PlayerUnknown’s Battlegrounds
análisis

PlayerUnknown’s Battlegrounds

Por 22/12/17 - 17:00

Ficha técnica

  • Desarrollador: PUBG Corporation
  • Publisher: PUBG Corporation
  • Género: Battle Royale
  • Plataforma: PC y Xbox One

De la unión de un fotógrafo irlandés y un estudio coreano surgió el que es uno de los fenómenos del año. PlayerUnknown's Battlegrounds se ha lanzado oficialmente al mercado en su versión 1.0 y es hora de hablar del videojuego que ha puesto el género de los battle royale en boca de todos.

Es difícil recordar, en la historia de esta industria, un caso semejante al de PlayerUnknown’s Battlegrounds. No ya por la peculiar historia detrás de su desarrollo, que también, si no porque hablamos de un videojuego que apenas tuvo presencia en los medios y las redes sociales a principios de este año pero que, desde su lanzamiento en Early Access, se convirtió en un auténtico fenómeno de masas.

Son ya más de 25 millones de copias las vendidas en PC desde marzo y más de un millón en Xbox One en apenas una semana. Por el camino, ha destrozado récords de usuarios concurrentes en Steam, domina en Twitch y no parece que esto vaya a frenar a corto plazo pese a la creciente competencia en el subgénero de los battle royale en el que son ya algunos proyectos, como Fortnite Battle Royale, los nacidos a la lumbre del éxito de PUBG.

No cabe duda, PlayerUnknown’s Battlegrounds es el videojuego del año (que no el mejor, ojo) y uno de fenómenos los más sorprendentes de la generación y de la historia del medio. Pero más allá de eso, ¿es la obra de Bluehole Studios y Brendan Greene, ahora conocidos como PUBG Corporation, un videjuego a la altura de las expectativas generadas a su alrededor? Tras casi trescientas horas acumuladas en la versión de Steam, analizamos la versión 1.0 del título.

La premisa del título es tan pura como efectiva: saltamos de un avión junto a hasta otros 99 jugadores para aterrizar en un extenso mapeado y combatir por ser el último que quede en pie y llevarnos la victoria. Pero, seamos justos, PUBG no ha inventado nada. Simplemente, como en la mayoría de los casos de éxito, ha sabido presentar una buena idea de la forma adecuada para atraer al mayor número de gente. El conocido H1Z1 o algunos mods de Arma, en los que el mismo Brendan Greene colaboró, no dejan de ser una experiencia sumamente parecida en su concepto pero que, a la hora de jugar, se siente muy distinta.

Greene comentaba en la interesante entrevista de Danny O’Dwyer para NoClip que simuladores militares como Delfa Force: Black Hawk Down o America's Army fueron algunas de sus principales referencias a la hora de trabajar en este subgénero y eso es algo que se nota y sirve como carácter diferenciador. PUBG es, de entrada, un juego áspero y ciertamente complejo en comparación con el shooter competitivo medio pero que, a largo plazo, sabe encontrar un punto idóneo entre profundidad y accesibilidad.

La balística y su comportamiento, el armamento, su munición y los accesorios o el sistema de curación son algo menos intuititvos y moderadamente más complejos para el neófito que en otros títulos de corte semejante pero son mecánicas de la experiencia y piezas efectivas de un todo que aportan personalidad al conjunto. En apenas unas partidas controlaremos al dedillo todo lo relacionado con estas mecánicas pero, sin duda, PUBG aporta una capa de complejidad adicional con respecto a otros shooters. Asimismo, todo esto repercute en que la diferencia entre jugadores pueda llegar a ser mucho más pronunciada que en otros shooters multijugador.

Y eso, pese a poder suponer una mayor barrera de entrada que termine desanimando a muchos, es lo que hace que el moment to moment gameplay, como dirían los anglosajones, sea tan intenso y satisfactorio como llega a serlo. Gran culpa de ello la tienen, claro, los encontronazos con otros jugadores: que el juego se sitúe en ese punto cercano a la simulación (pero aún así lejos de los simuladores bélicos más puros) y que cada tiroteo no sea coser y cantar consigue que cada bala que impacte en nuestro objetivo sea una pequeña victoria, generando una sensación de satisfacción constante y provocando, en el largo plazo, una curva de aprendizaje muy orgánica. PUBG es uno de esos videojuegos en los que, sin progresión en forma de niveles o desbloqueos (de hecho, el sistema de battle points y cajas de loot es bastante básico y poco interesante) notamos nuestra constante mejora como jugadores.

Esto es algo vital en un videojuego en el que una partida puede llegar a durar algo más de cuarenta minutos y donde el ritmo es un elemento fundamental. PUBG no tiene la inmediatez ni el frenetismo de Call of Duty y es más que probable que termines una partida de media hora habiendo acabado con apenas tres o cuatro enemigos pero que, aún así, haya sido una experiencia de una intensidad brutal. La calma de los momentos centrados en lootear, recorrer el mapa y trazar estrategias en base al cierre del círculo blanco y la cúpula azul no hace más que acentuar la alta intensidad de los tiroteos y momentos de acción. Ojo, habrá partidas (no pocas) que consistirán en andar durante diez minutos en busca de mejor equipo para terminar muriendo en el primer enfrentamiento pero, a base de experiencia, horas de juego y saber dónde aterrizar y dónde no, éstas serán las menos.

