La mañana del 9 de enero de 1947, Elizabeth Short, la Dalia Negra, salió del Hotel Biltmore la ciudad de Los Ángeles, en el que residía de manera temporal, para de nuevo intentar encontrar una audición. Aunque apenas comenzaba a ser conocida en el mundillo de Hollywood, lo cierto es que todavía no era lo suficiente como considerarse una actriz de carrera. Con todo, la joven de 22 años, que viajó desde Medford (Massachusetts) para hacerse un nombre y buscar el estrellato, creía en la posibilidad de ser descubierta con un cazatalentos. Por lo que dedicaba buena parte de su tiempo a tratar de encontrar contactos que le permitieran el ansiado primer papel protagónico. Ese día anunció al encargado del lugar que tendría un encuentro que llamó “providencial”.
Fue la última vez que alguien vio con vida a la actriz. El 15 de enero, se encontró su cadáver en un terreno abandonado de Leimert Park, Los Ángeles. El cuerpo presentaba señales de tortura y había sido mutilado en múltiples formas. Entre ellas, se le diseccionó un tatuaje en forma de rosa que tenía en el muslo, para luego introducirlo dentro de su vagina. También, se desfiguró su rostro, abriéndole dos heridas profundas en cada comisura de los labios. Por último, se desmembró, lavó con lejía y drenó de sangre. Todo para después, cortar los restos con precisión quirúrgica y arrojar los restos a la maleza.
Semejante hallazgo aterrorizó a la ciudad y obsesionó a los medios de comunicación. Por casi un año, Los Angeles Times publicó actualizaciones diarias sobre los avances del caso. Eso, mientras los morbosos detalles acerca de lo ocurrido, trascendían y formaban parte de un notorio debate sobre intereses ocultos detrás del asesinato. Pero lo más inquietante es que, a medida que avanzaba la investigación, una cosa se volvió clara. Elizabeth Short, fue secuestrada durante casi una semana y luego, sometida a todo tipo de horrores y luego asesinada. Una circunstancia inexplicable para la policía del estado y, después, para los agentes del FBI involucrados en el caso.
El miedo se extiende por la meca del cine

Al principio, la noticia de un cuerpo desmembrado sacudió a Norteamérica debido a que llevó dos días identificar el cuerpo. Finalmente, el FBI lo logró gracias a cotejar las huellas del cadáver con su archivo. Elizabeth Short había sido detenida en 1943 por consumo de alcohol cuando era menor de edad. De modo que su identificación tuvo que pasar por varios procesos burocráticos que protegían al expediente. Pero cuando, finalmente, se reveló que se trataba de una aspirante a actriz de Hollywood, el tono y la forma en que se profundizó en el crimen cambiaron por completo.
La naturaleza brutal del homicidio, se volvió punto central de todos los reportajes alrededor de la investigación. Desde el hecho de que la escena del crimen estuvo rodeada por semanas por periodistas — lo que se temió pudiera contaminar la zona o degradar posibles huellas — hasta llamadas anónimas falsas, con información imposible de comprobar. Todo para intentar desmentidos o, al menos, obtener datos frescos del caso. Pronto el crimen de Elizabeth Short se volvió un escándalo que rebasó al mundo judicial y penal. En especial, porque cada revelación acerca del asesinato, apuntaba a un delito planeado por meses alrededor de una mujer en apariencia anónima. ¿Qué había desatado la ira asesina semejante contra una aspirante a actriz?

Mientras la policía hacía escasos progresos, el escándalo alrededor del caso se volvió una obsesión nacional. Los Angeles Times llamó al caso ‘El asesinato de la Dalia Negra’ y convirtió a la investigación en noticia de primera plana diaria. Por otro lado, el influyente Los Angeles Examiner dedicó páginas enteras a describir los tortuosos detalles acerca de cómo había sido hallado el cuerpo y en cuáles condiciones estaba al ser encontrado. Fue debido a varios de los llamados especiales del rotativo — publicaciones en forma de fanzine que se vendían de mano en mano — que se conocieron datos específicos. El más aterrador: la forma en que se había despellejado y cortado el cuerpo. Lo que sugería un asesino con medios y conocimientos para un crimen brutal en pleno centro de Hollywood.
Un asesino sin rostro en medio del Hollywood dorado

