análisis

Samsung Galaxy A9 2018

- Dic 24, 2018 - 12:00 (CET)

Ficha técnica

  • Pantalla: 6,3" Amoled
  • Procesador: Snapdragon 660 en 14 nm
  • Memoria: 6/128 GB
  • Cámara principal: 24 MP f/1,7, 10 MP 2x y 8 MP ultra gran angular f/2,4
  • Batería: 3.800 mAh

2018 ha sido el año en el que se han consolidado tendencias iniciadas en el mercado un año atrás. Gracias a la reducción de marcos, ahora los teléfonos son más alargados. Reina el 'notch' para ajustar su pantalla todavía más a sus bordes. Raro es el móvil que mantiene su conector de auriculares. La doble cámara se hace triple. Samsung hace camino propio y se suma a algunas de ellas en la gama media, a otras en la gama alta y a otras en ninguna de ellas. El Galaxy A9 2018 llega como teléfono donde la triple cámara se hace cuádruple y el diseño en degradado aterriza en la marca.

No se trata del teléfono más ambicioso diseñado en Corea. En ninguno de sus aspectos, diría, salvo por ese cuarto sensor que pone el foco en la fotografía. Su procesador, el Snapdragon 660, es ya un viejo conocido que funciona en la gama media y sus 6 GB de RAM con 128 GB de capacidad hacen de este teléfono un terminal digno de aguantar, como poco, tres o cuatro años.

Se abre el debate de si están justificadas cuatro cámaras, o si es más conveniente tener una –o dos–, más competente que al final mantenga el precio final a raya. Es a lo que intento dar respuesta en el análisis del teléfono más ambicioso de Samsung fuera de sus dos referencias principales, los Galaxy S y Note.

Grandes cambios por dentro y por fuera. El Galaxy A9 de 2018 refresca sobre el mismo nombre de hace ya casi tres años atrás. Mucho ha cambiado desde entonces, desde el formato a las ambiciones de los gama media, donde Samsung encuentra ahora una competencia más dura que nunca.

El degradado se hace mainstream

El modelo entre manos viene dominado por un formato más alargado, color 'Lemonade Blue' en degradado y una tira que acumula cámaras. También disponible en negro y un rosa degradado, su metal y cristal dan una buena sensación en mano. Con sus 6.3 pulgadas, se siente más grande respecto al Galaxy A7 anterior a él y eso es por una razón: porque lo es. Salvo por los primeros indicios de que esto puede dejar de ser así muy pronto, Samsung se ha mantenido decidida a evitar el 'notch' y mantener la simetría frontal a toda costa. Lo hace en su línea S o Note, también aquí.

La pantalla es más alargada que en el modelo de 2016, pero no tanto como otros teléfonos que incluso superan esta diagonal y son hasta más fáciles de manejar. Los 18,5 novenos del A9 frente a los 19,5 de otros incluso más generosos como el OnePlus 6T y sus 6.4 pulgadas se hacen algo largos y anchos de más. Aunque, como yo, vengas de teléfonos contundentes año tras año.

Samsung insiste una vez más en el botón dedicado a Bixby. Tras cerca ya de dos años desde que fuera presentado en el Galaxy S8, el asistente de voz de Samsung sigue disponible únicamente y de forma general en inglés, chino y coreano. Aunque hay esperanza. Si bien no se puede dedicar a ningún uso más, quizá pronto lo veamos hablando la lengua de Cervantes más allá de los S9 y Note 9, a los que ha llegado recientemente. Mientras tanto, se trata de un botón sin uso con dos grandes pegas. La primera, que genera frustración cuando lo pulsas accidentalmente. La segunda, que aunque quisiera usarlo, está demasiado alejado del lugar donde alcanzan mis dedos sin retorcer en exceso la mano.

Al otro lado opuesto –el derecho–, tenemos unos botones de volumen que pueden sufrir de una crítica similar, además de ser poco prominentes y perderse al tacto. A cambio Samsung mantiene un conector de auriculares. Pero olvida la carga inalámbrica o la resistencia al agua, quizá añadidos con demasiados años a sus espaldas como para ser obviados.