Elementos como la lluvia periódica e imprevisible de bombas, las cajas de equipamiento de alto nivel que deja caer el avión cada cierto tiempo y por las que muchos pelean o la aleatoriedad a la hora de definir dónde terminará acabando la partida no hacen más que aportar dinamismo y variedad a la experiencia. Todo ello hace que cada partida de PUBG tenga múltiples microhistorias y, a la postre, hablemos de un videojuego en el que las vivencias y aventuras de cada partida se equiparan, a nivel de importancia y disfrute, a las mecánicas y los sistemas jugables: desde esa humillación a un enemigo armado hasta los dientes a golpe de sartén hasta ese duelo final especialmente tenso y memorable pasando por una épica huida en coche o una emboscada grupal a una squad de incautos. En mis muchísimas horas de juego, PUBG ha sido una fuente inagotable de anécdotas pero, por encima de todo, el mayor divertimento de este 2017.

Y el mérito, además de por la idea inicial, está en haber sabido corregir y hacer crecer la base que llegó a Early Access. Queda trabajo por delante (más sobre esto en breve) pero el apoyo durante estos meses ha sido notable y el PUBG con el que nos encontramos ahora difiere, y mucho, del que encontramos en su puesta a la venta: desde una progresiva optimización gráfica y técnica o nuevas armas y vehículos hasta una interfaz de usuario totalmente rediseñada, nuevos y mejores efectos de sonido y un arduo trabajo a la hora de equilibrar armas e ítems. Y, evidentemente, los dos grandes y recientes añadidos: el sistema de escalada y sorteo de obstáculos y un nuevo mapa, el árido terreno mejicano de Miramar. Si el mapa original, Erangel, era más que suficiente para dar cientos de horas de juego, sin síntomas de cansancio, poder contar con un mapeado de tamaño semejante y mayor complejidad en su diseño, que además juega en favor de que las partidas sean ligeramente distintas.

Eso sí, pese a las desorbitadas cifras de ventas, a la rebautizada PUBG Corp. se le nota la inexperiencia en el desarrollo y hablamos de un videojuego que, pese a encontrarse en su versión 1.0, tiene un largo camino por delante a nivel técnico. No ha sido nunca, ni el primer día ni ahora, tras varias mejoras sustanciales, un portento gráfico pero sí que ha terminado por ser un producto resultón y que no luce del todo mal. Ahora bien, la optimización y el rendimiento distan mucho de lo que debería ofrecer un proyecto con unos ingresos acumulados de alrededor de 600 millones de euros. Todavía hoy, además, no es demasiado difícil toparse con bugs a nivel jugable, físicas que no funcionan del todo bien y una plétora de imperfecciones técnicas y gráficas, como un popping bastante acusado, a mejorar durante los próximos meses. Si a eso le sumamos la mediocre adaptación a Xbox One, queda claro que el equipo debe ponerse las pilas en este sentido.

Otro aspecto vital en un videojuego que reúne a 100 personas en cada partida es el de los servidores. Lo primero que me llamó la atención, hace ya más de medio año, fue la suma eficiencia a la hora de juntarte con otros jugadores y buscar partidas, con un matchmaking mucho más directo y rápido que el de casi cualquier otra propuesta online. Ahora bien, también es cierto que los servidores siguen sufriendo a día de hoy: ayer mismo estuvieron caídos unas pocas horas pero, más allá, suele ser común toparse con el tan molesto rubberbanding. Es cierto que solo suele afectar, en caso de haber problemas, al principio de las partidas pero a estas alturas es algo que deberían haber subsanado por completo.

Con todo, PUBG ha conseguido lo que consiguió League of Legends en su día, también con un videojuego complejo y lejos de la perfección o el nivel de pulido de un título completo y definitivo: democratizar un género en el que ya había un buen puñado de contendientes y colocarse como máximo exponente de lo que es un battle royale. Y esa rotundidad a la hora de proponer una idea y llevarla al papel, pese a los altibajos técnicos o los baches a nivel de servidores y estabilidad, es lo que hace especial a PUBG y lo ha colocado donde está. Lo mejor es que, parece, esto no ha hecho más que empezar.

Conclusión

9
10

PlayerUnknown’s Battlegrounds no es el mejor videojuego del año, el más avanzado técnicamente o el más destacado artísticamente pero, sin duda, es el título más influyente de este 2017 y, más importante, es el que más he disfrutado y me ha divertido.

Es una propuesta directa y sin ambages, algo áspera para los iniciados pero que, tras el tiempo justo, se convierte en una de las experiencias más intensas y memorables de los últimos años. Lo que el estudio pone sobre la mesa es una lección en lo que debería ser un battle royale y sobre ello se construyen las cientos de historias que salen de cada partida, desde esas primeras victorias en las que la tensión hace que nos tiemblen las manos hasta las frustrantes muertes sin saber de dónde vienen los disparos.


Pros

  • Su concepto e idea central. Un diseño puro y sin fisuras.
  • El sistema de búsqueda de partidas y matchmaking.
  • El punto justo de simulación. Cada tiroteo es satisfactorio.
  • El diseño de los mapas.
  • La capacidad de conseguir, con muy pocos elementos, que cada partida sea diferente.

Contras

  • Técnica y gráficamente aún tiene un amplio margen de mejora.
  • Los servidores siguen presentando problemas.
  • La versión de Xbox One dista, por el momento, de estar a la altura de lo que se espera.