análisis

Samsung Galaxy S10e

- Jun 7, 2019 - 10:35 (CET)

Ficha técnica

  • Pantalla: 5,8" AMOLED
  • Procesador: Exynos 9820
  • Almacenamiento/RAM: 128/6 o 256/8 GB
  • Cámara trasera: 12 MP f/1.5-2.4 + 16 MP f/2.2
  • Cámara frontal: 10 MP f/1.9
  • Batería: 3.100 mAh
  • Precio: 609 euros / 15,199 pesos.

En un momento en el que los smartphones buques insignia de las principales compañías son cada vez más premium y más costosos para el bolsillo, una estrategia nueva se abre camino: empacar muchas de las cualidades de los mejores teléfonos de la casa en un contenedor más modesto en ciertos aspectos, pero no tanto en términos absolutos. En el caso de Samsung, el Galaxy S10e es el que sirve para ofrecer una propuesta a ese segmento del mercado que busca en un teléfono características, aspecto y sensación de alta gama pero no está dispuesto a desembolsar las cantidades de aquellos terminales que coronan la línea del fabricante.

Cuando Apple introducía el pasado mes de septiembre de 2018 su colorido, desenfadado y a la vez potente iPhone XR parecía claro que existía un importante hueco en el mercado para este tipo de terminales, que encapsulan en su interior las principales bondades del momento a menor precio gracias a realizar ciertos compromisos que solo lo más puristas no pasarán por alto. Las cifras de ventas apuntan a que este dispositivo ha sido el gran éxito del año para la compañía de Cupertino en el segmento de smartphones, haciendo más patente que nunca ese espacio a rellenar entre la gama media y la más premium.

Así las cosas, es natural que su rival surcoreana –y número uno a nivel mundial en lo que a volumen de venta de smartphones se refiere– haya virado también en este sentido con la renovación de su línea "S", la más popular de la firma. Presentado el pasado de mes febrero, el S10e es, como el citado, un dispositivo lleno de color, atractivo y contenido en tamaño pero no es especificaciones. Con estas premisas, muy mal lo tiene que hacer uno para no triunfar.

Háblame de tamaños

Hay una innegable tendencia en la industria de incorporar paneles cada vez más grandes en los terminales, alcanzando estos dimensiones que hace no demasiado nos habrían parecido monstruosas pero que, sin embargo, cuentan con una gran aceptación entre el público en un momento en el que el consumo de contenido multimedia forma parte del día a día del uso de los smartphones. YouTube, Netflix, Twitter, Facebook, Instagram y un largo etcétera de aplicaciones profundamente instauradas en la rutina del grueso de usuarios priman el tener una mayor superficie en la que poder mostrar sus vídeos o imágenes, por lo que es natural que los fabricantes no solo aprovechen más los frontales de los dispositivos, sino que aumenten su tamaño.

Es por ello que smartphones como el Samsung Galaxy S10e forman parte de un grupo de terminales cada vez más reducido que apuestan por no pasar de las 6 pulgadas en su frontal (5,8"); y aunque es evidentemente que su conveniencia depende del uso particular cada uno; y por mucho que una mayor pantalla tenga sus ventajas; resulta igualmente manifiesto que el disponer de un tamaño contenido en el día a día puede ser también un poderoso aliciente de compra.

En el caso del S10e se traduce en poder hacer uso del terminal a una mano y de disfrutar de un peso total de 150 gramos que lo hacen aún más manejable para el conjunto de tareas diarias. Son 7 y 25 gramos menos que en sus hermanos S10 y S10+, respectivamente, los cuales disponen de sendos paneles de 6,1 y 6,4 pulgadas, en ambos casos igual de bien aprovechados que en el modelo que hoy nos ocupa gracias a los nuevos diseños incorporados este año por la compañía.

Hablo, naturalmente, de la cámara frontal incrustada en la parte superior derecha del dispositivo, una de las últimas tendencias en llegar al panorama Android –amén de las cámaras retráctiles– y que en el S10e, como en los demás modelos, ese traduce en un elemento que ni molesta ni incomoda, aportando un frontal más despejado. Trae consigo, eso sí, las limitaciones inherentes a un sistema de una única cámara; esto es, un reconocimiento facial muy básico y de poca fiabilidad debido a su ausencia de sensores y consecuente pobre escaneo del rostro.

Lo suple Samsung en este terminal de manera diferente a como lo ha hecho a sus hermanos, donde incluía un lector de huellas dactilares bajo el mismo panel de la pantalla. Dada la limitación de precio con la que cuenta el S10e, la firma opta por ubicar este sensor en el marco derecho –haciendo las veces de botón de encendido y apagado–, lo cual no estaría mal si no fuera por la desmedida altura a la que se encuentra. Esto provoca que haya que forzar la posición natural del pulgar al sostener el teléfono si queremos alcanzar a ubicar nuestra huella sobre la totalidad de la superficie biométrica, haciendo que en última instancia sea preferible el mencionado reconocimiento facial al desbloqueo dactilar por la comodidad añadida que supone en el conjunto de situaciones.

