Corren buenos tiempos tanto para Intel como para Nvidia. La primera hace muy pocas semanas que dio a conocer la segunda generación de sus procesadores Core, incluyendo los esperados Sandy Bridge. Por su parte, Nvidia continúa evolucionando sus modelos de GeForce. Además, aprovechando el momento dulce que viven los procesadores basados en arquitecturas de ARM, han anunciado el desarrollo de su propio orientado a entornos de escritorio y supercomputadores, bajo el nombre en clave de Project Denver. Y para rematar la faena, aprovechando la renovación del acuerdo que mantenían ambas compañías, han decidido firmar la paz definitiva.

Por el derecho de acceso a todas las patentes de Nvidia, Intel pagará 1.500 millones de dólares, en 5 plazos anuales. Por su parte, Nvidia tendrá acceso a las patentes de Intel, exceptuando aquellas referidas a memorias flash y a los procesadores propietarios y algunos chipsets de Intel. Además, ambas compañías se han comprometido a retirar las demandas que tenían interpuestas mutuamente, por lo que no se verán una frente a la otra en los juzgados, almenos durante los 6 años que dura el nuevo acuerdo.

El CEO de Nvidia, Jen-Hsun Huang, no ha tardado en sacar pecho por el acuerdo alcanzado, destacando la importancia de sus tecnologías en gráficos y en computación paralela:

Nuestro intercambio de licencias con Intel refleja el considerable valor de nuestras tecnologías de computación gráfica y paralela. Además, pone de relieve la importancia de nuestras invenciones en el futuro de la computación personal, al igual que la expansión de los mercados de dispositivos móviles y computación en la nube.

Es un acuerdo importante, sin duda, pero me da la impresión de que el CEO de Nvidia valora poco la importancia de sus tecnologías. 1.500 millones de dólares es una suma de dinero nada despreciable, pero me parece un poco baja frente al potencial de tecnologías como la plataforma Tegra 2 o el papel que pueden realizar en el mencionado sector de la computación paralela. De Tegra 2 se espera mucho tanto en tabletas como smartphones, y Nvidia ha demostrado poder contribuir de forma importante en el desarrollo de supercomputadores (pensad, por ejemplo, en el Tianhe-1A, el supercomputador más potente del mundo).

¿Hay algo más detrás? No tengo esa respuesta, pero voy a arriesgarme a formular mi teoría. El proyecto para el desarrollo de un procesador de propósito general basado en arquitectura ARM (el famoso Project Denver) va a ser algo muy costoso, y no habrá sido nada fácil convencer a los inversores de que el proyecto tiene alguna posibilidad de éxito. ¿Solución? Buscar otra vía de financiación indirecta. Con el dinero que paga Intel y lo que se ahorrarán en juicios, por lo menos podrán respirar y mirar al futuro con cierta tranquilidad.

Por supuesto, es sólo una teoría, pero tampoco creo que sea descabellada. ¿No os parece?