análisis

Oppo RX17 Pro

- Nov 29, 2018 - 10:00 (CET)

Ficha técnica

  • Pantalla: 6,4" Amoled

  • Procesador: Snapdragon 710 en 10 nm

  • Memoria: 6/128 GB

  • Cámara principal: 12 MP f/1.5-2.4, 20 MP f/2.6 y 5 MP TOF 3D

  • Cámara frontal: 25 MP f/2.0

  • Batería: 3.700 mAh con SuperVOOC

Oppo aterrizaba finalmente en occidente hace tan solo unos meses. Gigante en asia y completo desconocido por estos lares, va deslizando su catálogo a tierras europeas con la seguridad de que sus cartas son ganadoras o, al menos, auguran buena crítica. El fabricante palíndromo no tiene gama de entrada, quizás todavía. Quizás no quiere que su música suene igual que la del resto de artistas que abarrotan las calles, a los que todo el mundo escucha, pero que captan la atención genuina de solo unos pocos. Artistas que pasan hambre. El Oppo RX17 Pro viene a parchear una oferta que nace desde arriba y sin complejos.

"Oh-poh", que le dicen ellos, cumple en 2018 una década fabricando teléfonos. Eso se nota. Segundo en China tras Huawei, sumando por delante únicamente a Apple y Samsung a nivel mundial en fabricación, pelea con Xiaomi por el cuarto puesto al cierre de año y acumula una distribución que ronda los 100 millones de smartphones anuales. Eso es experiencia y también se nota en el producto.

El Oppo RX17 Pro se baja de los mil euros, pero se da aires de los gama alta que alcanzan etiqueta de cuatro cifras. Con reservas, claro. Desde 599 euros, el teléfono es una declaración de intenciones de la marca: dar la nota, pero hacerlo asegurando una buena experiencia. Es claro que bebe de la misma fuente que los grandes, incluyendo varias de las tendencias e innovaciones que hemos visto acentuarse a lo largo del año:

  • Todo pantalla.
  • Notch mínimo.
  • Carga ultrarrápida.
  • Sensor de huellas en pantalla.
  • Modo noche y retrato mejorados.
  • Generosa memoria.
  • Gorilla Glass 6.
  • Adiós al jack de audio.

Como decía, la estrategia sorprende. Hay grandes diferencias con otros venidos de China antes. Huawei lo hizo de la mano de operadoras, mucha publicidad y precios muy agresivos mientras la calidad de los terminales iba creciendo. Hoy ya nadie duda de ésta. Xiaomi usó su fórmula particular: ventas a ras con los márgenes, que le aseguran un volumen enorme en una calidad siempre más que suficiente. Oppo parte de cero, aunque con una calidad que considera que ya está lista para el prime time: si va a competir contra Samsung o Huawei, quiere estar a su altura y con todo.

Volviendo a lo físico, si este recuerda al OnePlus 6T, es porque una razón para ello: sale de las mismas fábricas. De la misma forma a cómo los fabricantes de automóviles colaboran entre ellos y en ocasiones algunos coches comparten el diseño en su plataforma. El refrescado terminal de la eterna startup está basado en el Oppo R17, precursor de este teléfono en otros mercados, y algo menos ambicioso en prestaciones, claro.

Bruma radiante

Estamos ante un smartphone de dimensiones generosas, aunque ni más ni menos que la norma actual. Su colorido cuerpo de aluminio de casi 8 milímetros de grosor se siente bastante menos sensacional en mano que el Find X. Y eso es porque lo es. También es obviamente más tosco, aunque también más cómodo. Su pantalla plana frente a la curva de aquel lo hace menos llamativo por el todo-pantalla y aparentar un mayor grosor, cuando es precisamente al revés. A esto ayuda su módulo de cámara, alargado y eminentemente protuberante, que lo distancia de la mesa al estar apoyado. Este a su vez hace las veces de 'ancla' de la que carece el otro modelo, evitando deslizamientos involuntarios que puedan acabar en tragedia.

