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Comienza a ser cada vez más habitual oir/leer a la gente frases del tipo “me falta un seguidor para llegar a los 1.500“, “el próximo será el *follower número 3.000*” y cosas similares. Esta creciente obsesión por las cifras hace que uno se plantee ciertos aspectos sobre el comportamiento en las redes sociales y cómo se confunde el significado real de influencia y se empaña con un exceso de ego.

La influencia y el ego son dos conceptos que van de la mano en el mundo de las redes sociales, pero necesitan compensarse, al igual que el Yin y el Yang de la filosofía oriental. Hay que buscar el perfecto equilibro.

¿Qué es la influencia?, podríamos definirlo como la capacidad para hacer que algo suceda. Dicho así, podría ser cualquier cosa, pero hay gente que tiene la habilidad de facilitar que ocurran grandes cosas, otras sin embargo, logran pequeñas metas y otras, no logran nada. Hay gente que es capaz de mover a otras siempre, otros sin embargo, durante un período efímero…

Imaginemos que alguien postea algo, por ejemplo en Twitter, otra persona lo lee y hace un retweet, otro lee el retweet, el post original y genera un comentario. Este comentario acaba siendo leído por alguien, que además de leer toda la información generada, sigue el consejo que han dado y le genera un beneficio. Cada persona ejerció una acción, cada acción tuvo un efecto, pero ¿cuál fue la más importante?; la respuesta no es sencilla, dependerá de cada situación, pero es importante que haya existido esa conexión entre la persona que escribe algo y la persona que comenta o comparte, ahí es donde comienza a verse la influencia. Pero para poder influir en la gente se necesita tener acceso a ese grupo sobre el que queremos actuar, es la única manera de que perciban nuestro conocimiento en la materia, nuestra opinión o nuestra solvencia como profesionales. La popularidad ayuda, pero no garantiza el éxito, simplemente abre más puertas pero no hace el trabajo por ti.

Sin embargo, confundir influencia con meras figuras numéricas nos lleva más a cultivar nuestro ego y a dejar de cuidar nuestra posición y nuestro mensaje.

¿Y qué es cultivar el ego?, cultivar el ego es pensar que por tener 100 followers en Twitter y haber posteado 1.000 veces, eres alguien importante. ¿Sirve de algo seguir a 2.000 personas y que sólo de ellas te sigan 200?, este dato no indica que comentes o postees cosas interesantes, atractivas o creíbles. Algo parecido pasa con los grandes gurús, que pecan siempre de un exceso de ego al tener cantidades ingentes de seguidores pero siguen a muy poca gente, pierden el feedback, por tanto, se centran en un monólogo en el que vierten sus contenidos sin que les interese lo que el resto tiene que decir.

¿Qué es lo que nos aleja de nuestros seguidores?:

  • Ser un espectador, una persona que sólo lee o hace algún re-tweet de vez en cuando, no nos hace interesantes. Este tipo de comportamientos pasivos no producen contenidos, no fomentan la interacción y, por tanto, nos alejan del objetivo de ser alguien influyente. Si nunca decimos nada la gente pensará que nunca diremos nada interesante, así que se aburrirán y escucharán a otro.

  • No aportar valor. Si posteas lo mismo que el resto, nunca te diferenciarás de la masa, por tanto, si no destacas no conectarás con tu audiencia. Intenta ser original y aporta contenidos que sean útiles.

  • No fomentar el feedback. Este es el pecado de los gurús, que se suben en su trono del olimpo de la fama de Twitter y no siguen a nadie o apenas hacen re-tweets de los comentarios que reciben. Hay que esforzarse en realizar conexiones bidireccionales, si alguien piensa que decimos cosas de utilidad, quizás la persona que lo pensó diga cosas que nos sean útiles también. Una red social es eso, conexión entre personas en ambos sentidos. Usa los follow fridays (#FF), por ejemplo.

  • Ser aburrido y poco original. Una presentación aburrida, una foto por defecto o un fondo sin personalizar en Twitter no nos diferencia del resto. Hay que emplear tiempo en nuestra imagen digital, recordemos que “una imagen vale más que mil palabras”, y eso es algo que también se puede aplicar al mundo virtual.

  • Ser un ególatra. Si tu grupo de Facebook habla sobre ti, si tu blog sólo habla de ti, si tus comentarios en Twitter sólo tratan sobre ti y si pudieras te harías follower de ti mismo, ¿qué aportas a tus seguidores? ¿qué te une a ellos?, si la respuesta es el “culto a tu persona”, salvo que estemos en Corea del Norte y seas Kim Jong-il, es un planteamiento equivocado. Intenta conocer a tus seguidores, averigua cuál es la conexión con ellos, conoce sus inquietudes, en definitiva, acércate a ellos.

  • Abusar de lo virtual, sal de la barrera de tu avatar y fomenta la desvirtualización.

Para ser influyente necesitas una estrategia, un nexo entre el que postea y el que sigue, algo que genere una conversación independientemente de si escribes 10 o 10.000 veces en Twitter. Por tanto, debes definir tu posicionamiento, qué eres y qué quieres transmitir; una vez que lo sepas, te será sencillo encontrar gente con tus mismas inquietudes y crear comunidad con ellos.

Comienza por pocos seguidores, 10, interactúa con ellos, conversa, comenta, comparte, difunde sus contenidos, aporta contenidos, poco a poco esa masa irá creciendo y pasará de 10 a 20, luego a 50 y llegará un momento en el que la cifra no importe.

Lo importante, en las redes sociales, no es el número de veces que han marcado el “Me gusta” en Facebook o el número de retweets de un contenido en Twitter, lo realmente importante es la interacción y la conversación entre las personas. Lo primero es puro ego, lo segundo, influencia.