pero son imprescindibles para trabajar en situaciones en las que necesitamos distanciarnos un poco más del sujeto. La calidad es bastante superior a sus hermanas de menor rango, ya que consigue efectos muy impactantes por el contraste entre los segundos planos desenfocados y la nitidez del primero.

¿Necesitaré un flash externo?

Como siempre, depende. Aunque los objetivo macro suelen ser luminosos, si queremos conseguir un nítido enfoque de nuestro sujeto puede que no podamos aprovechar su máxima apertura, por ello es recomendable, sobre todo si la toma se realiza en interiores, utilizar un flash adicional.

Si utilizamos un soporte para el flash  reduciremos el peso y encuadremos mejor la imagen. Del mismo modo, el uso de un difusor dará una luz más suave a nuestras imágenes. Los flashes anulares -que puedes hacer tú mismo- también pueden ser de mucha utilidad, porque la luz que dan es difusa y no deja sombras.

¿Ya está todo?

Sí. ¿A qué estás esperando para empezar a buscar tu objetivo? Por supuesto, opciones más económicas son los conversores, pero no dan tan buenos resultados.

Yo he tenido la oportunidad de probar un 105mm de F/2.8 y los resultados son impactantes desde la primera fotografía. Personalmente, creo que el rango medio es la mejor opción para indecisos que se puedan permitir un precio un pelín más alto.

Fotos: gregfoster/ isfppoet