Cada vez que se genera un debate sobre el copyright y las descargas de música o películas, surgen posiciones prácticamente irreconciliables entre los consumidores y la industria, como vimos durante toda la controversia respecto de la Ley Sinde. El problema es que nunca se da el puntapié inicial para diseñar una solución conjunta, aún existiendo interesantes modelos alternativos que marcan el camino a seguir. Pero esto podría cambiar de una vez por todas.

Un grupo de internautas, en su mayoría suizos, creó el Digital Media Consumption Manifesto, el cual promocionan con un nombre más que claro: Don’t make me steal. Todas las personas que firman, se comprometen a no descargar películas y series televisivas sin autorización, siempre y cuando exista un servicio legal con estas características:

  • Precios: un modelo simple y transparente. Con valores calculados en base al precio de una entrada para el cine, los alquileres deberían costar un tercio, las compras un ticket completo y los abonos mensuales, hasta un máximo de tres visitas a las salas. Para el caso de series, debería cobrarse un tercio de lo que cuesta una película.

  • Idiomas: proponen la disponibilidad del audio en todos los idiomas posibles (tanto para alquileres como compras) y permitir que los fans creen y compartan subtítulos.

  • Conveniencia: sugieren que el contenido esté disponible inmediatamente, sin publicidades o advertencias sobre derechos de autor. Además la idea es que se puedan hacer búsquedas en base a parámetros diversos, como año, director, idioma, país, código de IMDB, etc.

  • Lanzamientos: unificar el día de estreno a nivel global, sin limitaciones geográficas. También se propone que exista la posibilidad de descargar casi cualquier obra producida (algo bastante complejo, por cierto)

  • Derechos: evitar las restricciones por dispositivo o proveedor del servicio y la aplicación del DRM en el caso de las compras. Siempre debería explicarse claramente qué puede hacer el consumidor y qué no con lo que adquiere.

La propuesta no es descabellada y algunos de los puntos ya se aplican hoy en día en servicios como iTunes o Netflix. El objetivo es que la industria abandone los soportes físicos y utilice Internet para distribuir sus producciones, a través de un modelo atractivo para los usuarios.

Naturalmente, para que esto se cristalice en la creación de una tienda, seguro que habrá detalles por pulir. Pero es un buen llamado de atención para mostrar que los navegantes no son ladrones de contenidos, sino que están dispuestos a acercar posiciones para diseñar algo que favorezca a ambas partes.

En lugar de generar guerras sucias y un juego constante de persecuciones, sería interesante que alguna vez se exploren definitivamente las posibles alternativas. En mi caso, si me ofrecen algo sencillo y con precios razonables, no tendría problemas en utilizarlo. ¿Y ustedes?