El mal endémico que estamos empezando a constatar día sí y día también tiene que ver con el mal uso de las redes sociales. Gobiernos, ejércitos o cualquier organización de poder puede hacer un uso concreto de la sociedad utilizando como método de estudio o investigación a Facebook o Twitter. Nos pueden catalogar, conocer gustos o incluso espiarnos. Ya son muchas, si no todas, las empresas que ojean a un candidato a través de su actividad en la red, por lo que no deberíamos asustarnos de lo que pueden llegar a ser capaces algunos gobiernos.

Todo esto viene a relación porque el diario Telegraph ha lanzado esta mañana una noticia que asusta y mucho. La detención de alrededor de 1.000 mujeres que intentaron evitar el servicio militar apelando a la religión (sólo judíos ortodoxos), único punto que permite eludir la entrada al ejército israelí. ¿Cómo? A través de Facebook y siguiendo el día a día de cada una de las mujeres en la red social para demostrar el engaño.

En este punto me pregunto donde quedan las libertades de las personas o el derecho a la privacidad. No me meto con las leyes del ejército allá, son las que son (obligatorio a partir de los 18 años, 2 años la mujer y 3 el hombre). Pero el método es más que cuestionable y a la vez reabre una vez más el debate en torno a la privacidad en Facebook y la facilidad (o no) para cambiar aquello que compartes y haces público y lo que no.

Veamos. El ejército israelí contrató a varios detectives privados para realizar un seguimiento a través de Facebook a aquellas mujeres que habían rechazado entrar en el cuerpo por motivos religiosos. Los métodos, a todos luces coartando cualquier tipo de libertad, llevaron a los investigadores a lanzar un cebo en la 2.0 a todas las mujeres. Les enviaban una invitación para formar parte de una fiesta el viernes por la noche en un restaurante que no era «casher» (no respeta las normas del judaísmo), así fueron capturadas muchas de ellas. A otras las detuvieron simplemente por las fotografías que colgaron (por las ropas que llevaban o lo que comían). En lugares como Israel debida a su idiosincracia es fácil detectar el lugar al que perteneces o la religión por tu forma de vestir y aquello que comes.

Arye Shalicar, capitán del ejército, explicaba sobre las detenciones:

Eran 1.000 mujeres que pretendían saltarse el servicio militar. A través de la red social hemos conseguido desenmascararlas. Si ves a alguien actualizar su cuenta en Shabat, usando ordenadores, utilizando teléfonos, televisores… sabes que está prohibido. Facebook es una herramienta que nos permite ver aquello que los jóvenes hacen

En Israel, sin ir más lejos, obtuvieron este verano datos acerca de los gustos de los jóvenes gracias a un estudio de marketing en un campamento organizado en conjunto con Coca-Cola y el gobierno de Israel. Colocándoles MicroChips de identificación en unas pulseras a cada uno, y a través de la tecnología de radio-frecuencia que estaba vinculada a las cuentas de Facebook, los jóvenes enviaban sus comportamientos y afinidades a la red social. Con esto suponemos que Cocacola, Facebook y el ejército obtenían datos, y que los analizaban para sus propios «beneficios». Que cada uno saque sus propias conclusiones, pero todo esto asusta un poco.

¿Qué os parece? Sinceramente, todo esto me resulta desagradable. En mi opinión, las redes sociales no deberían ser el barómetro para espiar al ciudadano y medir las conciencias «al gusto» del poder. Facebook en lo que va de año ha pasado por muchos modelos de dudosa resolución. Supongo que si algo nos viene a decir todo esto, es que quizá no conviene abrir de par en par nuestro mundo al propio mundo. La inocencia de las redes sociales se perderá en muy poco tiempo y con ella la forma en la que nos relacionamos estos días.