Entre los usuarios avanzados de Linux son cada vez más los que abandonan entornos de escritorio como Gnome o KDE por los gestores de ventanas de mosaico (conocidos por su nombre en inglés tiling window manager), cuya principal característica es el acomodamiento automático de las ventanas para que ocupen toda la pantalla. Al abrir una aplicación se ejecutará automáticamente a pantalla completa, si abrimos otra se dividirá por la mitad y así. La ventaja que presenta este método de implementación de la “metáfora del escritorio” es que nos ahorramos un tiempo enorme al no tener que redimensionar constantemente las aplicaciones para que no se superpongan unas con otras. Entre los twm, el más popular en estos tiempos es xmonad, escrito en menos de mil líneas de Haskell y completamente extensible.

Ocurre que un usuario avanzado (y con algo de tiempo libre) podrá tener el tiempo de llevar a cabo una instalación limpia de Arch con xmonad como único entorno de escritorio, configurando a mano la conexión a internet, la barra de estatus xmobar, etc. Pero los que quieran disfrutar de un tiling window manager, cambiando de aplicaciones y de escritorios desde el teclado, dejando bastante de lado el mouse (un motivo más para que lo pruben usuarios de notebooks y, sobre todo, de netbooks), sin perder las configuraciones por defecto y applets de Gnome, KDE o XFCE en una distribución mainstream y enfocada a usuarios de escritorio como Ubuntu, pueden tener lo mejor de los dos mundos.

Instalarlo en Ubuntu 10.04 es, como siempre, sencillísimo:

sudo aptitude install xmonad

Aptitude se encarga automáticamente de todas las dependencias (incluido el compilador de Haskell). Luego debemos crear y modificar el archivo de configuración.

mkdir ~/.xmonad && touch ~/.xmonad/xmonad.hs
gedit ~/.xmonad/xmonad.hs

Allí, pegamos el siguiente texto:

import XMonad
import XMonad.Config.Gnome

main = xmonad gnomeConfig

Ahora debemos recompilar xmonad con

xmonad --recompile

Hasta este punto, tenemos un xmonad configurado pero no activo. Por lo tanto, hay que avisarle a Gnome que utilice a xmonad como decorador de ventanas en lugar de Metacity. Aquí hay dos opciones, pueden tipear en la terminal:

gconftool-2 -s /desktop/gnome/session/required_components/windowmanager xmonad --type string

O hacerlo visualmente. En este caso, deberán ejecutar en la consola

gconf-editor

Y allí ir abriendo las pestañas desktop, gnome, session y requiered_components, ahora deben hacer clic derecho en windowmanager, elegir “Editar clave* y ahí escribir xmonad en lugar de metacity. Ahora reiniciamos el ordenador o simplemente nos volvemos a loguear y los cambios tomarán efecto. Lo hermoso es que, si prueban xmonad y no les gusta o les resulta complicado y prefieren leer la documentación antes o lo que sea, pero no quieren desinstalarlo, basta con volver a ejecutar en consola el último comando, reemplazando esta vez xmonad por Metacity y listo, volverán al Gnome por defecto.

En cuanto a la integración entre Gnome y xmonad, hay unos mínimos detalles sobre todo en los nuevos cambios presentados por Canonical en el caso de Ubuntu, como el famoso panel social cuyas aplicaciones no se ejecutan en background en xmonad y por lo tanto deja de tener un poco de sentido. De todos modos, al utilizar xmonad se fomenta el uso de los espacios de trabajo; así, ejecuto Empathy y Gwibber en el segundo espacio de trabajo en tanto las otras aplicaciones en el tercero y primero. La integración es en realidad total y no creo que haga falta aclarar que el sistema funciona mucho más rápido con xmonad que con Metacity.

Usar un twm aumenta la productividad por dos motivos: por un lado, como ya mencioné, no perdemos tiempo redimensionando las aplicaciones, pero por otro lado, evita que tengamos quince aplicaciones distintas una detrás de la otra distrayéndonos constántemente. Podemos tener todas las aplicaciones que querramos abiertas, pero ya mencioné más arriba, en distintos espacios de trabajo. Además si bien contamos de este modo con el menú de Gnome y podemos ejecutar aplicaciones y acceder a directorios como siempre, se hace mucho pero mucho más orgánico y natural trabajar en la terminal.