Repite la pantalla Amoled, sin demasiadas sorpresas respecto a otros gamas medias de la casa. Se mantiene en la resolución FullHD+ que vimos en el A7, por lo que es algo menos 'afilada' que en aquel. Tampoco es algo de lo que preocuparse en la práctica, salvo a la hora de representar texto diminuto o en contenido más vectorial, del estilo de un PDF o un juego plano.

No se trata de un panel de la calidad más top de la marca, pues cuenta todavía con un tinte eminentemente verdoso, brillos más contenidos o ese efecto arcoíris al inclinarla demasiado. Como es habitual en Samsung, es posible ajustarlo a distintos modos de color, más fieles a la realidad, e incluso ajustes manuales para calibrarla a nuestro antojo. Eso sí, soluciona una de mis quejas predilectas en este tipo de móviles: su panel táctil es rápido. Gracias a esto, podrás escribir a toda velocidad, si quieres.

Memoria para durar, procesador para aguantar

Decíamos que el Exynos de su hermano menor quedaba ligeramente por debajo del Snapdragon 660, lo cual sigue siendo cierto si se le da la vuelta a la frase. El A9 (2018) es un teléfono con un procesador de gama media que llevamos viendo un año largo ya. Se trata de un chip excelente, pero algo antiguo y quizás más adecuado para la versión más reducida y a priori no tanto para un teléfono de estos precios. Este procesador de ocho núcleos fabricado en 14 nanómetros se encuentra ya lejos de la vanguardia actual. Los mejores chips de este año han dado ya un par de saltos sobre este proceso, por lo que son no sólo más potentes a varios niveles sino más eficientes con el uso de la energía.

Y no es que eso sea precisamente un problema de uso genérico, pero tras probar el más reciente Snapdragon 710 en el Oppo RX17 Pro, desde luego sería una muy buena noticia contar con esas capacidades extra. No solo en la CPU, sino en los gráficos, la conectividad e incluso en el procesado de imagen. Teniendo en cuenta que el Mi A2 cuenta con el mismo chip, hay usos donde se le nota algo más suelto debido a un software, más afinado y a mínimos. Aunque no siempre.

Este A9 cuenta con un rendimiento similar al mencionado teléfono de Xiaomi, aunque con una memoria considerablemente más rápida. Además, parte de serie con la configuración de memoria más grande: 6 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento interno que son, además, ampliables.

Por tanto, el desempeño es decente, aunque mejorable. Con esa memoria se hace difícil comprender por qué lleva varios segundos recuperar el control de una ventana de navegador viniendo de otra tarea. Encontramos también algún que otro 'tirón' de vez en cuando, o una interferencia del scroll con según cómo tengamos agarrado el teléfono.

Por primera vez en un teléfono de prestaciones en la gama media, Fortnite sí es compatible con el Snapdragon 660. No se trata de la mejor de las experiencias, pues el rendimiento es algo limitado y se va reduciendo según jugamos y el teléfono coge algún grado –pocos, muy pocos–. De la misma forma, podemos echar alguna partida al PUBG y sí, se nota bastante la diferencia con un superior Snapdragon 710 que echamos de menos, pero podremos jugar y no necesariamente a gráficos mínimos. Eso sí, la experiencia se resiente.

Su batería de 3.800 mAh es acorde al tamaño del teléfono, aunque se encoja ligeramente respecto al modelo anterior. Aguanta sin problemas un día de uso mixto –redes, navegación web, mapas, fotos y algún rato jugando o con música–, incluso habilitando las notificaciones y ejecución de aplicaciones en segundo plano al completo. Con su cargador USB C de 15W en una hora podemos llegar a alcanzar el 70% de autonomía, subiendo algo por encima de la hora y media para la carga completa. Puede no sorprender demasiado, pero es un un tercio menos del tiempo que invertimos con el A7, y se nota.