Bajo el terminal está el altavoz, que suena muy intenso pero algo menos rico de lo mejor que sabe hacer Oppo. Tampoco aquí hay jack de auriculares, pero incluye unos por USB C en la caja que –a pesar de apariencias, donde fusilan a los EarPods sin sonrojarse y en una construcción cuestionable–, sorprenden por su buen sonido. Encontramos además el fantástico cargador de 50 W –del que hablaremos– y una funda de gel TPU con la que proteger el teléfono. Su pantalla viene de serie protegida con un film más decente que en la mayoría de teléfonos que lo traen, lo cual se agradece. Yo lo quité a los pocos días en aras de una mejor respuesta táctil. Me fío del más resistente Gorilla Glass 6, aunque es una pena no ver un tratamiento oleofóbico a la altura de los gama alta.

La versión analizada, que llaman Radiant Mist, tiene un marco de aluminio y una trasera en cristal mate muy agradable y resistente a arañazos. En su interior, una película degradada entre el azul eléctrico y el púrpura difumina la luz dando un aspecto llamativo. Similar –pero tampoco mucho– a lo que vimos con la versión Twilight del Huawei P20 Pro y que tantos han repetido en estos meses, aunque esta con un aspecto más llamativo, por llamarlo de alguna forma. El marco, también tintado, hace su parte. Por suerte para quienes sea esto lo que eche para atrás con este teléfono, hay una versión Emerald Green más convencional en un verde profundo.

Al frente un panel OLED de 6,4 pulgadas FullHD+ de formato alargado 19,5:9 nos recuerda de nuevo al Find X. No en su 'notch' en forma de gota de agua, que vemos en el citado OnePlus 6T y en el Huawei Mate 20 en su versión básica. Hay espacio para un pequeña cámara frontal de 25 MP y para el sensor de brillo. Su funcionamiento es algo errático: ajustar el brillo manualmente es habitual con el RX17 Pro.

El panel OLED debe ser muy similar al del Find X, si no el mismo, eso es bueno en varios frentes. Su brillo máximo parece calcado, no es el mejor, pero es decente y la visibilidad exterior resulta buena. En cambio, en este teléfono vemos un ligero efecto arcoiris al inclinarlo demasiado, no presente en el otro terminal. Tampoco dispone de modos de color, pero su pantalla está algo menos saturada que la de aquel, aunque algo más fría todavía. Estos efectos son sutiles, y los reconocerá únicamente el ojo más entrenado.

Bajo la pantalla se encuentra el sensor de huellas presente también ya en algunos teléfonos. La sensación que se lleva uno es la de que Oppo lo incluye simplemente porque puede. Es llamativo y la posición es buena, funciona bien, pero es más lento que los tradicionales. Además de que es fácil no acertar en su posición exacta: hay que mirar. A cambio, la cámara frontal puede sumarse al desbloqueo, de forma que el método más rápido es el que funciona. Habitualmente, será la cámara. Indudable de no ser porque el desbloqueo facial no nos lleva al menú principal, sino que se mantiene en la pantalla de bloqueo y requiere un gesto adicional. En la oscuridad, eso sí, será la huella única protagonista.

Rendimiento el necesario, autonomía de sobra

El Pro de este Oppo RX17 viene de su procesador. En una versión regional distinta cuenta con un Snapdragon 670, que en este sube al 710. Se trata de una serie más reciente –este es de los pocos teléfonos que hemos visto con él– y con tecnologías más potentes de las que pueda dejar entrever su nomenclatura. Hablar de procesador es un abuso del lenguaje, pues hay muchos módulos integrados en él, además de la propia CPU que le da vida. En este Snapdragon 710:

  • Fabricación en 10 nanómetros, con mejor eficiencia energética, al nivel de los procesadores más avanzados de Qualcomm.
  • CPU Kryo 360, basados en diseños de ARM Cortex A75 –de los cuales hay dos– y A55 –seis–. Esto es, núcleos como los del Snapdragon 845 hasta 2.2 GHz, por los 2.8 de aquel.
  • GPU Adreno 616, también de nueva generación.
  • DSP Hexagon 685, a modo de chip tensorial para tareas de aprendizaje automático (IA).
  • ISP Spectra 250, encargado del procesado de la imagen, que cuenta ahora con mayor potencia para procesarla. Esto solo puede significar una cosa: mejores fotos.
  • Módem LTE X15, de categoría 15/13 en descarga/subida, que permite conexiones de hasta 800/150 Mbit/s.