El 24 de enero, la policía de la ciudad recibió un sobre que se dirigía directamente a los periódicos. El paquete contenía el certificado de nacimiento de Short — presumiblemente robado después de su muerte —, una libreta de direcciones, tarjetas de visita y varias fotografías de la actriz. También había una carta, creada a partir de recortes de letras de revistas, que indicaba que el remitente era el asesino. También, que sería lo último que obtendrían sobre él o su relación con el asesinato.
Para entonces, los investigadores se encontraban en un punto muerto. El cuerpo había sido limpiado de tal forma por el asesino que carecía de huellas incriminatorias. Tampoco las había en los alrededores del lugar en que había sido hallado. Los funcionarios, incluso, indagaron en la posibilidad que, debido a la pericia médica con que el cadáver había sido desmembrado, el asesino pudiera ser parte del gremio médico o de la policía. No obstante, tampoco hubo indicios o avances en esa dirección. Tras el paquete, hubo un nuevo revuelo y una oleada de presión instantánea para resolver el caso.

No obstante, los indicios eran tan escasos que se llegó a ofrecer una recompensa de $10.000 dólares. Lo que provocó una oleada de falsos informantes y más de diez acusaciones de culpabilidad. Para agosto de 1947, 750 investigadores del Departamento de Policía de Los Ángeles se encontraban trabajando en el caso. Hubo redadas, más de 20 detenciones de posibles sospechosos que luego fueron exonerados hasta un intento de establecer conexiones y otros asesinatos sin resolver. Pero ninguno de los posibles escenarios planteados por la policía pasó de ser meras hipótesis.
La víctima y lo que la rodeaba

Mientras todo lo anterior ocurría, se juzgó duramente a Elizabeth Short. Por lo que terminó convertida en un símbolo de la depravación de la meca del cine. Las especulaciones y teorías disparatadas llenaron las primeras planas de los periódicos. Se insinuó que su muerte era parte de un ritual demoníaco y hasta consecuencia de lo que se llamó su desordenada vida amorosa. En medio del frenesí mediático que rodeaba al asesinato, La Dalia Negra se convirtió en sinónimo de perversión. Mucho más, cuando los escalofriantes detalles acerca de las vejaciones que la víctima había sufrido saltaron a las páginas de los periódicos. De violencia sexual, padecer desfiguración aun estando con vida, hasta lo que parecía una serie de brutales agresiones que parecían castigos ejemplarizantes.
Todo el anterior caos llegó a niveles tan estridentes como para escandalizar y preocupar al público. En medio del debate acerca de la cobertura, además de un pulso notorio entre la fiscalía y la prensa, todo pareció salirse de control. Eso, cuando Los Angeles Examiner hizo traer a la madre de Short y la sometió a todo tipo de presiones para obtener declaraciones sobre la infancia y primera juventud de la víctima. Algo que llevó a cabo a espaldas de la policía y sin tener, en realidad, ningún respaldo legal que les permitiera algo semejante.

A finales de 1947, el famoso rotativo, fundado por William Randolph Hearst, se disculpó de manera tibia, probablemente para evitar una demanda de la familia de Short. Con todo, el caso quedó como ejemplo de la explotación de medios y el abuso de recursos periodísticos. También, como uno de los sucesos de mayor cobertura mediática en la historia de Hollywood. Para 1949, y aunque el caso sigue oficialmente abierto, se consideró que no había nuevas pruebas, después de la llegada del paquete con las pertenencias de Elizabeth en su anterior.
La principal hipótesis sobre el criminal

En 2003, el detective del Departamento de Policía de Los Ángeles, Steve Hodel, publicó el libro Black Dahlia Avenger: A Genius for Murder. En el texto, el funcionario, revela una exhaustiva investigación en la que está convencido de que el asesino fue su propio padre, George Hodel. De haber hallado los recibos de bolsas de hormigón de exacto peso y tamaño que las encontradas alrededor del cadáver de Elizabeth, hasta el largo historial de violencia del médico. Lo cierto es que el escritor parecía haber unido una larga serie de pistas acerca del pasado perturbador de su familia — que incluían la sospecha de otro asesinato — para sostener su teoría sobre la muerte de Elizabeth Short.
Siempre, según el libro, George Hodel habría asesinado a la actriz, luego de obsesionarse sexualmente con ella. Lo que le llevó no solo a construir un elaborado plan, sino a dedicar tiempo y esfuerzo en hacerle daño. No obstante, más allá de las acuciosas conclusiones de Steve Hodel, no había conclusiones claras sobre lo que pudo ocurrir con la joven intérprete. Como uno de los casos sin resolver más famosos del mundo, la gran incógnita sobre su muerte sigue siendo parte del mito oscuro de Hollywood. En la actualidad, Elizabeth Short está sepultada en el Mountain View en Oakland, California.

