En un triste giro de eventos, el portal de videos Veoh debió declararse en bancarrota tras ganar un juicio por derechos de autor al que había llegado por una demanda de Universal Music Group.

Dmitry Shapiro, fundador de Veoh, declaró que en una economía deprimida como la que estamos viviendo, la demanda de UMG fue demasiada distracción para el portal, que terminó debiendo declarar la bancarrota. «Aunque hemos hecho todo lo posible para convencer a [Universal Music Group] de que no éramos sus enemigos y que no habíamos infringido su contenido, ellos llevaron a cabo una guerra implacable de desgaste en contra de nosotros en un tribunal federal». Lo irónico de la situación es que la demanda fue finalmente desestimada por el juez.

La balanza se inclinó a favor de Veoh porque, además de tener una tecnología de filtro para evitar que los usuarios suban contenido protegido por leyes de derechos de autor (que, según el juez, ni siquiera era obligatorio en primer lugar), el sitio estaba protegido por el _Digital Millennium Copyright Act_, que básicamente otorga a este tipo de páginas de Internet un cierto grado de protección en relación a su responsabilidad por el contenido que suban sus usuarios.

El fallo del juez es realmente importante para este tipo de casos, y sienta jurisprudencia al respecto. Sin embargo, que la decisión haya sido positiva para Veoh no fue suficiente para evitar su destino: la distracción de las batallas legales contra un gigante como UMG lo llevaron a tener que declararse en bancarrota, con lo cual todos los bienes serán liquidados para pagar a los acreedores.

Independientemente del uso o no del portal, y si era bueno o no, es una verdadera lástima que un emprendimiento termine hundido por una batalla legal injusta y que finalmente terminó fallando a favor de ellos. Otro ejemplo de los estragos que se terminan haciendo por aprovecharse de un sistema judicial planificado para obtener dinero a costa del otro (sea o no culpable) y en el cual el oportunismo o la «sed» sin límites de ciertas compañías terminan arruinando el trabajo de otros.

Vía: Wired Epicenter