El valor del equipo de un fotógrafo se mide básicamente en sus lentes y no en sus cámaras. Una cámara, al menos en la era digital, tiene una expectativa de vida de 2 años, momento en el que es superada por uno o dos modelos siguientes que no solo aportan tecnologías y funcionalidades nuevas, sino una calidad de imagen y una prestación mayor.

Esto significa que desde el comienzo de su carrera, el fotógrafo conservara sus lentes e ira cambiando su cámara. Su cámara, al menos en la mayoría de los casos, no tendrá mas de unos años de antigüedad mientras que sus lentes tranquilamente puede tener una década. Las lentes que usaba tu padre o tu abuelo, con un pequeño adaptador pueden funcionar tranquilamente y dar una calidad de imagen excelente en las cámaras modernas, a diferencia de las cámaras de la década del 90 que probablemente no funcionen o sus características técnicas hoy causen gracia.

Ya que conservarás tus lentes por un buen tiempo, es importante considerar la forma de almacenamiento mientras no las estés usando o en el momento de ponerlas a descansar un buen tiempo. El mayor enemigo de las lentes es la humedad, ya que esta genera hongos que se depositan en los cristales internos de la cámara. Los hongos pequeños no son molestos, porque se desenfocan tanto que son imperceptibles en la imagen, pero a veces pueden tomar una forma lo suficientemente grande como para dibujar círculos oscuros o afectar la forma del bokeh.

Siempre que vayas a guardar una lente por un periodo de tiempo considerable, no dudes en colocarle cerca una pequeña bolsa de gel de sílice. Este gel (que no es un gel, ya que a temperatura ambiente es un solido) tiene una alta porosidad, por lo que lo convierte en un excelente absorbente de agua. Una bolsa junto a tus lentes evitará toda formación de condensación y humedad y prevendrá la formación de hongos. Puedes comprarlo en una tienda local de electrónica; su precio es ínfimo comparado con el beneficio que otorga.

Comic: Toothpaste For Dinner | Foto: Garrett Coakley