Como vemos, se trata de características que se aproximan mucho más a las del procesador de referencia en Android en 2018 reducido–aunque esté próximo a ser renovado– que a las de un procesador de gama media pasado de vueltas. Y eso marca cierta diferencia. En general, se siente muy próximo a un gama alta. Como un gama alta del año pasado, que en algunos usos mixtos tose un poco. Con sus 6 GB de RAM y sus 128 GB de almacenamiento hay teléfono para rato, aunque la gestión de toda esa memoria deja que desear: despacha aplicaciones que deberían permanecer ahí, cuando todavía quedan 2 GB libres o más. En materia de rendimiento vemos que el Snapdragon 710 se porta. También en juegos, cumple a medias: resulta sencillo ganar una partida al PUBG en calidad alta y sin problemas pero su GPU "no es compatible" con Fortnite, al menos de momento.

Al final, vemos que en este RX17 Pro el acercamiento es quizás el opuesto al del Pocophone F1. Donde aquel racanea en todo lo que no es imprescindible, Oppo sube el nivel con añadidos como los que avanzaba más arriba. Lo hace, claro, a costa de doblarle el precio. Y es ahí donde entran las dudas más serias sobre un terminal que, a priori, trae unos buenos esquemas.

Y eso es en gran parte gracias a su software, que funciona decentemente. Sin llegar a dar la sensación de que aproveche tanto los recursos de que dispone, como en el Mi A2. Si tuviera que situar el rendimiento de este teléfono entre el Mi A2 y el Find X, y aunque en cifras se acerca más al de Xiaomi que a un gama alta con todas las letras, se palpa que estamos ante un terminal superior al Android One de Xiaomi. También en la calidad de la memoria. Cubre, eso sí, una de las quejas más recurrentes de estos teléfonos con precio 'contenido', si es que este lo es: la pantalla responde rápido –tampoco muchísimo– y puedo escribir a toda velocidad sin frustrarme.

El RX17 Pro llega con una batería formada por dos celdas de 1.850 mAh cada una. Nada más relevante que el dato mismo, parece, teniendo en cuenta que el Find X ya contaba con el mismo cargador SuperVOOC de 50 W que este y cargaba en un tiempo similar. Pero entremos ahí. El apartado de carga y autonomía marca aquí las líneas de lo deseable en un teléfono a estas alturas. Es impresionante lo que es capaz de hacer un cargador de estas proporciones, que sería capaz de cargar un portátil sin mayor problema.

Desde que estoy usando estos teléfonos –RX17 Pro ahora y el Find X antes de él– con SuperVOOC, mi forma de cargar el móvil ha cambiado. Ya ni me molesto en ponerlo a cargar por las noches, pues sé que en una media hora va a estar a máximos. Esto se puede hacer por la mañana mientras te pones en marcha o en cualquier otro momento del día.

Como decía, el Snapdragon 710 de este súper gama media y su eficiencia apuntan maneras. En el día a día cumple con una autonomía más que suficiente, quizás hasta demasiado. Y es que aunque aguanta hasta un día y medio de uso bastante intensivo (fotos, música, uso a pleno sol y navegación web en cantidad) y lo hace sin calentarse, lo hace a costa de una agresividad imperdonable con los procesos en segundo plano y a costa de sus notificaciones en una buena parte de los casos. Algo que no me ocurría con el Find X, entrar a una aplicación y ver cómo se cargan las notificaciones que no sabías que echabas de menos durante horas –e incluso días–, no podía ser más frustrante.

