Russell, con su narrativa sustentada principalmente en diálogos y careos con los que avanza la trama de sus películas, se sirve en esta ocasión de la voz en off de un personaje narrador similar en algo importante al de American Beauty (Sam Mendes, 1999), de algunos flashbacks y un flashforward, de varias escenas oníricas que acentúan cierto toque estrambótico, muy leve, en la elección de los encuadres y movimientos de cámara, que a veces remiten ligeramente a lo que sería la fábula de un contenidísimo Wes Anderson.

Es decir, en esta ocasión, la excentricidad de Russell no se intuye sólo en sus personajes, sino también en determinados momentos de su planificación visual. Y hay que destacar el curioso crescendo de la puesta en escena en el ejemplo de lo que es presentar un producto de la teletienda exitosamente.

Jennifer Lawrence está irreprochable como Mangano, pero Russell no le ha dado ninguna escena lo suficientemente señalada como para que nos ponga los pelos de punta de gusto o de asombro con su actuación; y aun así, durante la sucesión de vicisitudes que afronta, consigue que uno esté enteramente con ella, de parte de esta emprendedora obstinada, sin flaquear.

Sigue teniendo química con Bradley Cooper, siempre es un placer ver a Robert De Niro haga lo que haga, minucia tras minucia desde hace demasiados años ya, y el personaje de Virgina Madsen exaspera tanto como llega a enternecer, y sus circunstancias recuerdan un poco a las de Susan Aibelli (Alberta Watson) en Spanking the Monkey. Pero a quien resulta una auténtica delicia contemplar en Joy, además de Lawrence, es la enérgica Isabella Rossellini como la tremenda Trudy, que se come con patatas prácticamente cada escena en la que aparece, con las mejores líneas.

Y, no obstante todo lo anterior, el filme nunca despega en verdad; Russell no le aporta la energía suficiente para que al menos alguna escena de choques verbales, y hay unas cuantas, apasione o estimule de veras al espectador, ni siquiera el duelo definitivo. Así, se queda en una historia y una película pequeñas a pesar de todo, porque no se siente ni emocionalmente intensa ni a Mangano como alguien de especial relevancia; una obra que satisface pero no golpea, que se ve con agrado pero no entusiasma.

Conclusión

7.5
10

Joy acaba siendo un relato fabulado sobre el sueño americano de una mujer empoderada, con diversas pinceladas excéntricas y un ramillete de buenas interpretaciones de su reparto, que no logra la intensidad necesaria para impactar verdaderamente en nuestro ánimo y, de ese modo, cumple pero nunca brilla.

Pros

  • La ligera excentricidad que consigue el director David O. Russell.
  • Las interpretaciones de Jennifer Lawrence e Isabella Rossellini.
  • La implicación que se logra en el espectador con el personaje de Joy.

Contras

  • La falta de escenas realmente potentes para que Jennifer Lawrence se luzca de verdad.
  • Que la película nunca despega del todo.
  • Que no se siente emocionalmente intensa y, así, se queda en una película pequeña.
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