Vivimos en una época algo compleja, inmersos en una crisis económica a nivel global y acechados por el cambio climático, hechos que no nos son desconocidos y que, en muchos casos, no son indiferentes a las empresas. Hay muchas empresas que están alinenado objetivos de ahorro de costes con políticas medioambientales y de eficiencia energética, de forma que acciones de recorte y ajuste de costes faciliten una disminución de consumo eléctrico (iluminación, climatización, etc) y, por tanto, reduzcan las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Desde el punto de vista tecnológico también están apareciendo buenas prácticas, recomendaciones y casos de éxito que pueden ayudarnos a reducir el consumo energético y, por consiguiente, contribuir a la lucha contra el cambio climático; es lo que conocemos como Informática verde o Green IT.

Pero antes de seguir, algunos datos interesantes (y que hacen reflexionar); según Gartner Consulting, las emisiones de dióxido de carbono asociadas a los procesos de IT a nivel global, serían equivalentes a las emisiones que produce toda la industria aeronaútica, es decir, un 2% de las emisiones totales de dióxido de carbono que se generan a nivel mundial. De hecho, casi un tercio de la energía que consume un PC de una oficina, se desperdicia en tiempos muertos o en períodos de tiempo que el ordenador no se usa, dato que asusta mucho más si estudiamos el tiempo de inactividad de los equipos IT de las empresas a nivel global, puesto que supone unas emsiones anuales de 45 millones de toneladas de dióxido de carbono y 60.000 MW de consumo eléctrico desperdiciado.

El Green IT, o informática verde, enmarca aquellas prácticas que implican un uso eficiente de los recursos IT minimizando el impacto ambiental, reduciendo el consumo energético, maximizando la ocupación de los recursos y aumentando al máximo la amortización económica de los equipos. Dentro de las prácticas más comunes, enmarcadas dentro del Green IT, encontramos:

¿Y cómo aplicar el Green IT en las empresas?, realmente no es tan complicado como parece, en el fondo tan sólo hay que analizar cómo funciona una empresa para detectar prácticas o hábitos que pueden ser mejorados, planes de acción para maximizar el uso del equipamiento y estudiar la configuración de los equipos de escritorio para hacerlos más eficientes desde el punto de vista energético.

En los centros de datos, que suelen ser grandes consumidores de energía (servidores encendidos en régimen de 24×7, SAIs, o la climatización, que suele concentrar el 50% del consumo energético), llevamos unos años viviendo la llegada y asentamiento de la virtualización, que además de permitirnos facilidad en el despliegue de aplicaciones o un mejor aprovechamiento de los recursos, evita la adquisición de nuevos activos fomentando la compartición de infraestructuras. Existen casos en los que un solo servidor físico aloja hasta treinta servidores virtuales, máquinas que en otra época hubiesen estado físicamente en el centro de datos generando un consumo eléctrico, necesitando refrigeración y disipando calor al pasillo «caliente». Según datos de IBM, la reducción del consumo eléctrico que podemos obtener por máquina virtual que despleguemos, en sustitución de un servidor físico, puede llegar a los 7kWh. Si a este ahorro le sumamos los beneficios de la consolidación y concentración de los centros de datos y los del cloud computing, la capacidad de ahorro y, por tanto, de reducción de emisiones, que podemos lograr es enorme.

Y desde nuestra mesa, ¿qué podemos hacer?. Desde el escritorio podemos llevar a cabo algunas acciones que contribuyan también al ahorro energético. Una correcta configuración de la administración energética de nuestro equipo (apagado del monitor cuando el equipo no esté en uso, paso a suspensión, etc) contribuirá al ahorro energético. Habría que evitar dejar los equipos encendidos fuera de horario laboral (algo muy habitual en los que no quieren esperar que su equipo arranque o los que dejan aplicaciones abiertas) y adoptar alternativas, como la hibernación del sistema. Existen ya soluciones, comerciales y de software libre, que nos pueden ayudar a controlar nuestro parque informático y evitando, así, consumos innecesarios, por ejemplo fijando apagados programados del parque de equipos o monitorizando el consumo.

La informática verde, a mi parecer, no es una moda pasajera, la concienciación sobre un uso eficiente de la energía es algo necesario. Podemos mejorar mucho la gestión de nuestros recursos IT para lograr importantes ahorros de costes y, a su vez, aportar nuestro grano de arena a la lucha contra el cambio climático y a la reducción de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

No importa si tu empresa es grande o pequeña, la informática verde te puede ayudar a recortar gastos y a aprovechar mejor tus infraestructuras y, encima, estarás haciendo algo bueno para el medio ambiente.

Fotos: Continuing Studies y Green IT for Green Policy