Ida (Rakel Lenora Fløttum) y su hermana Anna (Alva Brynsmo Ramstad) son niñas normales en The Innocents. Lo parecen, al menos, la mayor parte del tiempo. Pero, en realidad, ambas manifiestan facultades inexplicables que, a medida que transcurre el tiempo, se hacen más brutales. No obstante, ni una ni la otra comprenden del todo lo que ocurre. Solo saben que sienten odio, ira o rabia, y que habrá consecuencias. Tan espantosas y temibles como para resultar repulsivas. 

En The Innocents, las escenas más violentas y angustiosas transcurren entre risas en apariencia inocentes. Peor aún, en parques llenos de juguetes o entre el eco de un desconsolado llanto infantil. Un paisaje escalofriante que hace que la película tenga un cierto regusto amargo a suceso inexplicable. Pero el director Eskil Vogt utiliza esa curiosa percepción de lo espeluznante para construir una nueva mirada sobre el miedo. En el mejor de los casos, un recorrido por completo original a través de espacios inquietantes sobre el peligro, la violencia y, al final, la muerte.

De hecho, todo el argumento de The Innocents transcurre en medio de ideas que superan a sus pequeños protagonistas. No por elaboradas o extrañas, sino porque cada uno de ellos son tan jóvenes como para no haberse cuestionado todavía la culpabilidad o la violencia. Desde el miedo hasta el asombro, cada emoción se experimenta con la misma intensidad. 

Así lo deja claro el guion, mientras muestra la vida cotidiana de sus jovencísimos personajes. Ninguno llega a los primeros años de la adolescencia. La mayoría contempla el mundo con ojos muy abiertos y sorprendidos. Como cualquier otro niño que no supera todavía el jardín de infancia, las emociones lo son todo. Tan potentes como confusas, al borde de lo incontrolable. 

The Innocents

En The Innocents, las escenas más violentas y angustiosas transcurren entre las risas de los niños. Peor aún, en parques llenos de juguetes o entre el eco de un desconsolado llanto infantil. Un paisaje escalofriante que hace que la película tenga un regusto amargo a suceso inexplicable. Pero el director Eskil Vogt utiliza esa curiosa percepción de lo espeluznante para construir una nueva mirada sobre el miedo. En el mejor de los casos, un recorrido por completo original a través de espacios inquietantes sobre el peligro, la violencia y, al final, la muerte.

Puntuación: 4.5 de 5.

The Innocents y su ingenua oscuridad

Se trata de un paisaje moral homogéneo que el director traslada también al mundo físico. En el gran edificio residencial noruego en que ocurre la historia, todo es cotidiano e idéntico entre sí. Lo que hace que Ida sea solo otra niña de nueve años que comprende que el mundo a su alrededor tiene límites. Que llora al caer y rasparse las rodillas o se enfurece de pura frustración. 

Solo que las experiencias de Ida y su hermana Anna son distintas a las de cualquier otro pequeño de su edad. La película de terror pronto plantea la posibilidad de que tengan habilidades físicas desconocidas. Algunas aterradoras, otras directamente peligrosas. Todas, deberán atravesar su visión diminuta acerca de lo que les rodea. Es esa pequeña ventana al mundo lo que hace que The Innocents resulte tan desconcertante. Poco a poco, Ida mostrará que sus poderes o, en cualquier caso, la experiencia física de sus emociones, es más perturbadora de lo que podría suponerse. 

Un escenario macabro en que los conceptos de culpa, responsabilidad moral o, incluso, miedo son todavía borrosos y confusos. Pero, para los personajes,  la capacidad primitiva para el mal  está por encima de esa percepción adulta sobre un escenario específico. Queda claro una vez que comienzan a descubrir sus singulares — y en ocasiones terroríficas — capacidades. Mucho más, cuando es evidente que el terror se conecta no ya con la depravación, sino con el asombro. 

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Niños que solo son niños en mitad del horror 

A pesar de los hechos trágicos, y a menudo sangrientos, que ocurren en la película, el guion se niega a juzgar lo que muestra. Ya sea porque se trata de niños o porque cada una de sus acciones está impulsada por emociones primarias. No importa la respuesta, el argumento tiene un extraño tono neutro. Uno que enlaza con una dimensión profunda del miedo inexplicable. ¿Puede alguien muy joven ser, en realidad, malvado? 

No es la primera vez que el género de terror se hace preguntas semejantes. Vogt lo hace con una soltura que resulta escalofriante por su honestidad. ¿De dónde procede la oscuridad interior? ¿Se trata de un comportamiento que se aprende o se asume como parte de la naturaleza humana? The Innocents no desea responder esas preguntas. Pero sí hacer que el espectador se las formule de forma inevitable. 

Después de todo, solo se trata de niños. Tan pequeños como para llorar de miedo después de cometer hechos espantosos. Pequeños con ponchos color amarillo y rostros ingenuos, que se esconden en la oscuridad y encarnan algo temible y angustioso. 

The Innocents

La infancia convertida en algo tenebroso, en una versión caótica del miedo de los adultos a lo inexplicable. Si la madurez es un tránsito entre deseos y tentaciones, ¿qué podría ser la inocencia? La película no plantea preguntas sencillas y se toma el atrevimiento de especular sobre el miedo en estado puro. Una condición que también fue parte de discursos menos elaborados, pero igualmente retorcidos, durante un año en el que el terror evolucionó en espacios nuevos y dolorosos.

El terror inquietante y diminuto de The Innocents

A primera vista, The Innocents muestra el mismo análisis de la acción que suele incluir una película de superhéroes. La evolución del poder de sus personajes la emparenta con un argumento de origen. De hecho, podría tener algunos paralelismos con la brutal Brightburn: hijo de la oscuridad de David Yarovesky. Ambas profundizan en sus pequeños protagonistas desde la observación de la rareza y, después, lo siniestro que se esconde en una segunda lectura sobre lo terrorífico. 

The Innocents, poster

Pero The Innocents se sostiene por completo sobre los códigos del terror. A medida que avanza y, en especial, una vez que se hace evidente que el fenómeno que rodea a Ida y a Anna no es único, el guion se hace más oscuro. Sin embargo, no debido a la crueldad que se exhibe en pantalla de forma explícita o los terrores que se muestran con una lentitud de pesadilla. Lo realmente espeluznante en la película es el hecho de plantear que cada hombre, mujer y niño mantiene un reducto de oscuridad latente. Uno que podría despertar en el momento menos esperado y de la forma más brutal. 

The Innocents, que atraviesa todos los estratos del miedo hasta llevar a sus personajes a una descarnada cualidad monstruosa, profundiza en lo alarmante desde la distancia. Cada espectador deberá decidir qué es lo que mueve los mecanismos del crudo paisaje interior que de vez en cuando se muestra en todo su horror. ¿Son los niños el anuncio del mal en el mundo de los adultos? Mientras uno de los personajes mira con asombro toda su habilidad para hacer daño, la pregunta es inevitable. También, el terror que se esconde en la periferia. Tal vez, el punto más siniestro de una película llena de insinuaciones. 

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