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Para aquella chusma que no vivimos en Reino Unido, Suecia, Finlandia, Noruega, España y Francia, Spotify es una aplicación alcanzable sólo si tienes algo de conocimiento para registrarte usando proxy (nada complicado, pero no se lo pidas al amigo que piensa que Internet = (Messenger + Facebook) ) y luego instalar el programa, que hasta hoy, pensábamos, ya no estaría sujeto a la regionalización. Pues bien, ahora resulta que si no estás en uno de esos países, tendrás sólo 14 días como límite para usar Spotify antes de que seguramente bloquee tu cuenta. Alguien habrá dado el pitazo a los muchachos.

“El mundo está cambiando y nosotros también tenemos que cambiar” sabias palabras emitidas por el presidente Obama en su mensaje inaugural, ojalá que eso lo escuchen con atención las disqueras, distribuidoras cinematográficas y editoriales, culpables directas de regionalismos absurdos, entre otras necedades, en un mundo tan globalizado.

Por otro lado, es curioso cómo hay programas que obtienen una atención especial en los usuarios, a pesar de estar haciendo las cosas de forma muy similar a otros. Tal es el caso de Spotify, que al final de cuentas hace cosas muy parecidas a otros: ofrecerte música a la carta vía streaming. Para ello tenemos diversos ejemplos de sitios y programas, se me vienen a la mente Deezer en la categoría de sitio y Rhapsody en la categoría de programa, aunque este último también está regionalizado y es de paga, pero que supera, con mucho, las características de Spotify.

Lo cual me lleva a la pregunta obligada a los bitélicos: ustedes, ¿qué consideran que tiene de especial Spotify sobre otros servicios similares? Los comentarios están abiertos.