análisis

Mac mini (2018)

- Nov 15, 2018 - 17:27 (CET)

Ficha técnica

  • Procesador: Intel Core i7 de seis núcleos a 3,2 GHz
  • RAM: 32GB
  • SSD: 1TB
  • Gráficos: Intel UHD Graphics 630

La esperada renovación del Mac mini se ha materializado en un equipo continuista que apela a un conectividad sin precedentes en un equipo de Apple y unas especificaciones altura de la mayoría de usuarios, cuyo mayor escollo es un precio un tanto elevado para el modelo de entrada y una gráfica que se queda corta en casi todas las situaciones.

El Mac mini es, sin duda, el equipo más versátil de Apple. Históricamente, ha sido el modelo más económico de la compañía por llevar implícito en su concepción que sea el usuario el que incluya pantalla y periféricos. También ha sido una plataforma de experimentación para Apple: de ordenador de entrada con componentes de portátil ha pasado por servidor, hasta llegar a ser un dispositivo completo con especificaciones de alto rendimiento.

Por ello, su ausencia de renovación, hasta el pasado evento de Apple, era un factor que pesaba sobre un portfolio que más o menos cumplía con las necesidades de los usuarios, pero que dejaba huérfanos a aquellos que buscaban algo más comedido para reemplazar su equipo de escritorio manteniendo el resto de factores. La respuesta de Apple ha sido la de evolucionar el concepto, pero con la misma esencia del Mac mini de la generación anterior.

Sorprende que Apple acertase a tal nivel con el diseño del equipo. Se ha mantenido sin apenas cambios desde hace diez años, pero ha sufrido ciertas variaciones respecto a la versión del servidor y el color de la última actualización. El space gray característico de los nuevos modelos de alto rendimiento de Apple como el iMac Pro o con MacBook Pro ha llegado para ocupar el puesto.

Por el camino se han quedado algunos viejos conocidos. La nueva entrega dice adiós al puerto por infrarrojos, que sin duda era un añadido muy interesante para los usaban el equipo de Apple bajo la tele por sus reducidas dimensiones. Además, la lista de especificaciones se ha puesto al nivel del resto de los dispositivos de la compañía. Ahora estamos ante algo extremadamente versátil, que no sacrifica el rendimiento por el diseño y las posibilidades que ofrece un ordenador de estas dimensiones.

Exteriormente es idéntico al Mac mini que llevamos viendo en las estanterías de Apple desde 2010. Solo la mencionada ausencia de infrarrojos delanteros y el cambio al space grey de Apple nos dan pistas, exteriormente, de que todo ha cambiado en su interior. Quizás, de este apartado, el cambio de puertos es lo que más llama la atención. Y es que, sin duda, Apple ha pensado en el futuro del equipo, y las tasas de renovación de los usuarios, para dotar al nuevo Mac mini de cuatro puertos Thunderbolt 3 (USB‑C) compatibles con DisplayPort, Thunderbolt (hasta 40 Gb/s), USB 3.1 Gen 2 (hasta 10 Gb/s) y totalmente compatibles con Thunderbolt 2, HDMI, DVI y VGA. Además de dos puertos USB tradicionales que garantizan la compatibilidad total con todos los periféricos actuales del mercado y lo que vengan en el futuro con USB-C.

Perdemos, además, el lector de tarjetas SD y la salida digital, pero la incorporación de un buen número de puertos suple cualquier carencia. Especialmente de cara a un futuro abocado a la aceptación y estandarización de la serie C de USB en casi todos los dispositivos que dependan de un cable para conectar a otro sistema.

Si los equipos de escritorio tienen, a día de hoy, tasas de actualización extremadamente reducidas –al menos en el mercado del consumidor–, Apple se ha asegurado que en los próximos años, mientras dura la transición hacia esa utopía sin cables, el Mac mini pueda con todo tipo de periféricos. Y también para el profesional que pueda emplear el ordenador como parte de una estación servidor (Apple ofrece una configuración especial para estos casos que incluye Ethernet a 10 Gb).

Sobre las especificaciones se abre todo un mundo. Cada usuario tendrá unas necesidades concretas, y fuera del nicho del profesional, el equipo de entrada está bastante balanceado para las necesidades actuales y a medio plazo de un usuario común. Además, el Mac mini permite cambiar la RAM fácilmente, por lo que el escollo de que se quede corto a medio plazo está más o menos solventado. Cuestión aparte es el precio: puede que para el modelo de entrada sea ciertamente elevado, pero dentro de las alternativas del ecosistema de Apple sigue siendo muy atractivo. Recibimos más potencia que los portátiles de entrada de la compañía, más puertos que los equipos profesionales y un equilibrio entre versatilidad y potencia bastante interesante para (casi) cualquier tipo de usuario.

