La escena poscréditos de Bullet Train demuestra que la ya tradicional costumbre de Marvel se está extendiendo a otras propuestas del cine. Pero, en esta ocasión, es mucho más que una curiosidad graciosa, información sobre futuras secuelas o, en el mejor de los casos, un añadido a la historia principal. En realidad, la secuencia demuestra hasta qué punto el film de David Leitch es subversivo en su forma de contar su premisa. Y de rebelarse contra toda regla que se supone debe cumplir el cine comercial en la pantalla grande. 

Bullet Train deja sin aliento a la audiencia, desconcertada y apabullada por una historia impredecible. No solo se trata de la travesía vertiginosa y en ocasiones exagerada que cuenta la historia de cinco asesinos que coinciden en el Tren bala de Tokio. También, es una brillante manera de narrar cómo cinco narraciones interconectadas pueden sostener una mucho más compleja. 

Con sus dos horas de duración, la producción podría parecer demasiado extensa. O que no tiene demasiado que decir, una vez que acaba el largometraje. Sin embargo, su escena extra, que ocurre en mitad de los créditos, es una forma ingeniosa de sostener el discurso total de su guion. ¿Quiénes son los reales villanos en mitad de todo este enfrentamiento? ¿Qué tanto interviene la suerte  — buena o mala —  en el destino de los personajes? Por si acaso no comprendiste demasiado qué ocurrió en la secuencia, te la explicamos detalle a detalle a continuación. 

Bullet Train

¿Qué ocurre en la escena poscréditos de Bullet Train

La secuencia sigue el centro general del argumento de Bullet Train. En otras palabras, lo que puede ocurrir si encierras a cinco asesinos en problemas en un escenario del que no pueden escapar. Pero, además, agrega un considerable contexto a uno de los giros argumentales más sorprendes de la película: el destino de Prince (Joey King) 

Durante buena parte del metraje, el personaje dejó claro que era prácticamente invencible. Tanto por obra de sus constantes manipulaciones, como por lo que parece ser una especie de destino afortunado que le rodea. En específico, la intención del personaje es asesinar a su padre White Death (jefe de la mafia rusa) y lograr que todos a su alrededor conspiren a su favor.

De modo que, de la misma forma que llora sin rebozo, finge dolor, fragilidad y miedo; a la misma vez es capaz de chantajear con la vida de un niño. Como si eso no fuera suficiente, Prince disfruta de una suerte prodigiosa, de la que presume en cada oportunidad posible.

Pero para los últimos momentos de Bullet Train, a la infame Prince parece habérsele acabado la fortuna. Y el detalle es de considerable interés, porque el guion sostiene la idea de los augurios durante buena parte del film. Sin embargo, mientras apunta a Ladybug (Brad Pitt) y parece que volverá a salirse con la suya, un camión atropella a la ¿villana?. La circunstancia es de naturaleza tan fortuita que parece dejar claro que, sin duda, hay fuerzas misteriosas —o las hubo— actuando alrededor de Prince.

Pero resulta que no es así. Y en eso se basa la escena poscréditos de Bullet Train. Como en otros tantos momentos del film, la secuencia empieza por señalar el tiempo. “Hace diez minutos”, índica para dejar claro el contexto necesario. La cámara muestra, entonces, a Lemon (Brian Tyree Henry), que salvó la vida milagrosamente de otra de las manipulaciones de Prince.

Después, deambula de un lado a otro, hasta encontrar un camión de mandarinas abandonado. Siendo que Lemon sí cree en el destino y en las señales, asume que es signo de su difunto hermano, Tangerine (Aaron Taylor-Johnson). Y, por supuesto, usa el camión para atropellar a Prince y cerrar el ciclo de muertes y asesinatos de una forma poco menos que espectacular. 

Como otras tantas ideas en Bullet Train, el uso de su única escena poscréditos resulta original y graciosa. Pero, además, una forma de redondear buena parte de las ideas que sostuvo el curiosísimo guion. Uno de los mayores puntos a favor de la gran producción del género de acción del verano.