Hay gemidos de nuestra mente de los que no llegamos a ser conscientes del todo hasta que los leemos o escuchamos de otra persona, que pone voz a esas ideas abstractas que estábamos intentando estructurar en nuestra cabeza. Esto es lo que me ha pasado cuando he encontrado, navegando por Internet, un artículo que habla del Skeumorfismo y del uso abusivo que Apple está haciendo de él en los últimos años.

Antes de entrar a definir este estilo, sentemos las bases de lo que me estaba intrigando en cuanto a iOS en los últimos meses: la interfaz de las aplicaciones nativas creadas en Cupertino. Aunque es cierto que desde que el iPhone apareció en el mercado ha sabido exponer la filosofía de interfaz de Apple, últimamente estamos viendo la aparición de numerosas aplicaciones con diseños extraños no uniformes, muy “a la antigua” que recuerdan a conceptos y actividades ya olvidadas. Pongamos un ejemplo muy claro, Buscar a mis amigos en iOS 5. Este desarrollo está realizado con una textura que imita al cuero con pespunte que parece no tener cabida en un mundo digital, pero no es el único caso, pues por qué no hablar de Recordatorios y su esencia a bloc de notas o Contactos en el iPad con ese aroma a libro viejo. ¿Pero qué está pasando? ¿Por qué recurre Apple a este sistema de diseño que recuerda a productos que ya apenas usamos?

Esto es lo que se llama Skeumorfismo, crear un objeto con la apariencia o funcionamiento de una versión antigua del mismo, aunque esta apariencia ya no sea necesaria en la nueva versión. El exponente más claro en la informática quizás sea el famoso disquete que se usa en los menús de Windows para guardar un documento en el que estamos trabajando, ya nadie tiene disquetes en su casa, pero su imagen ha quedado grabada para siempre en nuestras retinas como el método para hacer permanente una información digital.

En el caso de Apple podríamos no llegar a entender bien las razones para este estilo que se implanta paulatinamente. Y no solo se observa en iOS sino que parece que esta obsesión se ha contagiado también a OS X, porque la tenemos en iCal o en la Agenda, texturas, hojas de libro, papel que se rasga. No digo que no haya existido siempre, porque en OS X siempre ha habido esta tendencia, pero en los últimos tiempos es mucho más marcada. Quizás un diseñador ya se ha percatado de este cambio de rumbo hace tiempo, desde la primera vez que lo vio, pero el resto de usuarios no somos tan rápidos para darnos cuenta de una modificación general tan sutil.

Pero nada ocurre sin motivos, y mucho menos en una empresa que cuida cada detalle de la manera en que lo hacen los chicos de California. De hecho, la compañía incluso anima a los desarrolladores de aplicaciones para iPad y iPhone a que, cuando sea apropiado, añadan una dimensión realista y física a su aplicación (véase sus nativas Brújula y Notas de voz para ver dos ejemplos claros). La biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson y recientemente publicada menciona de pasada las razones al considerar el desencuentro existente entre Jef Raskin y Steve Jobs con respecto a las interfaces de usuario. En resumen Raskin apostaba siempre por una interfaz seria mientras que Jobs por una interfaz skeumórfica. La razón esgrimida por este último era que mientras que lo serio no se vende demasiado bien y por ello se ofrece aprecios más bajos, lo que vende es el sentimentalismo, la nostalgia, la solemnidad, el estilo kitsch.

Y en esto, al bueno de Jobs no le faltaba razón porque lo vemos día a día a través de los productos que compramos en las tiendas. La cuestión es que en los últimos meses y años esta idea se ha impulsado aún más en Apple y la razón no es otra que el cambio que se está produciendo en la base de usuarios de Apple. Mientras que anteriormente eran los diseñadores, los profesionales, las personas con gusto extremo por el arte, los que compraban creaciones de la manzana, la base de usuarios es ahora más general con el iPad y el iPhone. Apple quiere que toda familia tenga un tablet suyo y para ello hay que acercar las interfaces a la gente, hacerlas comprensibles y ¿qué mejor para hacer algo más comprensible que relacionarlo con cosas que la gente conoce? Esto hará que ningún usuario tenga miedo a usar esta tecnología. Tal como comenta Oliver Reichenstein en Google+, es lo que marca la diferencia en una primera aproximación al sistema operativo y sus aplicaciones, no es lo mismo decir “vaya, esto lo conozco ya” a exclamar “parece que voy a tener que aprender a usar esto”.

¿Y me gusta este estilo tan marcado que está adquiriendo la manzana? No, prefería los toques skeumorfísticos sutiles de antaño. Las ataduras dejadas por los productos antiguos son solo un obstáculo en el avance de las interfaces de usuario. Es cierto que pueden ser más atractivas al usuario medio, pero a los que estamos en contacto directo con la tecnología cada día, nos parecen un atraso que hay que evitar para que los procesos de interacción avancen. Por lo menos, ahora ya sé qué es lo que me preocupaba tanto al ver esas aplicaciones móviles nativas en mi iPhone, el skeumorfismo, una forma de aborrecer a la interfaz en iOS.