Pero no es el único al que le ocurre: el resto de personajes, como el propio Set, carecen de profundidad y no son más que unos sencillos seres de ficción que se podrían trasplantar a cualquier otro escenario con idéntico conflicto.

Y ni siquiera parece que se esfuercen por contrarrestarlo ni que esto preocupe a Coster-Waldau, famoso en el mundo entero por su papel en la serie Game of Thrones (David Benioff y DB Weiss, de 2011 a la actualidad), Thwaites, principal en The Signal (William Eubank, 2014) —que casualmente recuerda a Dark City en cierto sentido—, Eaton, aparecida antes solamente en la revitalizadora Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015), Yung, vista en la innecesaria The Girl with the Dragon Tattoo (David Fincher, 2011) y ahora más popular por la serie Daredevil (Drew Goddard, de 2015 a la actualidad) o Boseman, que será más reconocible a partir del próximo estreno de Captain America: Civil War (Anthony y Joe Russo, 2016).

Al único a quien verdaderamente da gusto descubrir en pantalla es el impecable Geoffrey Rush como el dios supremo Ra, el cual, con sólo exhibir el semblante y pronunciar sus líneas, eleva un poco a un filme que se mueve a ras de suelo desde el inicio. Porque, si entonces marcha con el traqueteo inconfundible de algo visiblemente impostado, de cartón piedra, y luego, muchos minutos más tarde, esta sensación desaparece y la cosa mejora, en ningún momento deja de encontrarse con el agua al cuello, sin hundirse del todo, como un cuento mil veces contado y, casi siempre, con una mayor competencia.

Así, pese a que también se agradece que Proyas adapte al cine una mitología apetitosa e infravalorada en la ficción cinematográfica de este tipo como la egipcia, la desaprovecha y la película se queda en una mera aventura de trazo grueso, con un colorido excesivo y unos efectos especiales de saldo, indigna de los orígenes culturales del director; para entretenerse y olvidarla tan pronto como uno abandona la sala en que ha sido proyectada.

Conclusión

7
10

Alex Proyas nunca ha sido un gran director ni alguien a quien se pueda confiar cualquier proyecto para que acabe resultando satisfactorio, y en Gods of Egypt vuelve a demostrar que es así al confeccionar una peripecia que se limita a distraernos como todo cine que vuela bajo y poco más digno de mención.

Pros

  • La adaptación de la apetitosa mitología egipcia.
  • La aparición del siempre impecable Geoffrey Rush.

Contras

  • Los personajes arquetípicos y sin profundidad.
  • La narración mediocre.
  • El excesivo colorido.
  • Los efectos especiales de saldo.
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