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Hace casi un par de meses saltó la noticia de la idea de la Comisión Europea, esa que apoyaba la neutralidad de la red, de crear una especie de «firewall común» para todos los estados miembros que restringiese el acceso a contenidos «no apropiados» que estuviesen alojados fuera del espacio común europeo. Realmente, la reunión de los miembros del Law Enforcement Work Party se celebró en febrero, sin publicidad alguna, y hasta ahora, no han empezado a conocerse algunos de los detalles de estos planes.

Los activistas en derechos civiles, lógicamente, están que trinan con las medidas que, básicamente, se articulan en torno a un firewall común que se basa en listas negras que bloquearán el acceso a los contenidos que se consideren «no legítimos». La definición de lo que es y no es legítimo no ha trascendido, por lo que las primeras voces procedentes de los activistas y expertos en seguridad ya se están oyendo y comparando a la Unión Europea con las prácticas de China que tanto suele censurar. Según Joe McNamee, del grupo europeo de derechos digitales EDRi:

Esta propuesta servirá como justificación para que cualquier régimen antidemocrático del mundo tome medidas represivas. Incluso la simple discusión del proyecto legitima la toma de medidas de este tipo, profundamente ilegítimas. Lo más absurdo de todo es que no existe beneficio que se pueda alcanzar con esta medida que compense sus costes en términos de democracia, libertad de expresión e incluso económicos

Por otro lado, las mismas voces apuntan que, en el fondo, este tipo de medidas, al final, no sirven para nada porque siempre se puede encontrar la manera (con una VPN o usando Tor) que permita evitar este control y estas restricciones, además que existen casos, como el de Australia, que este tipo de medidas acaban impidiendo el acceso, de manera errónea, a páginas que no deberían haber sido catalogadas como «ilícitas».

El caso es que, entre unos y otros, están construyendo un muro alrededor de la red que está haciendo que una red que es global y que permite el acceso a contenidos de cualquier rincón del mundo, tenga unas fronteras que permitan el paso a determinadas zonas «autorizadas» dentro de un control gubernamental.

Imagen: Telegraph