Aquí estoy, unas 30 horas después de comprar un iPhone y sin poder usarlo con 3G por culpa de Telefónica ¿el motivo? El aparente aluvión de nuevas altas que se han producido con el iPhone 3G. Aquí es cuando te das cuenta de que aquello que se dice de que Telefónica es una grandísima y lenta empresa es verdad, la previsión ha sido absolutamente nula, ni de terminales, ni de formación a sus trabajadores, ni de previsión por las largas colas.

Hemos tenido que ver en la TV, en todas, como alegres representantes de Telefónica estaban asombrados de las largas colas creadas, en concreto en su tienda de Gran Vía en Madrid, en la que una representante comentaba “que no tenían ni idea de que llegaría tanta gente”. Mentira. Semanas antes del lanzamiento sabíamos que se estaba preparando algún plan por si se llegaba a producir el efecto llamada de Apple, el mismo que se ha visto tan repetidamente en EE. UU.

Lo mismo pasa con las activaciones, no puedes ser la primera operadora nacional y hacer las cosas como si fueses la más nueva, es absurdo que tenga que esperar 48 horas para poder tener una tarifa de datos que me permita conectarme a Internet con un teléfono que está dedicado a ello.

A Telefónica Movistar sólo le podemos dar un suficiente y por generosidad, ya que no tiene toda la culpa de que no existan terminales para vender (Apple es quien se los distribuye, recordarlo) pero la gestión interna es completamente desastrosa.

Actualización: A mi compañero David Gomez de Sección Deportiva y Gizmóvil que se compró el iPhone más o menos a la misma hora que yo pero en Pamplona le acaban de activar el servicio.