análisis

Motorola One Vision

- May 23, 2019 - 16:12 (CET)

Ficha técnica

  • Pantalla: IPS LCD 6,3 pulgadas
  • RAM / Almacenamiento: 4 GB / 128 GB
  • Cámara trasera: 48 MP f/1.7 + 5 MP f/2.2
  • Cámara frontal: 25 MP f/2.0
  • Procesador: Exynos 9609
  • Batería: 3.500 mAh
  • Precio: 299 euros.

Una de las compañías que ha conseguido establecerse como referencia en la gama media con el paso de los años ha sido Motorola, espoleada especialmente por su gama G, que aunque le ha proporcionado más alegrías en el pasado que las que le ofrece a día de hoy, continúa siendo garante de la calidad de la marca ahora propiedad de Lenovo. Así lo quiere seguir siendo en el futuro, para lo cual se quiere ayudar con apuestas que se inclinen más hacia el refinamiento para diferenciarse del smartphone enfocado puramente al bajo coste.

Es el caso de lo más reciente de la firma, el Motorola One Vision, que supone la continuidad por el sendero de Android One, abierto el pasado año con el Motorola One. Cada vez son más los fabricantes que entienden que para ofrecer una experiencia sólida sin cabida al error –primando por encima de todo la funcionalidad, que es lo que busca el usuario de terminales de gama media– lo mejor es aferrarse lo que Google entiende como un software sin florituras, siendo esta una decisión más que acertada viendo las alternativas que en ocasiones ofrecen las marcas a través de una personalización del sistema poco coherente o chapucera.

El Motorola One Vision parte ahí con cierta ventaja, por tanto, para aquellos que quieran disfrutar de un Android sobrio, pero la firma ha ido recogiendo por el camino creativo otros elementos tendencia del momento, como la cámara frontal perforada en la pantalla, o llamativos para conseguir un extra de atención, como el formato del panel en 21:9. ¿Está el resultado de todo ello a la altura de lo que uno esperaría de un terminal en 2019?

Cuando tu mayor virtud es también tu principal defecto

Observar y utilizar el Motorola One Vision provoca, de manera inevitable, que la atención se desvíe de manera recurrente hacia su formato. La apuesta ultrapanorámica no es común de ver hoy por hoy y es, desde luego, un elemento diferenciador como pocos, al menos en lo que a estética se refiere. Lo es también en el uso del dispositivo para las tareas cotidianas –navegar, mandar mensajes–, puesto que la estrechez resultante de esta singularidad provoca que el teléfono no sea incómodo de utilizar o sujetar con una sola mano a pesar de sus 6,3 pulgadas de pantalla.

Ahora bien, ningún fabricante se inclina hacia un panel de estas características sin perseguir como objetivo primario el consumo de contenido multimedia en disponible en dicho aspecto. Y aunque hay que reconocer que visualizar películas, por ejemplo, en 21:9 es una experiencia que mejora en gran medida por lo que al aprovechamiento de la pantalla se refiere frente a smartphones más tradicionales, la realidad es que no resulta demasiado útil en términos prácticos por dos razones fundamentales.

La primera de ellas es que no hay demasiado contenido que esté grabado de manera nativa en este formato, por lo que en una gran parte de las ocasiones el resultado será contar con grandes franjas negras a ambos lados de la pantalla –en horizontal, se entiende–, que además provocarán que lo que se muestra sobre la misma sea menor en superficie respecto a cualquier otro terminal con un formato no tan alargado. Por ejemplo, en el Google Pixel 3a XL (de 6 pulgadas de pantalla) se aprovecha generalmente más el contenido, dado que en series y otros metrajes se encuentra grabado en 16:9. Esto se acentúa en el caso de muchas de las producciones de Netflix, que hacen uso del formato 18:9, alrededor del cual se mueven muchos de los principales dispositivos del mercado.

Por otra parte, la perforación de la cámara frontal está rodeada de grandes marcos –casi 7 milímetros en total– provocando una zona dedicada a la barra de notificaciones a todas luces demasiado grande. El espacio que queda desaprovechado, como se observa en la imagen superior, es apreciable.

Hablando de Netflix, es necesario mencionar que aplicaciones como esta impiden, además, hacer uso del formato 21:9 propiamente dicho, dado que interpretan la zona ocupada por el agujero de la cámara como no útil, recortando esta parte. Es decir, se pierde el principal atractivo del dispositivo. Para más inri, Netflix no permite que el Motorola One Vision reproduzca contenido en HD, a pesar de que su pantalla cuenta con resolución Full HD. Otras como YouTube, en cambio, sí permiten realizar una ampliación que abarque más allá del agujero de la lente.

