Que las criptomonedas no son del agrado de las principales instituciones financieras del mundo, no es novedad. El FMI ha expresado en varias oportunidades su preocupación por el avance del uso de este tipo de activos en África, Centro y Sudamérica. Y ahora el Banco Central Europeo ha aprovechado los coletazos del escándalo de FTX para salir a pegarle al Bitcoin.

De acuerdo con la entidad, dicho criptoactivo va en camino a la irrelevancia. Y aseguró que la aparente estabilización de su cotización en los últimos meses —que se ha mantenido entre los 16.000 y 20.000 dólares— no es más que un «último suspiro inducido artificialmente» antes de emprender el camino al olvido.

Que el Banco Central Europeo haya salido ahora a golpear al Bitcoin no es por casualidad. El contexto es el ideal para que la institución exponga una postura claramente contraria al uso de este tipo de activos. No solo por los escándalos varios que viene afrontando la industria en lo que va de 2022, sino también porque las principales economías del mundo están cada vez más involucradas en el desarrollo de las CBDC, o monedas digitales de Bancos Centrales, para tratar de contrarrestar el avance de las criptomonedas; especialmente las stablecoins.

Los argumentos del Banco Central Europeo contra el Bitcoin

En su publicación contra el Bitcoin, el Banco Central Europeo expuso tres argumentos para justificar su postura. El primero, que Bitcoin es raramente usado para transacciones legales. A primera vista, esto puede ser considerado una verdad a medias. O, como mínimo, un argumento que era más válido entre 2010 y 2012 que no en la actualidad.

La entidad asegura que las transacciones con Bitcoin son lentas, costosas y engorrosas. Algo que sí puede ser cierto en determinados movimientos on-chain —siempre dependiendo de su tamaño y la cantidad de validaciones que requiera—.

Aunque también es una realidad que en los últimos años la experiencia de los usuarios ha mejorado considerablemente. No solo a través de soluciones centralizadas, sino también descentralizadas y de custodia propia, a través de wallets como Muun y Defiant, entre otras. A esto se le debe sumar esfuerzos paralelos para agilizar los pagos y hacerlos instantáneos y de bajo coste, como sucede con propuestas como Lightning Network y RSK.

Además, el BCE sostiene que la capitalización de mercado de Bitcoin, que actualmente se encuentra en casi 323.000 millones de dólares, pero que llegó a ser de 1,2 billones de dólares en noviembre de 2021, se basa puramente en la especulación. «Bitcoin tampoco es adecuado como inversión. No genera flujo de caja (como los bienes inmuebles) ni dividendos (como las acciones), no puede utilizarse productivamente (como las materias primas) ni proporciona beneficios sociales (como el oro)», indicó.

El segundo argumento del Banco Central Europeo fue que la regulación de los criptoactivos puede confundirse con aprobación. En tal sentido, el organismo mencionó que existe mucho cabildeo en favor de la regulación del ecosistema, pero que no en todos los territorios avanza de la misma manera. «La regulación actual de las criptomonedas está determinada en parte por conceptos erróneos. Persiste obstinadamente la creencia de que hay que dar espacio a la innovación a toda costa», indica el texto, que también asegura que la tecnología blockchain no ha creado mayor valor para la sociedad.

La vuelta de la doble moral

Bitcoin | Banco Central Europeo
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Pero eso no es todo. Las autoridades sostienen que la posibilidad de una regulación ha llevado a empresas financieras tradicionales a facilitar el acceso a Bitcoin, lo cual consideran muy riesgoso. Y el BCE asegura que el BTC pone en riesgo la reputación de los bancos. Además, considera que como no es un instrumento de inversión o medio de pagos, no debería ser legitimado.

Una postura dura, sin dudas, pero esperable. Después de todo, no olvidemos que Europa está poniendo gran empeño en su intento de regular las criptomonedas a través de la ley MiCA. Mientras que también pretende acabar con el anonimato de transacciones en la blockchain, algo que ha recibido grandes críticas en la industria.

A todo esto, es importante recordar que existe una marcada doble moral a la hora de hablar del uso de Bitcoin y otros criptoactivos. Algo que se vio especialmente este año durante la guerra de Ucrania porque, así como se acusaba a Rusia de acudir al mundo cripto para evadir sanciones, también se celebraba que Ucrania pudiera recibir donaciones por la misma vía. La tecnología era la misma para ambos bandos, al fin y al cabo, sin restricciones y sin pedir permiso para utilizarla. Qué tan morales se consideraran esas acciones corría, simplemente, por cuenta de cada uno.

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