análisis

Xbox One X

- Nov 3, 2017 - 8:05 (CET)

Ficha técnica

  • Procesador: 8 núcleos x86 (2,3 GHz)
  • GPU: 40 unidades de computación, 6 tflops.
  • Memoria: 12GB GDDR5 de 326 GB/s
  • Almacenamiento: 1TB
  • Lector: 4K UHD Blu-ray con HDR

La Xbox One X se postula como la consola más potente del mercado, pero es mucho más que eso: bajo un diseño compacto y equilibrado se esconde uno de los centros de entretenimiento más completos del mercado y el mejor sistema de videojuegos para el salón.

En la nueva tendencia de los saltos intergeneracionales, Microsoft ha ganado. No hay otra forma de empezar el análisis de la Xbox One X sin dejar claro el punto de partida. Al menos, si hablamos de números. Sí, la competencia golpeó primero. Sí, el catálogo da ventaja, pero cuando reducimos un ecosistema a un dispositivo, como en el caso que nos ocupa, no hay discusión posible: Microsoft ha conseguido poner en el mercado la mejor consola de la generación, sumas incrementales incluidas, y lo ha hecho sin sacrificar absolutamente nada de lo que ofrecía hasta ahora.

La Xbox One X se presenta a sí misma como la consola más potente del mundo. De la historia. Y sin duda lo es. Si nos importan los números seguro que hay una hoja de especificaciones por algún lado que te darán los teraflops o el ancho de banda. En realidad esos números cambian poco este asunto: es lo que es y ofrece lo que ofrece, número arriba número abajo no van a modificar la decisión de compra, ni tampoco van a cambiar nuestra percepción de la consol, puesto que el número de alternativas es tan limitadas que asciende a una.

Los datos que nos interesan son los que Microsoft reseña en la propia caja de la consola: 1TB, UHD 4K, HDR y reproductor de Blu-Ray UHD. La diferencia está en la coletilla que esconde esa resolución: “real 4K” . Aquí no hay reescalado, puesto que la consola ofrece potencia suficiente como para mover contenido a resolución nativa. Pero de nuevo, todo estos es transparente para el jugador, y lo es porque no se trata tanto de una consola para hoy como de una apuesta para el medio plazo.

No sabemos los planes que tiene Microsoft para su consola de última generación, si será un enlace generacional o representará un mayor largo plazo para la compañía, pero si estamos seguro de que la apuesta a día de hoy es sólida y convencida, puesto que nada más abrir la caja nos queda bien claro que la compañía ha querido ir a por todas, ha querido echar toda la carne en el asador para poner sobre la mesa la consola más impresionante que hemos tenido hasta ahora en la manos. ¿La razón? Desde luego no hay solo una.

Lo primero que llama la atención, como no podía ser de otra forma, es el diseño. Microsoft ha continuado su apuesta con convencer de que esto se trata más de un experiencia premium que de un salto generacional: la Xbox One X es similar en diseño a la también reciente Xbox One S, pero en acabado en negro. Puesta frente a frente, pocas son las diferencias en términos de diseño entre una y otra, tanto que hasta los puertos de conexión están colocados en la misma posición para que sea quitar una y sacar otra.

Sin embargo, sí que es más silenciosa y fría que la Xbox One S. En este sentido destaca que incluso en sesiones intensivas de juego la consola se ha mantenido en todo momento en silencio, sin que destaque momento alguno en el que se haya disparado la refrigeración y su ruido aparejado. En cambio, es extremadamente pesada si la comparamos con la versión S: mantiene tamaño y volumen, pero aumenta su peso, suponemos, por el nuevo sistema de refrigeración y el nuevo hardware.

Pero las similitudes no acaba ahí: dentro del sistema, es transparente la consola que estamos utilizando, no hay ningún cambio que nos indique que se trata de una Xbox One X más que las opciones que ofrecen algunos de los títulos para descargar el contenido a alta resolución, pero en cualquier otro caso, no existe fragmentación del ecosistema. Lo que sí he notado en torno al sistema que las descargas son mucho más rápidas conectadas ambas consola a la misma red Wi-Fi 5GHz de 300mbps: en la mayoría de los casos, desconocemos si por mejoras en el disco, la Xbox One X ha descargado los juegos mucho más rápido que la S, algo que se agradece enormemente de cara a la descarga de juegos con alta resolución y texturas en 4K que de media suelen tener un peso mucho mayor que la contraparte en 1080p o 720p.

Sobre este aspecto, nada más que añadir. El proceso es transparente y en ningún caso supone una diferencia respecto a lo que teníamos hasta ahora, lo cual es de agradecer si tenemos en cuenta que no se trata de un salto generacional sino de una mejora incremental en la que nuestra experiencia de uso, partiendo de un ecosistema, debería mantenerse intacta.