Lo peor es que, tras casi diez días con el teléfono y varias combinaciones de ajustes –hay varios relacionados a esto y en varias secciones, por defecto en la más restrictiva de sus formas–, ha sido en el último en el que he descubierto que hay una forma de arreglar (parcialmente) esto. En Ajustes > Gestión de aplicaciones, podemos seleccionar una a una y para un máximo de cinco el permiso de inicio automático.

Es una pena que este teléfono no llegue con la última gran versión de Android, que ya podríamos esperar a estas alturas, aunque sí estrena una pequeña actualización sobre su capa de personalización. ColorOS 5.2 llega en este móvil y acaba de aterrizar también en el Find X, corrigiendo una de las cosas más molestas que tenía: no poder descartar notificaciones deslizándolas hacia los lados. Puede parecer algo menor, pero cuando realizas el gesto varias decenas de veces al día, tener que tocar una vez más el teléfono cada una de ellas acababa desesperándome. Eso sí, mantiene aplicaciones preinstaladas como Facebook u Opera, que al menos se pueden desinstalar.

Hay otras novedades en ColorOS 5.2, como la mayor facilidad para editar y compartir de forma rápida las capturas de pantalla que se realiizan. Nunca he entendido por qué esta función no viene de serie con el sistema operativo desde hace años. Se añade también un panel lateral como el 'Edge Panel' de los Galaxy, con accesos rápidos a aplicaciones, aunque en su diseño parece que aporta poco. En cualquier caso, es de esperar que a partir de primeros de 2019 reciba actualización del sistema con el también presentado hace unos días ColorOS 6 –esperemos sobre Android Pie–, aunque no hay confirmación oficial al respecto. Con esta versión prometen instalar un sistema de aprendizaje automático que, esperamos, aprenda del uso que damos al móvil para condenar a la oscuridad menos aplicaciones por defecto.

Tres ojos, una cámara real

Oppo ha apoyado buena parte de la razón de ser del RX17 Pro en su fotografía. Bajo el eslogan 'Seize The Night' (Aprovecha la noche) se presenta un módulo de tres sensores que viene cargado. Uno de ellos es el detector de profundidad –que llaman TOF 3D–, para aplicaciones como realidad aumentada y fotos en tres dimensiones, aunque no está activo todavía. Vemos dos cámaras propiamente dichas, la principal con 12 MP y apertura variable en rango f/1,5-2,4 y la segunda con 20 MP y f/2,6, que es la que se encarga de complementar a la principal para el modo retrato.

No es posible controlar la apertura mediante el modo 'experto', por lo que tampoco es posible apreciar su efecto. Esta característica, que ya vimos en el Galaxy S9, añade algo de detalle a la fotografía diurna y algo de luz a la nocturna. No está mal, pero no supone ninguna mejora drástica. En general, el nivel de detalle en las imágenes es extremadamente parecido al obtenido con el Find X. Quizá este último rescata algo más, y las sombras en algunas tomas, probablemente debido a un procesado más potente y un sensor principal con una resolución superior.

Ahora está en boca de todos la fotografía computacional y la fotografía asistida por inteligencia artificial. También aquí, aunque en mi uso no he conseguido detectar en la práctica diferencias con el modo automático normal. En el RX17 Pro llega además un modo Noche, que básicamente realiza un HDR más brusco que toma 3 segundos para exponer. ¿El resultado? Un absoluto desastre: cuando mejor funciona es cuando todavía queda luz, tambien quizá porque es más difícil apreciar sus efectos.

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La fotografía diurna cumple, aunque como suele ocurrir en terminales de estas gamas, sufre para reflejar texturas en sombra y resaltar con naturalidad los colores. Por suerte o por desgracia, el modo IA apenas afecta al procesado de la imagen.

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En interiores y situaciones de baja luminosidad, el detalle que recoge este RX17 Pro parece relativamente bien conservado. Cuando las condiciones son extremas, como en esta última imagen, lo reconoce y se activa un modo que mejora la foto convencional si estamos completamente parados.

