Seguramente la perspectiva nos ayude a entender mejor lo que pasó en 2022. Un individuo, la persona más rica el mundo en ese momento, compró una de las grandes redes sociales. El lote de intereses y de implicaciones es interminable.

Pero, ya metidos en 2023, toca pensar qué puede pasar con el Twitter de Elon Musk, abonado al drama y la locura desde que lo compró a finales de octubre del año pasado.

El despido de más de la mitad de la plantilla y la renuncia de un número indeterminado pero elevado ha hecho que la red social esté funcionando en una situación que muchos valorarían de crítica y otros de más efectiva que la que existía antes.

Por ahora, la llegada de Twitter Blue —aunque aún desplegándose en varios países— y la encuesta que el propio Musk hizo, en la que puso en liza su cargo, perdió y le hará tener que buscar un sustituto como CEO, han sido las dos mayores novedades de un Twitter donde, eso sí, nadie puede negar que no se ha cumplido lo que dijo de “hacer muchas tonterías, probar y mantener las que funcionen y quitar las que no”.

Eso y, por supuesto, su evidente pérdida de anunciantes y el regreso de voces y personalidades que habían sido expulsadas de la red social, como Donald Trump, aunque no haya vuelto a usar el que era su altavoz.

¿Qué esperar de Twitter en 2023? Podemos decir que visto lo visto cualquier cosa, pero aquí van algunos escenarios que no se pueden decir que sean improbables.

Twitter se declara en quiebra

Al ser ahora una empresa privada, no podemos conocer el estado de sus cuentas financieras, aunque Musk ha declarado que Twitter pierde 4 millones de dólares al día y llegó a decir que iba “directo a la bancarrota”.

Pero, ¿y si no fuera tan mala noticia?

Aunque posteriormente lo negó, ha usado la situación para mantenerse en el cargo y postergar la búsqueda de un sucesor. Actualmente, Twitter debe 13.000 millones a varios en intereses de deuda a bancos que financiaron la compra de Musk bajo un supuesto horizonte de ingresos. Además, también sabemos que ha dejado de pagar el alquiler de sus oficinas.

Su endeudamiento podría encarecerse aún más porque los tipos de interés de casi la mitad de esa deuda no están fijados y subirán con el mercado.

Todo ello podrían ser motivos para declarar una situación de quiebra técnica. Declarar a Twitter en bancarrota, aunque con un régimen muy estricto de pago a proveedores, permitiría, según la legislación norteamericana, que la empresa se reestructurara. Es decir, no implicaría que Twitter dejara de existir como tal.

El mecanismo de la quiebra podría servir a Musk para ganar tiempo y cambiar más a fondo la estructura de la empresa con la idea de salir a bolsa a medio plazo, un camino de vuelta que Musk no descarta y que sería la única vía para intentar recuperar los 44.000 millones que pagó.

La falta de moderación expulsa de Twitter lo que de verdad persigue

Twitter, Elon Musk

De Twitter se especula mucho. Que si es una gran plaza pública, que si es donde se cocinan las grandes opiniones… o que si todo esto está muy inflado por la gran cantidad de periodistas que usan la red y que en realidad lo que faltan son más usuarios ‘de a pie’.

Musk, que se define como un absolutista de la libertad de expresión, cree que cualquier mensaje es aceptable en la plataforma siempre que no viole la ley. Por ello, reactivó la mayoría de las cuentas, a menudo extremistas, prohibidas por la antigua dirección porque violaban las antiguas normas.

Para muchos anunciantes, el laissez-faire de Musk supone el riesgo de que se difunda odio y xenofobia en la plataforma, un riesgo que no quieren correr al asociar sus marcas con ese tipo de mensajes.

Musk, sin embargo, ha dicho que ha habido una fuerte caída en el discurso de odio desde que asumió el cargo, pero algunos grupos argumentan lo contrario.

«Hay unos 500 millones de tuits al día y miles de millones de impresiones, así que las impresiones de incitación al odio son <0,1% de lo que se ve en Twitter», dijo el caprichoso CEO de Tesla el 2 de diciembre.

Sin embargo, si de verdad Twitter se convierte en un sitio donde se puede dar cualquier tipo de opinión y mostrar cualquier contenido que no incumpla la ley, puede convertirse en un lugar indeseado para esos mismo ‘usuarios de a pie’ que quiere atraer. 

Twitter deberá crear cortafuegos importantes para que coexistan los muchos Twitter que hay. Que quien quiera usar la red como entretenimiento naíf pueda evitar cruzarse con los discursos y contenidos que puede dar lugar esta supuesta apuesta por la libertad de expresión.

Y los despidos no lo ponen fácil. Según Axios, solo 60 de las 560 personas (o el 11%) responsables de la moderación de contenidos siguen en la plantilla de Twitter.

El mismo problema se aplica a otras personas con puntos de vista muy alejados de la corriente política dominante. Con la ayuda de bots automatizados y poco personal encargado de hacer cumplir la ley, es fácil difundir desinformación y puntos de vista extremos. Basta un tuit y la difusión asistida por IA para que los mensajes den la vuelta al mundo y creen el caos en muchos lugares.

Muta de red social a plataforma de contenido… ¡Y funciona!

Elon Musk, CEO de Twitter

Para limitar el peso de la publicidad en los ingresos de Twitter, Musk, quiso reinventar Blue, el servicio de suscripción de la plataforma.

Integró la marca de verificación, que significa que una cuenta ha sido verificada, a Blue y aumentó el precio a 7,99 dólares al mes, añadiendo también otras funciones. 

Parece muy complicado que Twitter Blue sea a futuro un pilar vital de los ingresos de Twitter, pero puede ser un grano más en una montaña de ingresos que pivoten entre la publicidad a las suscripciones.

Por ejemplo, Musk ya ha dicho que quiere potenciar el vídeo, lo que puede hacer que se abran nuevas vías de anuncios, pero también que creadores como youtubers puedan ver en Twitter un nuevo campo de difusión, especialmente si cumple con su idea de rebajar las comisiones que tiene Youtube.

Lo mismo podría pasar con otros medios y creadores, como los escritores, ahora ubicados en Substack, y a todos ellos ofrecerles mecanismos para poder vender rápidos sus productos o capas de contenido exclusivo, con modelos como están propiciando la propia Substack, Gumroad o Patreon. 

O todos a la vez

Los escenarios señalados no son mutuamente excluyentes y entra dentro de lo posible que Musk pase por todas estas opciones. 

Twitter podría abrazar el extremismo y desarrollar nuevos productos, y aun así sobrevivir al debate asociado a esos movimientos. También podría declararse en bancarrota y seguir trabajando en esos cambios. O podría salirle todo mal y que 2023 sea el último año de Twitter.

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