Más de una vez nos hemos encontrado en internet leyendo artículos en los que nos hablaban del balance de blancos y que se refería a ese curioso indicador que tiene nuestra cámara con las siglas WB (White Balance) con una serie de iconos que podemos ir seleccionando, pero.. ¿Qué es el balance de blancos y qué utilidad tiene para nosotros?

Para entender el concepto de balance de blancos primero tenemos que partir de entender cómo está compuesta la luz y qué propiedades tiene la interpretación que hace nuestro cerebro de ella.

La luz visible es una parte del espectro electromagnético que va desde los 400nm a los 700nm de longitud de onda y que el sol emite en su totalidad. Sin embargo, las fuentes artificiales de luz pueden emitir con mayor intensidad unas longitudes** que otras de este espectro, o la misma luz solar puede verse filtrada por algún elemento, creando lo que conocemos como temperatura de color.

La temperatura de color se define comparando su color, dentro del espectro luminoso, con el de la luz que emitiría un cuerpo negro calentado a una temperatura determinada (medida en grados Kelvin). El conocer esta medida nos permite saber cómo podemos balancearla. Algunos ejemplos serían:

  • 1850º K: Luz de una vela
  • 2800º K: Luz incandescente o de tungsteno (iluminación doméstica convencional)
  • 3200º K: Luz de tungsteno (iluminación profesional)
  • 5500º K: Luz de día, flash electrónico.

El ojo y con más exactitud, el cerebro humano interpreta los colores que recibe en función de la luz ambiental creando una especie de ‘balance de blancos’ natural, esto es, que ajusta la percepción de los colores según la predominante del color de la luz. Por eso comprender el balance de blancos es algo complejo para el fotógrafo inexperto dado que es algo complicado de ver o casi imposible para nosotros.

Los sensores de nuestras cámaras vienen ajustados para conseguir un blanco a 5500º K más o menos, es decir, a la temperatura de la luz diurna, pero a diferencia del cerebro humano no pueden corregir la interpretación de la luz que reciben automáticamente y para realizar eso es para lo que existe el ‘balance de blancos‘ tal y como lo conocemos.

El balance de blancos es una corrección que aplicamos a la interpretación de los colores del sensor en función de la temperatura de la luz predominante y que se puede llevar a cabo manual, programada o automáticamente. El modo programado es ese que nos enseña los iconos de la fuente de luz en nuestras cámaras (un sol, un rayo (flash), un tubo fluorescente, una bombilla, etc.) y que nos permite elegir uno de estos programas para corregir ese tipo de luz. Sin embargo, el modo automático es un proceso mediante el cual y haciendo uso de un colorímetro la cámara determina la predominancia de la escena y ejecuta una corrección según un determinado software.

Por último el modo manual consiste en la utilización de un patrón blanco ( una tarjeta, un folio, etc. ) que sea lo más blanco posible y que cubra toda el campo de visión de la cámara o bien un capuchón que haga el mismo efecto. Entonces se realiza una captura y se le dice a la cámara que ese es el blanco puro según la luz de la escena y por tanto que corrija el resto de los colores según ese punto de referencia. Cuando se realiza bien, es el método más exacto y preciso y el que mejores resultados da.

En definitiva, es una herramienta que nos permite conseguir mayor fidelidad a la escena que estamos observando cuando la fotografiamos y por tanto merece la pena usarla y conocerla a fondo.

Foto: Cesia Rentería