El modelo que hemos probado está, seguramente, por encima de la media de uso de un usuario doméstico. Se trata de la versión con Core I7 a 3,2GHz, 32GB de RAM y 1TB de SSD, cuyo precio roza casi los 3.000 euros sin incluir periféricos, por lo que está más enfocado a un profesional que al público masivo de este equipo. Huelga decir que el desempeño del Mac mini es excepcional en todas las tareas a las que le hemos puesto a prueba: procesado y edición de vídeo en 4K o procesado masivo de fotos en segundo plano.

Quizás la única pega en el apartado especificaciones se la lleve una gráfica integrada que, pese a estar por encima de la de otros equipos, sí que se puede quedar corta para los más exigentes. Incluso para aquellos profesionales que vean en el Mac mini un ordenador secundario a su estación de trabajo. Y es que tanto el modelo de entrada, que parte de los 899 euros, como el más potente que ofrece Apple comparten la misma gráfica integrada.

Si bien este escollo es fácilmente solucionable con la inclusión de una GPU externa, gracias a los puertos de alto rendimiento del equipo, esta ya supone un desembolso extra que muchos no estarán dispuestos a hacer. Además de que supone una pérdida de esa versatilidad que otorga un tamaño tan portable y reducido. Se trata de un contra que cada uno tendrá que valorar en función del uso que le vaya a dar al dispositivo, pero es algo muy a tener en cuenta si tus necesidades requieren gráficos de alto rendimiento.

El resto de sensaciones a la hora de trabajar con el Mac mini no han cambiado. Sigue siendo tremendamente silencioso, incluso a la hora de realizar tareas muy exigentes. Aunque sí es cierto que tiende a alcanzar temperaturas superiores al modelo anterior en situaciones de alto rendimiento, pero no es algo destacable desde el punto de vista del uso. En cualquier caso, seguramente se trate de una apreciación personal puesto que los valores de temperatura se han mantenido, incluso, más bajos que el mismo modelo de 2012. Lógicamente el paso del tiempo también ha hecho lo suyo respecto a ventilación del Mac mini.

En definitiva, la experiencia estará al nivel de los periféricos que acompañen al Mac mini, una buena pantalla 5K, y los elementos de Apple a juego con el nuevo color del equipo de escritorio de Apple. Como equipo independiente es una apuesta segura, desde la versión más básica, suficiente para un público poco exigente y enfocado a tareas relativamente sencillas (para todo lo que pueda dar de si un i3), y un acierto para aquellos que, con un presupuesto más holgado, puedan permitirse una mayor inversión en procesador y, a más medio plazo de RAM.

Los mayores perjudicados con este Mac mini serán aquellos que busquen un equipo con una tarjeta gráfica dedicada potente, que en la mayoría de los casos será suficiente pero algo escasa para acabar de cerrar un equipo al que se le antoja una duración mayor a la un portátil por el concepto y por ser un versión de escritorio. No es una cuestión baladí, no puede ser modificada, y la única solución a largo plazo para aquellos que necesiten algo más tendrá que recaer en un eGPU, que acertadamente será el mejor complemente para acompañar una máquina que ha demostrado ser uno de los puntos de partida más interesantes del ecosistema de Apple, al menos desde el punto de la relación entre el precio/prestaciones.

Conclusión

8.5
10

El Mac mini, renovación inclusive, sigue siendo la mejor puerta de entrada al ecosistema Apple. La experiencia de uso sigue siendo formidable en todos los aspectos y la única crítica que se puede echar en cara es una gráfica un tanto corta para un equipo pensado para durar mucho tiempo. Para los que vengan del modelo anterior, la pérdida de soporte para IR hace que quizá no sea ya la mejor alternativa para poner debajo de la TV, pero sigue siendo igual de componente en términos de diseño y dimensiones comedidas.

Aunque el modelo de entrada puede quedarse un tanto escaso en relación con el precio, sigue siendo la máquina más interesante de Apple para todos aquellos que no quieran realizar un gran desembolso y aprovechen los periféricos y monitor de otro equipo. En su rango más alto, es una máquina apta incluso para profesionales que no necesiten grandes capacidades de GPU en su día a día o para aquellos que busquen un máquina secundaria acompañada de una eGPU.


Pros

  • Mantiene el diseño y la versatilidad del modelo anterior.
  • En términos de conectividad y puertos, es la máquina más competente de Apple a falta de renovación del Mac Pro.
  • Tremendamente silencioso incluso con tareas exigentes.
  • Posibilidad de Ethernet avanzada para usarlo como servidor.

Contras

  • Pierde el puerto de IR, muy interesante para los que usan el Mac mini como servidor multimedia.
  • El modelo de entrada es algo escaso en procesador.
  • En el modelo más potente la gráfica no acompaña al resto de componentes.
  • Precio algo elevado, pero la alternativa más barata de Apple.