Todos sabemos que Steve Jobs es un tipo bastante maniático y sus decisiones han causado problemas en sus productos. Steve Jobs pone por encima el diseño de un producto antes que las opiniones de los ingenieros.

Hay varios casos conocidos, como la ausencia de ventiladores en el Macintosh original que lo convertía en una tostadora beige, pues Steve Jobs se negaba a que este equipo hiciera el más mínimo ruido. En versiones posteriores fueron añadidos ventiladores, pues era inviable un ordenador sin ventiladores.

En el año 2000 volveron a intentarlo con el PowerMac G4 Cube, el ordenador más pequeño que Apple había fabricado nunca. Su diseño fue alabado por muchos y hoy es toda una pieza de coleccionista. Además se caracterizaba por la ausencia de ventiladores. Steve Jobs obligó a sus ingenieros a apañárselas para que el equipo se refrigerara con disipadores. Obviamente no pudieron utilizar un procesador demasiado potente si no querían que su nuevo equipo se fundiera como el queso. A pesar de todo el Cube se calentaba como él sólo; esto sumado a sus pobres ventas y precio elevado hicieron que no aguantara más de un año en el mercado. En 2001, Apple dejó de fabricarlo.

La noticia más reciente que tenemos de la cabezonería de Steve Jobs en cuanto al diseño sobre la ingeniería es respecto al iPhone. Steve Jobs sabía que el diseño de las antenas en el borde del teléfono acarrearía problemas. Sus ingenieros se lo comentaron, y al final entre varios prototipos se eligió ese diseño.

Como podemos ver, las excentricidades de Steve Jobs se basan en simplificar las cosas al máximo. Pero a veces el afán por simplificar tanto las cosas trae problemas de diseño. Si Apple se considera una empresa en la que existe un perfecto equilibrio entre tecnología y diseño, no deberían existir estos problemas.

La memoria en el Macintosh

Una historia que seguramente muchos no conozcáis es la de los problemas y peleas que hubo en el diseño del Macintosh original. Los primeros prototipos eran hechos a mano uniendo los contactos de la placa base con cables en vez de usar circuitos impresos. Burrel Smith construyó el primer prototipo del Macintosh con este método comentado. Posteriormente fueron construidos por Brian Howard y Dan Kottke. Claro, que la construcción de placas soldando cables es un método muy propenso a errores y que consume mucho tiempo.

En primavera de 1981, el equipo de diseño del Macintosh era lo suficientemente estable como para hacer una placa de circuito impreso, que permitiría una mayor agilidad y fiabilidad a la hora de fabricar prototipos. Reclutaron a Collete Askeland del equipo de diseño del Apple II para diseñar las placas, y después de trabajar codo a codo con Howard y Kottke durante unas semanas consiguieron tener lista unas cuantas placas para probar.

En junio de 1981 empezaban a tener reuniones semanales en las que todo el equipo ponía en común las ideas y problemas ocurridos durante la semana. En la segunda reunión, Burrell presentó un diseño casi final de la placa base del Macintosh. Cuando Steve Jobs la vio, le echó un vistazo y dijo:

Esta parte es muy bonita. Pero mira los chips de memoria, ¡son feos!. Las líneas están demasiado juntas.

Uno de los ingenieros interrumpió a Steve:

¿A quién se importan cómo son de bonitas las placas base? Lo único importante es cuánto bien funciona. Nadie va a ver la placa base

Steve Respondió:

Yo la voy a ver, y quiero que sea lo más bonita posible, aunque esté dentro de una caja. Un buen carpintero no va a usar una madera mediocre para la parte trasera de un armario, sólo porque nadie lo va a ver.

El ingeniero (el cual no conocía muy bien a Jobs) y Steve siguieron discutiendo, sin saber que discutir con Jobs era una batalla perdida. Así que Burrell decidió interrumpirles:

Bueno, esto será algo realmente dificil de llevar a cabo por culpa del bus de memoria. Si lo cambiamos, probablemente no funcione tan bien, electrónicamente hablando.

A lo que Steve le contestó:

Ok, haremos lo sigiuente: Haz otro prototipo en el que la placa sea bonita, y si no funciona, volveremos a este diseño.

Llevar a cabo los sueños de Steve les costó $5.000 para hacer unas placas que tuvieran el bus de memoria como a Jobs le gustaba. Como bien predijo Burrell, los prototipos no funcionaron correctamente, así que tuvieron que volver a los diseños anteriores para continuar avanzando con los prototipos.

Como podemos ver, si Steve Jobs dice algo, va a misa. Otro día os traeremos más anéctodas en el diseño del Macintosh (que vosotros mismos podréis encontrar en Folklore.org), uno de los proyectos más grandes en los que Apple se ha visto inmerso; y del único que sabemos muchas cosas, pues la gran mayoría de ingenieros que participaron están fuera de la compañía, y podemos saber cosas de esto.