La incomodidad del sensor se ve agravada, además, por la opción mediante la cual uno puede desplegar los ajustes rápidos con un desliz hacia abajo sobre el mismo. Se presupone que esta función se encuentra ahí para facilitar al usuario acceder a la parte más alta de la pantalla sin tener que desplazar su dedo hasta dicha zona. Sin embargo, su ubicación es tan alta que no ahorra prácticamente recorrido y tanto da abrir el mencionado menú con un gesto sobre el lector de huellas que desplazarlo unos milímetros a la izquierda y realizar la acción directamente sobre el panel.

Una mejor UI y un rendimiento en el que no se piensa

Samsung ha comenzado a implementar recientemente en sus teléfonos One UI, la nueva interfaz del sistema operativo con la que quiere ofrecer una experiencia renovada que termine por borrar por completo los muchos años en los que la personalización que la comapañía hacía sobre Android restaba más que sumaba. ¿El resultado? Sorprendentemente agradable.

Innovar en el apartado de la interfaz del sistema sin cometer un tremendo descalabrado y que la acción se convierta en un despropósito de inconmensurables proporciones no es tarea sencilla, que se lo digan a los muchos que lo han intentado y que ahora comienzan a optar directamente por incorporar Android One a sus smartphones, la versión más "pura" que ofrece Google. Sin embargo, con One UI la surcoreana parece haber dado con la tecla para comenzar un camino en el cual uno reconozca al instante que se encuentra frente a una creación de la marca y al mismo tiempo obtenga utilidades extra.

One UI es una capa limpia y agradable al uso, que no se complica con añadidos accesorios y que dispone de bondades como un tema oscuro –que resulta una delicia en conjunción con el panel OLED del Galaxy S10e– o navegación por gestos. Los únicos contrapuntos que destacan son el teclado por defecto, que no facilita la escritura, y la excesiva paleta de colores que se aprecia a lo largo del sistema.

En lo que se refiere al rendimiento y al desempeño del terminal, pocas pegas se le encuentran a este smartphone. Es un aspecto, directamente, del que es fácil olvidarse y no pensar en él en ningún momento, dado que sus especificaciones ofrecen solvencia en cualquier uso que se le exija, ya sean las más cotidianas o los juegos más exigentes. El resentimiento llega, eso sí, en el apartado de la batería, donde no hay prodigación alguna por parte de Samsung; su autonomía está pensada para terminar el día y poco más. Cualquier abuso que se cometa durante la jornada –juegos, vídeos–, penalizará al usuario y se traducirá en tener que pasar por el enchufe para conseguir un "chute" de energía.

Cámara correcta, pero no sobresaliente

El apartado fotográfico es uno de los más indicativos del espectro en el cual se ubica el Galaxy S10e, algo que se ve marcado principalmente por la ausencia de una lente que permita realizar un aumento sin pérdida de calidad, una característica que se da prácticamente por segura en casi todos los terminales que cuestan varios cientos de euros. Samsung opta, en su lugar, por mantener el la misma lente de apertura variable del S10 y su gran angular, aportando este último una utilidad extra que podría ser o no tanta como un zoom óptico, dependiendo del tipo de usuario.

En cualquier caso, las fotografías resultantes, como ya vimos en el análisis del Galaxy S10+, son buenas en términos generales, con una interfaz de cámara intuitiva y sencilla de utilizar, pero que no se pueden equiparar con los mejores de la industria. El S10e peca de un equilibrio de color que tira hacia tonos verdosos y que desprecia excesivamente los grises y las zonas de sombra, eliminando también parte del detalle cuando realizamos un aumento. El modo nocturno que incorpora, sin ser equiparable a los mejores del momento, sí es suficientemente bueno como para convertir una toma indudable en una aceptable.

Puedes ver estas y otras imágenes a tamaño completo en este álbum.

Conclusión

8.5
10

Al final del día, la sensación que deja el Galaxy S10e es eminentemente buena, acorde a lo que uno puede esperar de un terminal con estas características. Potencia de sobra, cámara polivalente, unos acabados premium, un tamaño compacto y una colorida gama de opciones lo convierten en una de las ofertas más atractivas por el precio del que dispone.

Si a eso se le suma la grata experiencia con One UI o añadidos como la carga inalámbrica –e inversa, para poder cargar otros dispositivos ubicándolos en la parte posterior–, la solvencia está asegurada. Es un teléfono que abre una nueva línea de posibilidades para la casa surcoreana y, aunque no es perfecto, sí lo es lo bastante como para hacer frente a una competencia que se torna más y más feroz conforme pasa el tiempo. A buen seguro, veremos a Samsung repetir la estrategia de esta gama en los años venideros.


Pros

  • Tamaño
  • Carga inalámbrica y reversible
  • Pantalla OLED

Contras

  • Autonomía
  • Falta de zoom óptico