En dos o tres de las escenas del primer capítulo de Cowboy de Copenhague, el mundo parece detenerse. En el mejor de los casos, volverse más sórdido, oscuro y doloroso a medida que avanza hacia los puntos más incómodos de su relato. Entonces la acción completa pierde velocidad, se paraliza. La cámara enfoca el paisaje, la sangre derramada, el coche que cae en la oscuridad. Para el director Nicolas Winding Refn, la violencia puede ser hermosa.

Eso sugiere la forma en que Cowboy de Copenhague analiza a Miu (Angela Bundalovic). El personaje, de enormes ojos expresivos y con un rostro hermoso, quiere venganza. Quiere llevarla a cabo por su propia mano. Que sea violenta, inolvidable y brutal. Pero también que sea justa.

El sentido de la verdad en la obra de Refn se distorsiona a medida que la cámara del director ralentiza el sentido de la realidad. Los colores se oscurecen, las sombras se alargan. Hay un registro de belleza tétrica que se extiende como una infección a medida que esta historia, en apariencia conocida y trillada, avanza.

Pero, en realidad, el director de Cowboy de Copenhague sabe qué es lo que desea mostrar. Miu es un personaje que se sostiene sobre sus silencios. Una tensión interior tan insoportable y dura como para construir una sensación urgente de estallido. Algo ocurre en la mente de esta mujer que decidió enfrentarse a los bajos fondos de una ciudad despiadada. Que va de un lado a otro con una ferocidad eficiente.

Cowboy de Copenhague

Cowboy de Copenhague utiliza el color y las sombras como un lenguaje. En este caso, los finos hilos de luz o la frialdad de una ciudad hostil dotan a su personaje de un entorno que la refleja. La serie expresa sus profundas ideas sobre el equilibrio del bien y el mal, tanto en lo visual como en su argumento. También en la capacidad para crear un escenario desolador con apenas algunos movimientos de cámara. La producción, que sigue una alegórica caída a los infiernos, es suntuosa y retorcida, sin dejar a un lado un ritmo brillante. Una combinación que permite a su historia avanzar con fluidez, incluso en sus puntos más retorcidos.

Puntuación: 4.5 de 5.

Cowboy de Copenhague, una justiciera que desaparece entre las sombras

Refn utiliza el color y las sombras como un lenguaje. En este caso, los finos hilos de luz o la frialdad de una ciudad hostil dotan a su personaje de un entorno que la refleja. Cowboy de Copenhague expresa sus profundas ideas sobre el equilibrio del bien y el mal, tanto en lo visual como en su argumento.

También en la capacidad de la serie para crear un escenario desolador con apenas algunos movimientos de cámara. La producción, que sigue una alegórica caída a los infiernos, es suntuosa y retorcida, sin dejar a un lado un ritmo brillante. Una combinación que permite a la historia de Cowboy de Copenhague avanzar con fluidez, incluso en sus puntos más retorcidos.

Miu concentra en su fortaleza silenciosa y habilidad para matar un tipo de precisión casi sobrenatural. De hecho, es evidente que el director, y también guionista, tiene toda la intención de construir un antihéroe que se nutre de la penumbra que le rodea.

El misterio que acompaña a Miu a medida que atraviesa las zonas más oscuras y violentas de Copenhague se transforma en poder. Al mismo tiempo, en una colección de pequeños retratos sobre la brutalidad y la búsqueda de un significado a la venganza que sorprende por su habilidad. 

Desde la constante alusión a los cerdos como representación del dolor — una especie de paralelismo temible con el ser humano —, hasta los largos silencios ultraterrenos. Todo en Cowboy de Copenhague transita un terreno que tiene mucho de surreal. Una conexión violenta, dolorosa y peligrosa con la connotación acerca de lo que el ser humano puede hacer sometido al horror.

Cowboy de Copenhague, serie de Netflix

Un personaje sin historia y sin pasado, pero con deseos de matar

Sin una historia que narrar sobre sí misma, atravesando la penumbra de bares, prostíbulos y balaceras, Miu es un espectro. Es evidente que Renf juega con que la puesta en escena de Cowboy de Copenhague sea un largo camino acerca de la mente en diferentes estadios de pura degradación.

Pero su personaje no se vuelve peor, sino, más bien, aprende a través de la crudeza del asesinato o la capacidad para infligir dolor. Cowboy de Copenhague podría resultar un espectáculo vacío, de no ser por la habilidad del director para unir lo sórdido con lo hermoso. Para construir, con cuidado y en sostenido equilibrio, la cordura mediante las grandes revelaciones íntimas.

Por supuesto, esta es una serie obsesionada con la violencia, también con la capacidad de la oscuridad de los espacios para convertirse en amenaza. Refn utiliza cada recurso a su alcance para elaborar una concepción acerca de lo extraño, lo sangriento y lo que acecha, ya sea entre las sombras o en peligro. Una combinación que convierte a los últimos capítulos de Cowboy de Copenhague en un espectáculo tanto hermoso como grotesco.

Cowboy de Copenhague

La redención final en Cowboy de Copenhague

El largo trayecto de la historia está construido para ser un laberinto que conduce a la redención. No se trata solo de la venganza de Miu (cuyos motivos se ocultan con cuidado), también lo que se esconde en su vida. La protagonista de Cowboy de Copenhague, que lleva sobre sus hombros una amplia carga de tragedias, eleva la condición de la necesidad de justificación a la brutalidad.

Pero no lo hace sin dejar a un lado la convicción, necesita expiar el dolor para sobrevivir. La única manera en que puede luchar contra los enemigos que esperan asesinarla es fortaleciéndose. También lidiando con el peso de los traumas que lleva a cuestas.

Con un guion engañosamente simple, el capítulo final de Cowboy de Copenhague es una asombrosa combinación de una estética deslumbrante y el horror. Para sus últimos minutos, Refn dejó claro que muchas veces la oscuridad es combinación de sufrimiento y búsqueda de sentido. Un mensaje singular para una serie cuyas escenas más asombrosas están cubiertas de sangre y la figura de un cerdo a punto de ser destrozado.

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