Existe una gran discusión sobre cuáles son las mejores tablas de cortar. Hay quien las prefiere de madera y quien opina que las de plástico son mejores. En algunos casos puede ser una cuestión de gustos o comodidad. Sin embargo, los propios científicos también se unen al debate, ya que cada una de ellas tiene grandes inconvenientes en lo que a seguridad alimentaria se refiere. Las de madera son muy propensas a la proliferación de bacterias, mientras que las de plástico pueden liberar con cada corte cientos de microplásticos y fibras que acaban en los alimentos y pueden afectar a nuestra salud.
Por eso, muchos científicos buscan alternativas como la que acaba de presentar un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Hopkirk, el Centro de Ciencia e Investigación de Seguridad Alimentaria de Nueva Zelanda y el Grupo de Tecnologías Aplicadas de Nueva Zelanda. En su caso, resulta muy especial, ya que para lograrlo se han fijado en la naturaleza. Concretamente en las alas de cigarra y la piel de tiburón.
Esto es algo habitual. La naturaleza está llena de inspiración si sabemos fijarnos en ella. Para la fabricación de estas tablas de cortar no se ha utilizado ninguna estructura animal. Simplemente se ha imitado la conformación de las superficies que naturalmente repelen la proliferación microbiana. El resultado aún no está disponible en el mercado, pero no debería extrañarnos que sea la base de las tablas de cortar del futuro.
El problema de las tablas de cortar convencionales
Actualmente, las tablas de cortar pueden ser de muchos materiales, aunque los más comunes son el plástico y la madera. El riesgo del plástico está más que claro. La madera es peligrosa porque las bacterias se pueden acumular en sus poros. Se puede tratar la madera para reducir sus poros. Incluso en algunos lugares, sobre todo a nivel industrial, se usan superficies no porosas de acero inoxidable para cortar los alimentos. Sin embargo, también en esas superficies las bacterias pueden unirse unas a otras, formando una especie de capa, conocida como biolfilm, que las hace muy resistentes incluso a los desinfectantes.
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Todos hemos visto, e incluso alguna vez tocado, un biofilm. ¿Te suena esa capa resbaladiza que a veces se forma en las bayetas de cocina, que ni siquiera se va al lavarlas? No ves las bacterias, lógicamente, pero eso es un biofilm.
Soluciones basadas en la naturaleza
Los autores del estudio que se acaba de publicar llevan mucho tiempo en busca de un material con el que se puedan fabricar tablas de cortar más seguras. Para ello, prestaron atención a algunos animales conocidos por ser capaces de repeler bacterias y otros microorganismos. Es, por ejemplo, el caso de las cigarras y los tiburones.
Si se miran las alas de las primeras y la piel de los segundos a escala nanométrica, se ve que cuentan con una textura concreta que impide que las bacterias se adhieran y, por supuesto, proliferen.
Estos científicos pensaron que, quizás, se podría moldear los metales con ayuda de un láser para dar a sus superficie esa textura concreta. Después de varias pruebas comprobaron que esto no es solo posible. También se pueden fabricar tablas de cortar resistentes a bacterias concretas, creando texturas específicas para dificultar su unión. Así, se pueden evitar sobre todo aquellas que son más peligrosas para la salud.
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Esto aún no se ha hecho a gran escala. Será necesario llevar a cabo más experimentos, pero lo cierto es que, de momento, parece un buen punto de partida. Hasta que estas tablas de cortar estén en el mercado, no nos queda más remedio que recurrir a algunas de las disponibles. La realidad es que, entre plástico y madera, es difícil elegir, pues los inconvenientes de cada una son bastante importantes. Si optas por la madera procura cambiarla regularmente y procurar que no se acumule mucha humedad en ella. De todos modos, siempre serán mejor opción otros materiales. Hasta que tengamos los metales basados en la piel del tiburón, el vidrio puede ser una buena opción. Eso sí, cuidado con los cuchillos. Pueden desafiliarse por el roce con este material.