Durante la madrugada del 2 de diciembre de 2001, Helena Juvany, de 27 años, drogada con benzodiazepinas, fue lanzada inconsciente y semidesnuda desde la azotea de un edificio de cuatro pisos en Sabadell. Su cadáver fue hallado por un vecino del inmueble a la mañana siguiente. Así empieza la historia de un caso de asesinato que lleva 23 años dando bandazos de un sospechoso a otro, sin llegar a ninguna parte. Sin embargo, recientemente se ha vuelto a abrir con el fin de utilizar las técnicas de análisis de ADN que se han perfeccionado en todo este tiempo. Gracias a eso, de todos los posibles sospechosos, ahora hay uno cuya probabilidad de ser el culpable se ha elevado notablemente.
Es cierto que las pruebas de ADN no pueden confirmar al 100% que se trate del asesino de Helena Juvany. Sin embargo, el hallazgo ofrece un nuevo hilo del que tirar. La atención debe centrarse en aquel sospechoso al que, en un principio, se le dio mucha menos importancia que a otros candidatos.
El caso está abierto de nuevo y la policía se encuentra investigando estas nuevas pistas. Quizás, por fin, la familia de Helena Juvany pueda respirar, sabiendo que el asesino de su hija no sigue suelto.
El misterioso asesinato de Helena Juvany
En realidad, el caso del asesinato de Helena Juvany se remonta a dos meses antes de que esa personas misteriosa la lanzara desde la azotea.
Todo empezó en septiembre, cuando, al llegar a casa, la joven se encontró en la puerta una botella de horchata y unos pastelitos, junto a una misteriosa nota sin nadie que la firmara. La horchata era la bebida favorita de Juvany, por lo que está claro que la persona que la escribió la conocía.
Un mes más tarde, había un nuevo regalo. Esta vez, una botella de zumo con otra nota. No se sabe si consumió la horchata de la primera nota. Sin embargo, sí que bebió del zumo, aunque poco después se sintió indispuesta y lo dejó a un lado, sin acabarlo. Intrigada, llevó lo que quedaba de la bebida a un laboratorio de Sabadell, donde le señalaron que contenía benzodiazepinas. ¿Habían intentado drogarla?

En las notas se hacía mención a la Unió Excursionista de Sabadell (UES), donde la joven practicaba senderismo frecuentemente. Parecía que alguno de sus compañeros (o varios, pues hablaban en plural) intentaba gastarle una broma. Sin embargo, no tuvo miedo. Más bien, según declaró su entorno cercano, tenía curiosidad.
Pero la situación se torció el 30 de noviembre. La joven salió a trabajar, pero nunca llegó a su puesto. Al día siguiente su padre había quedado con ella, pero no acudió. Tampoco fue a la cita con una amiga, el día 2 de diciembre. Preocupado, el padre de Helena Juvany llamó a su trabajo, donde le comunicaron que el día 30 no había ido a trabajar. Ante esta perturbadora noticia, decidió poner una denuncia, que sirvió para que la policía identificase el cuerpo que un vecino de un edificio de Sabadell había encontrado hacía apenas unas horas. La cabeza estaba tan dañada por la caída desde la azotea que no habían podido identificarla antes.
¿Quiénes la tiraron?
La policía no tardó en relacionar el edificio donde se produjo el crimen con el entorno de Helena Juvany. En el tercer piso vivía Montse Careta, una compañera de excursiones en la UES.
No tenía una coartada sólida sobre por qué no se encontraba en casa esa noche, a pesar de que se encontró la ropa de Helena en la terraza. Un primer análisis caligráfico señaló que podía ser la autora de una de las notas. Ante esos datos, fue detenida. Más tarde, en un análisis de su piso se encontró un bote de benzodiazepinas y unas cerillas. El cuerpo de la víctima tenía quemaduras que podrían haberse producido justamente con cerillas. Fue enviada a prisión, aunque se siguió estudiando a otros sospechosos.

