Dicen que para gustos……los colores, pues yo siento cierta atracción por la decadencia, nunca me he preocupado por averiguar si somos muchos los que compartimos este extraño gusto, en realidad no me importa porque hoy como ayer sigo quedándome paralizado frente a los edificios que a mi paso amenazan con venirse abajo. Es superior a mis fuerzas, la estética que, por ejemplo, diseña Tim Burton para sus producciones me fascina y no puedo evitar cuando paso frente a una casa abandonada, con sus cristales rotos, la vegetación creciendo descontrolada y la pared más negra que blanca, no puedo evitar, repito, acordarme de la fotografía oscura y tétrica que nos regalaron en Sleepy Hollow.

El abandono y la decadencia no está, en absoluto, condenado a la vulgaridad, todo lo contrario, bien tratado puede ofrecernos una belleza que jamás hubiésemos podido imaginar. Esto mismo debió pensar Kevin Bauman quien en la década de los 90 comenzó a fotografiar casas abandonadas en su ciudad, Detroit, como ejercicio para intentar comprender el por qué de la decadencia de una importante ciudad. Acabó convirtiéndolo en un interesante proyecto titulado 100 Abandoned Houses en el que podemos contemplar desde modestas casitas hasta alguna que otra mansión de varias plantas. Para acabar os dejo en la galería una serie de fotografías de Alvaro Sánchez-Montañés, ganador del Concurso Epson de Fotografía en 2008, en las que retrata unas casas abandonadas y casi tragadas por las arenas del desierto de Namibia.

¿Os animáis a probar? ¿Sí? Pues permitidme un consejo, tened cuidado que los entornos abandonados son propicios para los accidentes.

Fotos: Kevin Bauman y Alvaro Sánchez-Montañés