Ayer conocimos dos noticias que le hacían un flaco favor a la neutralidad en la red y las libertades de los usuarios. Comenzábamos en Italia, donde el regulador del Gobierno en materia de telecomunicaciones ofrecía un texto públicamente, dos resoluciones que oficializaban a los servicios como YouTube, de vídeos online, como televisiones en el país. Mismas reglas, mismas restricciones. Un absurdo que aún hoy dudamos que pueda llegar muy lejos. La paranoia cogía luego rumbo al Reino Unido, donde nos enterábamos de que la operadora británica BT creaba un polémico servicio, una Internet a dos niveles o dicho de otra forma, una patada a la neutralidad.

¿Qué esta ocurriendo? ¿existe en este principio de 2011 realmente una paranoia, una necesidad de los Gobiernos a regular la red lo más rápido posible? En mi opinión, todo lo acontecido el año pasado, sumado a los acontecimientos de WIkiLeaks lanzando los cables a finales de año, ha enrarecido las pautas lentas y transitorias por las que se movían los cambios en la red, Los poderes no quieren que se le escape de las manos el control de la información de lo que aquí acontece. El último desvarío llega desde la misma Casa Blanca, un manual, un memorándum de 11 páginas firmado por Inteligencia y enviado a los altos cargos de organismos con material clasificado donde se explica detalladamente cómo evitar una fuga de cables a la organización liderada por Assange.

Las recomendaciones, publicadas detalladamente por la NBC (podéis bajar el PDF), explican cómo evitar las amenazas internas. Un programa para descubrir a los trabajadores descontentos que puedan enviar los secretos a la red y caigan en manos en WikiLeaks. En el memorándum, que abre con la pregunta: ¿Tiene un programa de amenazas internas o las bases de dicho programa?, se encuentran pautas tan curiosas como estas:

  • Se insta a detectar los cambios de conducta entre empleados que puedan tener acceso a documentos secretos.

  • Se sugiere el uso de psiquiatras y sociólogos para medir la «felicidad relativa» de los trabajadores o en contra, sus «desalientos y mal humor» como forma de evaluar su fiabilidad.

  • ¿Está usando pruebas de detector de mentiras o tratando de identificar viajes «excepcionales» al extranjero de los trabajadores?

  • ¿Qué tipo de seguridad mantiene en su acceso a la red?

Resulta francamente difícil evitar hablar de paranoia viendo solamente estos tres puntos. No me imagino una compañía capaz de llevar a cabo tal estado de alerta entre sus propios empleados, un nivel de seguridad cercano al de los reos, donde prácticamente al entrar, el trabajador notará el aliento de un «gran hermano» que le vigila. Como decía al principio, el estado de alerta de los poderes en estos momentos es máximo. Si bien Internet es el nuevo modelo y diría que aún el único que no se ha sabido «regular» entre las altas instancias, durante este año parecen más dispuestos que nunca a acotar las fronteras.