En aplicaciones como Netflix, la zona del agujero de la cámara queda inutilizada e impide aprovechar el formato 21:9.

Otras, como YouTube, sí extienden el contenido a todo el frontal.

Vale la pena destacar en el apartado multimedia la ausencia de altavoces en estéreo, uno de los requisitos que debería ser imprescindible para un teléfono que, como ya se ha mencionado, se encuentra claramente inclinado en este sentido. Encontramos, eso sí, una entrada para jack de 3,5 milímetros en su parte superior, la cual uno observa incrédulo pensando en que lo útil de verdad para ese espacio habría sido incluir un segundo altavoz para reproducción.

Competente en rendimiento, no tanto en fotografía

Motorola monta en el One Vision 4 GB de memoria RAM y, sorpresivamente, hace uso del procesador Exynos 9609 de Samsung, siendo esta la primera vez que vemos a este último en un smartphone. Se trata de una versión acotada en su rendimiento del Exynos 9610 que encontramos en el reciente Samsung Galaxy A80, y lo cierto es que sienta muy bien al terminal que hoy nos ocupa, apuntalando un comportamiento solvente no solo en las tareas más cotidianas, sino también cuando se enfrenta a algunas más exigentes, como videojuegos que requieren grandes recursos gráficos.

La autonomía no es mala, pese a que los 3.500 mAh de los que dispone se antojan algo escuetos teniendo en cuenta el ritmo actual del mercado, pero lo cierto es que la gestión del sistema permitirá llegar al final del día sin apuro alguno haciendo un uso sostenido del mismo. Dispone de carga rápida a 15 W, no así de carga inalámbrica, algo que se echa de menos teniendo en cuenta su trasera de cristal y lo que eso supone en términos de peso y grosor.

La cámara es uno de los aspectos en los que el Motorola One Vision no consigue redondear la experiencia, dado que sus resultados son inconsistentes por norma general, a pesar de que su sensor principal de 48 megapíxeles con tecnología Quad Pixel (que combina cuatro píxeles en uno solo para dar como resultado una mejor imagen de 12 MP) apuntaba a unos resultados más que correctos. Las fotografías no son malas, por supuesto, pero sí se echa en falta más detalle y un tono de color más acertado en términos absolutos.

Las imágenes resultantes suelen tender hacia la calidez y los tonos magenta, alterando en cierto modo lo que uno observa en la realidad. El balance de blancos es mejorable, así como la recogida de las sombras y la exposición, donde también suele apreciarse una falta de consistencia recurrente. No hay que perder de vista que nos encontramos ante una cámara de un terminal de gama media, pero en su rango hay otros que consiguen resolver de mejor forma el conjunto de las situaciones planteadas.

A esto último se le suma una interfaz de cámara en la que opciones como el modo retrato o nocturno requieren de un paso adicional, pues no se encuentran entre las opciones de acceso directo. El Motorola One Vision presume, precisamente, de haber mejorado notablemente las capturas en baja luminosidad con su modo Visión Nocturna, y lo cierto es que los resultados son más que aceptables teniendo en cuenta las premisas anteriores. Por norma general, permitirá obtener fotografías mucho más aprovechables que sin este activado.

Conclusión

7
10

El Motorola One Vision es un terminal capaz con unas prestaciones que son más que suficientes para el segmento al que se encuentra enfocado. Los 4 GB de RAM en ocasiones dan lugar a que las aplicaciones se cierren en segundo plano en lugar de conservarse abiertas, pero nada demasiado recurrente. Los 128 GB de memoria, cambio, son un rara avis por el precio que tiene el terminal y hacen que nos olvidemos por completo de buscar alternativas de almacenamiento.

No es el dispositivo ideal para quienes más les gusta fotografiar, pero su polivalencia sí lo convierte en solvente ante el conjunto de situaciones diarias. Pese a ello, el mercado de gama media aprieta cada vez más y se lo pone difícil a este smartphone si tenemos en cuenta las alternativas presentes a día de hoy.


Pros

  • Manejable a pesar de su gran pantalla
  • Rendimiento sin trabas
  • Android One

Contras

  • Sin altavoces estéreo
  • Cámara inconsistente en sus resultados
  • El agujero de la cámara frontal es demasiado grande