A veces puede parecernos que la investigación que se lleva a cabo en el espacio es algo muy lejano. Y quizás lo sea físicamente. La Estación Espacial Internacional está a 400 kilómetros por encima de nuestras cabezas. Pero sus aplicaciones no siempre son tan lejanas, pues muchos de los experimentos que se llevan a cabo en el espacio están dirigidos a mejorar la vida de las personas aquí en la Tierra. Buen ejemplo de ello es el de los científicos que están trabajando en el desarrollo de fármacos de quimioterapia que se puedan administrar a través de una simple inyección y no con el tedioso goteo que tiene a los pacientes sujetos a una vía durante horas.
Si no se ha hecho hasta ahora, ha sido básicamente porque para poder administrarlos en una inyección es necesario cristalizar las proteínas que se utilizan. Cuando se realiza en la Tierra, ese proceso de cristalización da lugar a cristales muy heterogéneos, con distintos tamaños, lo cual dificulta el cálculo de la dosis correcta. En cambio, se ha visto que en condiciones de microgravedad se obtienen cristales perfectos e idénticos.
Estas y otras características del espacio son las que han llevado a compañías veteranas, como Merck, o nuevas, como BioOrbit, a llevar algunos de sus proyectos al espacio. Por desgracia, es un proceso lento, por lo que aún quedan unos años para que esos fármacos de quimioterapia se puedan administrar en una sola inyección. La parte positiva es que la cuenta atrás ha comenzado, porque muchos científicos ya están trabajando en el camino adecuado. Un camino que requiere viajar más allá de los confines de nuestro planeta.
¿Por qué es necesario cristalizar los fármacos de quimioterapia?
En realidad, la quimioterapia se puede administrar por vía oral, en pastillas, o intramuscular, con inyecciones. No obstante, lo más habitual es hacerlo por vía intravenosa, ya que permite un mejor ajuste de la dosis y se logra un mejor acceso al torrente sanguíneo, de modo que el medicamento se extiende rápidamente hasta llegar a su destino.
El problema es que esto requiere el uso de bolos del fármaco que se van liberando por goteo, como cualquier otro medicamento por vía intravenosa. Para poder emplear esos mismos fármacos de quimioterapia, con sus mismas cualidades, en una sola inyección, sería necesario aumentar la concentración de proteínas, de modo que se obtendría una mezcla tan densa que no podría fluir adecuadamente. Lo ideal en estos casos sería cristalizar las proteínas que se administran, ya que así aumentan la concentración, pero disminuye el volumen. Sin embargo, esto no es posible por lo que ya hemos adelantado. No se pueden hacer cristales uniformes.

Del espacio a la Tierra
Las fuerzas de la gravedad que experimentamos en la Tierra son las que impiden, entre otros factores, que los cristales se organicen uniformemente. El resultado es algo así como con los copos de nieve, que están compuestos por cristales y, si los vemos al microscopio, son todos diferentes. En su caso se debe también a la humedad y la temperatura, pero incluso si se controlan estos parámetros no sería posible obtener cristales idénticos.
En cambio, en algunos experimentos piloto que se han llevado a cabo en la Estación Espacial Internacional ya se ha visto que, efectivamente, allí sí se pueden obtener cristales iguales. Esto permitiría el desarrollo de fármacos de quimioterapia perfectamente inyectables a concentraciones adecuadas. No es raro que haya ya varias compañías farmacéuticas solicitando enviar a sus científicos a la Estación Espacial Internacional para realizar las pruebas pertinentes.
La importancia de estudiar el cáncer en el espacio
La quimioterapia no es la única cuestión relacionada con el cáncer que se puede estudiar en el espacio. El propio desarrollo de la enfermedad puede analizarse allí en unas condiciones que no son posibles en la Tierra.
Por ejemplo, se sabe que las células envejecen más rápido en el espacio, de modo que es más fácil y rápido analizar todas esas mutaciones que acaban dando lugar al cáncer. Además, en ausencia de gravedad, las células no se aglutinan, por lo que es mucho mas fácil estudiar sus estructuras por separado. Cultivar células tumorales en el espacio puede dar a los científicos muchos datos interesantes.
Y es que, como ya hemos visto al principio, la ciencia que se hace en el espacio es mucho más cercana de lo que puede parecernos. Sus aplicaciones nos repercuten a todos los que seguimos aquí con los pies puestos en la Tierra.
