Confieso que no conocía a Richard Clarke, pero era el de la encargado de la Oficina Antiterrorista de la Casa Blanca durante el 11 de septiembre del 2001, más llamaba la atención constantemente sobre la importancia de Al Qaeda y (evidentemente) no fue escuchado, por lo que en dichos círculos es una persona bastante respetada. Resulta que este hombre escribió recientemente un libro sobre la guerra cibernética, en el que plantea los peligros que pueden afrontar los gobiernos democráticos ante ataques de hackers terroristas. Quizás Clarke no sepa mucho de tecnología, pero sí sabe como pocos de contratos y negociados y, por supuesto, se seguridad.

Microsoft tiene recursos vastos, miles de millones de dólares en efectivo (literalmente). Microsoft es un imperio increíblemente exitoso construido sobre la premisa del dominio de mercado con bienes de baja calidad.

Clarke hace notar que Microsoft ha logrado tener buenas relaciones con los últimos gobiernos sin importar que sean republicanos o demócratas, es una de las empresas que más lobby hace y tiene incontables negocios con el Estado, corriendo todos ordenadores del pentágono ordenadores con el sistema operativo Windows. En palabras de Clarke, quien además dice que a Microsoft le resulta más barato contratar lobbystas que buenos programadores, parte del acuerdo sería:

No regulen la seguridad en la industria del software, no permitan que el Pentágono deje de usar nuestro software, sin importar cuántas fallas de seguridad tenga y no digan nada de nuestra producción en otras partes del mundo como China.

Antes que puedan decir “qué sabe este hombre de lo que está hablando”, reitero que se trata de un hombre que ha trabajado en la Casa Blanca durante muchos años. Y el principal dato concreto que brinda es impresionante, refiriéndose al famoso incidente ocurrido en 1997 en que al colgarse Windows NT un barco quedó a la deriva, tras lo cual él sugirió al Gobierno que comiencen a usar Linux:

Microsoft hizo lo imposible por evitar la adopción de Linux por parte del Gobierno. De todos modos, como había agencias que ya lo estaban utilizando, pedí a la NSA que haga una evaluación, en una medida que sorprendió a la comunidad open source pues la Agencia Nacional de Seguridad se ofreció a cooperar en mejoras de seguridad para el kernel. Microsoft me dio la clara impresión de que si el Gobierno de Estados Unidos llegaba a promover el uso de Linux, ellos dejarían de cooperar con nosotros. Si bien la amenaza no tuvo ningún efecto en mí, puede haberlo tenido en otros, pues a pesar de todo la mayoría de las agencias federales siguen utilizando Windows, a pesar de los costes.

Luego Clarke agrega que se vio una situación similar en los últimos años, cuando Microsoft negó a entidades bancarias y financieras que algunos especialistas en seguridad tuviesen acceso al código de Windows. Ante la amenaza de las corporaciones de migrar a Linux, Microsoft logró que esperasen su próxima versión: Vista.

Más allá del eterno flamewar entre sistemas operativos, cuál es mejor, cuál es peor, beneficios (o no) del código abierto, etc., pienso que hay un tema aquí que claramente supera cualquier cuestión técnica: los peligros de una relación demasiado cercana (carnales, se podría decir aquí en Argentina) entre un Gobierno y las corporaciones que le brindan servicios, en este caso tecnológicos.