Creo que ya los cansé con este concepto, pero vivimos en la era digital. El film esta ahí, medio vivo, medio muerto y siempre va a tener ese encanto especial, pero la gran mayoría de los fotógrafos actuales, amateurs, profesionales y casuales son del territorio digital. Gracias a esto tenemos enormes posibilidades que tal vez con la versión fílmica también eran posibles, pero mucho más complicadas de realizar. Manipular una fotografía digital supone unos cuantos clics y una buena dosis de buen gusto, arrojando como resultado una fotografía de buena calidad. Más allá de los millones de cambios que se le puede realizar a una imagen, hablaré de uno bien básico: rotarlas.

Así de simple como suena, en realidad no lo es. Rotar una imagen supone ciertas cuestiones oscuras de la fotografía digital que pasaré a explicarles con una analogía. Imaginen un tablero de ajedrez blanco de 10 cuadros por 10 cuadros. Cada cuadro representará un pixel de una imagen. Dentro de este tablero, en el centro, lo tienen lleno con un cuadrado de 6 x 6. Es decir, tienen 6 filas de cuadros negros, formando un cuadrado negro. Hasta aquí todo bien y si por alguna razón se les ocurre rotarlo a 90, 180 o 270 grados, no habrá ningún problema. Tan solo habrá que mover esos pixeles de aquí para allá, pero siempre será un cuadrado negro macizo.

Ahora, por alguna razón, deciden rotarlo a 45 grados, convirtiéndolo así en un rombo. Aquí nos encontramos con un problema. Un rombo, si me siguen, estaría compuesto por una linea con un solo cuadrado negro, la siguiente con dos, la siguiente con tres, la siguiente con cuatro y continuando así para terminar yendo al revés. El problema entonces es como logras posicionar ese cuadrado inicial, ya que en realidad, estaría entre medio de dos de los cuadros del tablero. La solución de todo programa de edición de imágenes, entonces, es la siguiente:

Lectores, les presento la interpolación. Lo que hace Photoshop, Lightroom y cualquier otro programa de imágenes es inventar información, compensar y calcular pixeles al momento de rotar, debido a que en la era digital, todo esta forzado a trabajar en una grilla cuadrada, donde los pixeles diagonales sencillamente no existen. Nuestro cuadrado negro pasó a ser un degradé de grises oscuros y tenues, conservando su negrura original solo en el centro. Al darle un mínimo de rotación a cualquier imagen, sucede lo mismo que con el rombo: un pixel que era azul por ejemplo, pasa a ser dos pixeles de una tonalidad celeste. A la distancia podrás ver que se trata de un pixel azul, debido a que cuanto mas nos alejemos de la pantalla (o más pequeña sea la impresión), menos aparente será esta falla.

Entonces, ¿que tan terrible es rotar las fotos? Pues depende que tan pixel peeper seas. Un pixel peeper es aquel que en vez de apreciar una imagen como un todo, hace zoom al 100% y empieza a mirar pixel por pixel la imagen, intentando ver mas allá de lo que la imagen realmente puede mostrar. A intervalos de 90 grados la imagen no sufre cambios o interpolaciones, pero una vez que te alejas un grado mas o un grado menos empiezan a suceder los cálculos y los algoritmos compensadores. ¿Son tan malos como para que a simple vista puedas darte cuenta si la imagen fue rotada o no? Mi opinión es que no. Los programas que utilizamos son lo suficientemente inteligentes como aplicar el mejor tipo de algoritmo de rotacion y evitar que lo evidente se vuelva aparente. Has tu mismo la prueba: rota una imagen ligeramente y compárala con su versión original. A un tamaño decente, ¿realmente existe una diferencia de calidad? Seguramente que no.

Así que la próxima vez que te encuentres con aquellos amigos de la lupa y los puristas de la fotografía, invítalos a que se alejen un poco del monitor y disfruten un poco más de la imagen como un todo.

Foto: gGraphy