Dos de ellos fueron Santi Laiglesia, pareja de Careta y compañero de la UES, y Anna Echaguivel, otra compañera excursionista cuya caligrafía se relacionó con la segunda nota.
Ambos fueron enviados a prisión preventiva, pero más tarde se pusieron en libertad por falta de pruebas. Montse Careta sí continuó en prisión, donde se suicidó 3 meses después. Siempre mantuvo su inocencia.
El otro sospechoso del asesinato de Helena Juvany
En la investigación del asesinato de Helena Juvany hubo un cuarto sospechoso. Otro miembro de la UES, llamado Xavi Jiménez.
Se consideró sospechoso por tres motivos. En primer lugar, porque la propia Helena había comentado a una amiga que sospechaba que era el autor de las cartas. Por otro lado, porque tenía un posible móvil. Enamorado de ella, le había pedido salir, pero esta le había rechazado, produciéndose un gran distanciamiento entre ambos. Pero, sobre todo, se consideró sospechoso porque claramente mintió en su coartada.
Varios compañeros de la UES fueron interrogados después del asesinato. Jiménez sostuvo que durante la noche en la que se cometió el crimen había estado con un compañero de la UES en la sede de la misma organizando una excursión para el día siguiente. Este compañero era Jaume Sanllehí, quien, al contrario, refirió haber estado tomando unas cervezas con unos amigos en Barcelona.
Una vez que los dos amigos pudieron hablar entre ellos, debieron darse cuenta de la incongruencia, pues Sanllehí volvió a comisaría para cambiar su declaración y decir que se había equivocado y, en realidad, estaba con Jiménez la noche del crimen. Sin embargo, uno de sus amigos de Barcelona insistió en que Jaume había estado de cervezas con él. Jiménez había mentido.
El ADN que coloca las piezas del rompecabezas
En la ropa y el cuerpo de Helena Juvany se encontraron restos de ADN. Sin embargo, aunque en 2001 las ciencias forenses ya habían avanzado lo suficiente como para analizar este tipo de muestras, no estaban tan al día como actualmente. No se logró obtener ninguna respuesta con ellas.
Desde entonces, se ha avanzado muchísimo, sobre todo en lo referente a la secuenciación y el análisis de haplotipos. Por eso, dada la presión de las familias de Juvany y Careta, se decidió reabrir el caso y utilizar estas nuevas técnicas.

El ADN pertenece a un hombre, por lo que los únicos sospechosos que quedan a estas alturas son Xavi Jiménez y Santi Laiglesia. Por eso, se han tomado muestras de su ADN para compararlo con el que se encontró en el cadáver.
Esto se ha hecho mediante dos tipos de análisis forense. Por un lado, el análisis de los haplotipos del cromosoma Y. Estos son grupos de variantes genéticas que se heredan juntas en un mismo cromosoma. Se utilizan habitualmente para estudiar el origen biogeográfico de una persona, ya que algunos se mantienen y suelen coincidir entre personas de áreas geográficas concretas. Estos haplotipos pueden coincidir entre varias personas, pero pueden servir para hacer descartes.
En el caso del asesinato de Helena Juvany, los haplotipos del cromosoma Y de las muestras tienen coincidencias con el ADN de Laiglesia. Eso indica que no se puede descartar que sea el asesino. En cambio, las discrepancias con el ADN de Jiménez indican que sí se puede descartar.
La segunda prueba que se ha realizado ha sido la de los microsatélites autosómicos (STRs). Estos marcadores son elementos formados por secuencias sencillas de ADN, de 1 a 6 pares de letras (bases) que se repiten en tándem. La cantidad de segmentos repetidos en una de estas secuencias puede variar entre personas, por lo que también puede ser una buena forma de identificar ADN. Con esta prueba, se ha concluido que es 24 veces más probable que Laiglesia y otras tres personas contribuyeran a la mezcla de ADN localizada en el jersey de Helena Jubany a que esta se hubiese producido por cuatro desconocidos de la población.
Un juego de rol que salió mal
Santi Laiglesia tiene muchas papeletas genéticas para ser el asesino de Helena Juvany, como muchos familiares y algunos policías han sospechado durante años. No se puede saber con un 100% de seguridad, pero hay motivos de sobra para volver a tomarle declaración e ir más allá sobre lo que pudo ocurrir aquella noche.
Parece que Helena estuvo secuestrada dos días, en los que fue drogada y torturada. Esto, sumado a las cartas, lleva a sospechar que pudo tratarse de algún juego de rol. ¿Quiénes fueron los culpables? Se necesita más investigación, pero el análisis de ADN está preparado para arrojar muchas más pistas que entonces.
