España ya se plantea acoger una de las últimas medidas tomadas por varias ciudades de Dinamarca y Gran Bretaña. Al más puro estilo de Black Mirror, es posible que pronto te encuentres con tu calle tintada del color del amor por culpa de unas cuantas bombillas que emiten luces rojas. ¿El objetivo? Mejorar tus ritmos circadianos, tu salud y la biodiversidad de nuestro país. ¿Cómo? Sustituyendo las clásicas farolas LED que emiten luz blanca o amarilla por un rojo intenso.

No es ninguna broma, como decimos, en Dinamarca y Gran Bretaña ya han llenado algunas ciudades de estas bombillas rojas, cambiando la estética de las calles y consiguiendo un alumbrado más tenue que se apoya en la ciencia para mejorar nuestras vidas y el planeta. Y es que no, no es una decisión puramente estética: la luz roja afecta menos a una parte fundamental de nuestra vida, además de tener un espectro lumínico que afecta menos a la fauna y la biodiversidad.

Este último punto basa su idea en la contaminación lumínica de las grandes ciudades, donde cada vez es más común que esta afecte de forma considerable a la biodiversidad. El LED es altamente eficiente, pero también emite demasiada luz de onda corta capaz de dispersarse más y afectar a los ritmos biológicos de infinidad de seres vivos.

luces rojas

Las luces rojas permiten barrios con menos claridad nocturna y un mejor descanso

Cuando se trata de humanos, la ciencia es clara con este tema: las luces rojas emiten una onda mucho más larga que apenas afecta a la producción de melatonina, la hormona encargada de regular nuestro ritmo circadiano y una buena culpable de que nuestro descanso sea más productivo.

La luz blanca tiene el espectro más corto, y es capaz de frenar la producción de esta hormona, afectando a nuestro descanso. Teñir nuestros barrios con luces rojas le permite a nuestro cerebro mejorar su horario del sueño a la hora que marca verdaderamente el sol. Además, también nos ayudaría dentro de casa, donde esa luz blanca no conseguiría filtrarse por las ventanas para no seguir afectándonos incluso estando en nuestro hogar.

En España, esta idea está calando cada vez más en foros de urbanismo, y algunas ciudades ya se plantean llevar esta medida a cabo. No es perfecta, eso sí, pues los primeros informes que llegan desde Dinamarca, si bien son positivos acerca de la evidencia científica, revelan que la ciudadanía percibe estas luces rojas en la calle como una iluminación más pobre y con una sensación de seguridad menor.

Y lo cierto es que no es ninguna tontería, pues nuestro ojo, con estas luces rojas, no es capaz de ser tan eficiente, medir distancias de la misma manera o percibir los colores que nos rodean con tanta precisión.