Es fácil ver que la prioridad de Samsung no está, una vez más, en el software. De nuevo vemos Android 8.0 Oreo bajo el capó, dos versiones por detrás de lo que se espera de un teléfono que aparece entrando en 2019. Soy bastante permisivo en este sentido, siempre que venga acompañado de un ajuste muy fino a lo que se tiene. Y tampoco es el caso. Creo Samsung Experience aporta valor sobre lo que hay, aunque mezclado con un exceso de servicios que añaden demasiado ruido: de la presión con un Bixby inútil a la presencia de toda la suite de aplicaciones de Microsoft –LinkedIn incluido– o Facebook que, para colmo, no se pueden desinstalar sino desactivar. Y aunque lo hagamos, permanecen activos unos 'Facebook services' que no generan demasiada confianza.

Otros detalles dignos de mención:

  • Samsung Pay no es compatible con este teléfono, a pesar de contar con NFC. Toca conformarse con Google Pay.

  • Cuenta con radio FM y una aplicación para ello, gracias a que mantiene su conector de auriculares. Incluye unos en la caja, menos básicos que en el A7.

  • Su sensor de huellas es tradicional, pero no es muy rápido, a pesar de que –viejo truco– tengo mis huellas registradas por duplicado. El contacto no ha de ser muy largo, pero sí tarda algo en activarse el teléfono, por lo que tenemos que pulsar lento y firme hasta que se activa la pantalla. En este sentido, recuerda al estado del sensor de huellas en pantalla, todavía algo verde.

  • El sonido mejora y mucho sobre el Galaxy A7, pero todavía hay un amplio margen. El Mi A2 sin duda más rico.

  • Hay tratamiento oleofóbico en su pantalla. Y aunque no es de lo mejor que sabe hacer Samsung, se agradece.

4 cámaras: versatilidad por calidad

Sin duda el módulo de cámaras es donde brilla la identidad de este teléfono. Si son muchas o pocas lo dejamos para más adelante. Sus cuatro sensores marcan una interminable tira trasera, donde encontramos, de arriba a abajo:

  • Ultra gran angular. Con 120 grados de visión, 8 MP y f/2,4 tenemos un sensor a lo 'ojo de pez'.

  • Teleobjetivo. Con zoom óptico 2x, 10 MP y f/2,4 llega el sensor que promete dejarnos acercar sin pérdida de detalle.

  • Angular. Es la cámara principal, de 24 MP y f/1,7 que aporta toda la nitidez y rango dinámico a las tomas más generales.

  • Profundidad. Un último sensor de 5 MP se dedica a decidir qué está en el plano de enfoque y qué no, de ayuda en el modo retrato para aplicar el desenfoque.

Antes de continuar, veamos también las características generales que marcan la experiencia fotográfica y nos permitirán entender en qué consiste realmente la propuesta de Samsung.

  • No hay estabilización óptica –OIS– de imagen, por lo que si la iluminación no es perfecta tocará confiar y entrenar un pulso de hierro. Sí hay estabilización electrónica en vídeo, hasta resolución Full HD.

  • Las cuatro cámaras no funcionan de forma simultánea en ningún contexto. Cada una tiene su uso. Solo en el modo retrato se suman el angular y el sensor de profundidad.

  • No hay una transición suave entre los distintos sensores. Se produce un salto entre entre los distintos modos de zoom en cada cambio de sensor, que dura algo más de un segundo.

  • No hay forma de saber cuando una fotografía con zoom será tomada con una óptica u otra, salvo en el gran angular. El móvil decide cuál usar y en el visor veremos únicamente ese.

  • El sensor más competente es el principal. Los otros dos tienen una apertura f/2,4 más limitada, un rango dinámico más comprimido y un peor rendimiento en general. Respecto al principal, una misma escena toma el doble de tiempo en ser capturada con el ultra gran angular, el triple con el 'tele'. En situaciones de baja luz lo vas a notar, recuerda: no hay estabilización óptica.

  • Aunque el zoom 2x sea de 10 MP, la imagen se reescala a la misma resolución del principal, generando un archivo de 25 MP.