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Como es de esperar, el modo retrato con la cámara principal –abajo–, es mucho más potente que con la frontal. Esta última suele hacer un trabajo más que decente con el recorte de bordes. Aun así, resulta inexplicable cómo no utilizan ese sensor TOF 3D para completar esta información y hacerlo mucho más resistente a artefactos.

Como vemos, el modo noche mata las fotografías aplicando un efecto exageradísimo y de otra época. Se trata de un modo HDR ampliado –nada de fotografía computacional en su sentido moderno– que empuja la saturación hasta arriba. Al menos, con el modo Experto y jugando con los ajustes –estabilizando el móvil y restringiendo ISO para escenas estáticas– los resultados son mucho mejores, también gracias a la estabilización óptica de su lente principal.

Por último, Oppo se suma a una interpretación propia de los Animojis que llama Omojis. El funcionamiento en ocasiones es el que es, pero resulta curioso y como poco te garantiza unas risas. Básicamente caracteriza un avatar con tus rasgos, pegando sobre él directamente algunos de ellos como las cejas, imperfecciones o las mismas ojeras. También hay una docena de animales donde elegir.

Puedes encontrar estas imágenes a su resolución original en esta galería.

Conclusión

6.5
10

He pasado de puntillas sobre el hecho de que este teléfono cuesta 599 euros para intentar aislar sus capacidades de lo competitivo que realmente es y lo que me parece un gama media casi redondo. Es claro que Oppo sabe llegar a más y ser espectacular –puedes acceder a ello por 400 euros más–, pero se ve nítido aquí que la intención no es esa si dejamos de lado el lector de huellas en pantalla, que todavía no se justifica y es pura diferenciación.

En el resto vemos un teléfono que rinde estupendo salvando el 'pero' de la agresiva gestión de RAM, que puede ser corregida. Snapdragon 710, cantidades de memoria, carga ultrarrápida SuperVOOC o todo pantalla son un acierto. Punto a favor por el NFC, pero volviendo la vista al precio se echan en falta la resistencia al agua o la carga inalámbrica.

Es una lástima ver como un modo noche realmente terrorífico empaña una buena experiencia en la gama media. Nada obliga a usarlo, claro, pero ahí está. El modo retrato sí hace su trabajo de forma sorprendente perfilando los bordes, tanto que llegué a pensar que era gracias a su sensor TOF 3D. Aunque ha mejorado donde más falta le hacía, el software es todavía una pata a calzar, pero ya se sabe: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey.

Son seiscientos euros y, por decente que me parezca el terminal en sí mismo, se me hace difícil calificar esta de buena compra. Gamas alta del año pasado e incluso de este mismo año cierran tan bien o más prácticamente todos –salvo en la carga rápida– los apartados donde aporta algo que no da el Xiaomi de turno. Si quieres más, tienes acceso a teléfonos ya fuertemente aterrizados como el Galaxy S9 –no digo ya S8–, Pixel 2 XL, Huawei P20 Pro, OnePlus 6 y 6T... la lista es larga.

Sin marca en Europa y con canales de distribución todavía demasiado estrechos y atados a precio oficial en España –El Corte Inglés, Fnac, MediaMarkt y Movistar–, ojalá me equivoque, pero tiene un reto muy pero que muy difícil por delante.


Pros

  • Experiencia. Completar el producto con una filosofía del buen uso, con calidad por delante.
  • Autonomía y carga rápida. Difícilmente te dejará tirado. Si lo hace, en solo 15 minutos tienes más de media batería para seguir al quite.
  • Potencia justa. El Snapdragon 710 es redondo para la mayoría, que ahorra costes y en batería.

Contras

  • ColorOS. Elige por ti lo que es prioritario y lo que no, erosionando erosiona su fiabilidad con ausencia de notifiaciones.
  • Desbloqueo. Dos métodos mediocres no suman uno robusto, pero tampoco generan titulares. Este sensor de huellas no está justificado.
  • Su precio, un golpe de realidad: siendo buen gama media, hay mucho mejores gama alta por este precio.