Pero vamos a lo que importa. ¿Supone una diferencia muy grande respecto a la Xbox One S? Esto es lo que más cuesta valorar, al menos a día de hoy. En primer lugar porque el salto cualitativo se aprecia si acompañamos la Xbox One X con una televisión a la altura de sus prestaciones. Nosotros hemos analizado la consola en conjunción con una TV OLED 55 LG OLED55B7 (Ultra HD 4K, HDR Dolby Vision, Dolby Atmos,,,) que es totalmente compatible con todas las funciones que ofrece la Xbox One X. Sea como sea, las diferencias las iremos viendo con el tiempo como en el caso de la PlayStation 4 Pro, aunque a día de hoy hay más de un título que permite exprimir parte de esos 6 teraflops de potencia gráfica que ofrece.

En nuestras pruebas, con título extremadamente exigente como Forza Motorsport 7 o el reciente Assassin's Creeds Origins, el salto está más que justificado. El nivel de detalles que ofrece Forza respecto a Xbox One S es especialmente relevante en las esquinas y en la ausencia de artefactos, con colores mucho más vivos y mejor respuesta en todo momento. Lógicamente, al ser un título de Microsoft la optimización es total, y jugarlo en Xbox One X es una auténtica gozada.

Ahora bien, el caso de Assassin's Creeds Origins es diferente: todavía no hay parche de HDR y texturas en 4K, puesto que no llegará hasta el 6 de noviembre, pero el rendimiento de la versión normal en Xbox One X es muy superior al de resto de alternativas. Por ejemplo, la versión de PlayStation 4 tiene mayores tiempos de carga entre desincronizaciones (cuando mueres en el juego, vamos), sin embargo en Xbox One X es de apenas unos segundos. Además, es rendimiento es superior: quitando algo de popping adicional al cargar niveles, hacer viaje con Senu, el rendimiento del juego, en todos los factores que podemos imaginar, es muy superior. Con Sombras de Guerra nos ha pasado algo similar, en la mayoría de situaciones su rendimiento ha sido mejor que en PlayStation.

En general, todos los títulos que hemos probado, tanto con sus años en el mercado como recién estrenados han tenido un comportamiento mejor en Xbox One X. Hay todavía promesas pendientes. Juegos como The Witcher 3 con su parte de Xbox One X promete demostrar lo que pueden dar de si los títulos que ya tienen más tiempo a sus espaldas.

Con todo, esta sigue siendo una apuesta a futuro: la de Microsoft es ofrece la consola más potente que la historia, un catálogo de exclusivos limitado y venderte la mejor plataforma para jugar a los títulos multiplataformas. En términos objetivos, todo lo que nos vende es cierto: es una consola sobresaliente que lo único que le afea es un catálogo de exclusivos limitado y una fe depositada ciegamente en el hacer de los desarrolladores multiplataforma de sacar jugo a la consola, algo que en parte será también termometro de su éxito.

De forma menos objetiva, podemos concluir que es la consola con el diseño más exquisito que hemos tenido, el sistema más liviano y que mejor nos ha funcionado desde el punto de vista de la experiencia de juego personal y, sin duda, los servicios asociados que le acompañan, EA Access, Xbox Game Pass, Gold, etc, son una apuesta que va en la dirección que comentábamos anteriormente: dar la jugador los números máximos y poner en sus manos una consola solvente y potente.

Sin lugar a dudas, y con una TV que acompañe al conjunto, Microsfot ha demostrado que la Xbox One X va dos pasos por delante del resto de la industria de las consolas, incluso de sus propias propuestas como la Xbox One S. Esta nueva versión incremental de su ecosistemas Xbox ofrece los número más solventes para el jugador más exigente y es una de las propuestas más importante, más potentes y más seguras del mercado. Las Xbox One X es, en definitiva y sobre el papel, la mejor plataforma para jugar a día de hoy, de lo que no estamos tan seguros es si el catálogo de exclusivos acompañará a ese futuro tan prometedor que aguarda a la mejor consola que hemos tenido en nuestros salones.

Conclusión

9.5
10

Microsoft, vía Xbox One X, entra en la contienda de las consolas intergeneracionales de salto incremental con la propuesta más ambiciosa del mercado. Una consola que está más que a altura de muchos equipos PC Gaming de alta gama pero con las ventajas de poder tenerla bajo la TV con la comodidad que ofrece una consola.

Sin lugar a dudas es la consola más potente y más prometedora que hemos tenido entre manos, a la que habrá que volver a juzgar en un futuro cuando el catálogo de juegos que aprovechen su potencial esté a la altura de la hoja de especificaciones. Pero esto no ha más que comenzar.


Pros

  • Diseño compacto y elegante.
  • Apenas hace ruido o se calienta.
  • Especificaciones muy por encima de la competencia.
  • Gran número de servicios complementarios asociados.
  • Lector 4K UHD Blu-ray con HDR.

Contras

  • Catálogo de juegos exclusivos limitado.
  • El mando ha perdido calidad en cuanto materiales.