  • Están presentes los AR Emoji –los Animojis de Samsung que vimos en el Galaxy S9. Puedes hacer un personaje adaptado a tu cara y echar un rato.

En general, diría que la apuesta de Samsung no es tan atrevida como aparenta. Se trata de un sensor más que en el Galaxy A7, el telefoto. Y que suma tres cámaras diferenciadas entre sí, pues muchos fabricantes utilizan el módulo de zoom como sensor de profundidad o pasan sin él –aunque para esto serían necesarios algoritmos de machine learning únicamente al alcance de Apple o Google–. Está bien tener un telefoto, y personalmente me gusta la perspectiva que genera. Pero carece de sentido si el detalle que consigue es hasta inferior al de la lente principal en muchos casos y tiene limitaciones más acusadas.

El super gran angular –que quizás o al menos para mí sea el menos atractivo de todos a priori– me ha sorprendido en este tiempo probando el smartphone. No por su calidad, sino porque genera la imagen que representa mejor la situación para compartir de forma privada. Da una perspectiva mucho más amplia de dónde estás y qué estás haciendo, sin que se note demasiado que estás haciendo una foto a algo.

Sus cámaras, del super gran angular al telefoto 2x consiguen un zoom notable, aunque es fácil no encontrar mucho detalle al acercar:

Super gran angular.

Angular principal.

Zoom 2x
El zoom 2x arroja unas imágenes de aspecto desenfocado y con menos detalle y contraste que el sensor principal

Una comparación del detalle obtenido en un recorte equivalente en ambas tomas:

Angular vs Zoom 2x

El rendimiento en interiores del sensor principal:

Interiores

En la noche, mejor confiar en el sensor principal para situaciones que fuercen el rango dinámico:

Nocturna, angular principal

Su cámara frontal, en modo 'enfoque selfie' genera retratos agradables. Por supuesto, sufre en el recorte de bordes si la escena es demasiado exigente.

Enfoque selfie

En la trasera, no es siempre mejor, si la escena es algo más compleja:

Enfoque dinámico angular principal

Puedes encontrar estas imágenes a su resolución original en esta galería

Conclusión

6
10

Si quieres un teléfono Samsung con gran pantalla, una buena y versátil cámara, bonito, muy potente y con lo último en software por unos seiscientos euros, estás de enhorabuena. Puedes ir corriendo a por el Galaxy S9+ e incluso el modelo anterior. No termino de entender cómo encaja este terminal en la oferta actual de Samsung, si no es a través de las operadoras y con un precio fuertemente amortiguado con el tiempo.

En absoluto es un teléfono que merezca el descarte, de hecho en las primeras semanas a la venta ya es fácil verlo con fuertes descuentos, tanto en Amazon como en eBay u otros distribuidores oficiales, que empiezan a ponerlo en su sitio. Lo que veo claro es que es difícil justificarlo a su precio de salida, e incluso a su precio actual, viendo la dura competencia que impera ya en todas las gamas. Pero que este terminal esté fuera de juego hoy y en el mercado de telefonía libre no significa que lo esté a mediados de 2019. Probablemente entonces pueda justificarse su compra en más circunstancias.

Hay dos puntos de venta a priori potentes en este teléfono: su diseño y sus cámaras. No solo a nivel visual –su trasera es la gran atracción de la feria, pero también la construcción y sensaciones son buenas en mano–, aunque quizá cae algo lejos del nivel y atención al detalle de los gama alta. La cámara, en cambio, cae muy por debajo de las expectativas que genera la marca.


Pros

Diseño. Es atractivo y robusto, aunque algo vacío en su frontal.

Memoria. 6 GB de RAM y 128 GB de capacidad te darán teléfono para rato.

Contras

Sus cámaras. No son lo que uno espera de ellas

Procesador. Un Snapdragon 710 –o 670– encajaría mejor en lo que se espera de este producto.

Software. Aunque conocido y útil en algunos aspectos, es antiguo y no está tan pulido como podría.

Con lo justo. Nada de resistencia al agua o carga inalámbrica. Se echa en falta más atención al detalle.