Es habitual hablar del “agujero de la capa de ozono”. Sin embargo, no hay uno solo. El primero, del que se habla habitualmente, se sitúa sobre el Ártico. Afortunadamente, gracias a las medidas de prevención impulsadas desde los años 80, a partir de 2016 se comenzó a reportar su paulatino cierre. Pero hay más agujeros. Por ejemplo, en 2020 se descubrió uno sobre la Antártida y ahora se acaba de reportar otro, justo encima de los trópicos.

Su hallazgo acaba de anunciarse en un estudio de la revista AIP Advances. No obstante, los científicos que los han llevado a cabo creen que pudo originarse en la década de 1980. Por lo tanto, cuando se descubrió el agujero de la capa de ozono del Ártico, es posible que el de los trópicos ya estuviese abriéndose paso.

En el estudio en cuestión se ha comparado este agujero con el del Antártico, ya que es el más preocupante de los que hay abiertos ahora mismo. Y la comparación ha generado un gran desasosiego, pues presenta diferencias que lo hacen mucho más peligroso. Por ejemplo, mientras que el de la Antártida sigue un ciclo estacional y tiene su mayor pérdida de ozono en los meses de septiembre y octubre, para luego reponer parte de lo perdido, este no experimenta ninguna recuperación. Como resultado, las personas que se encuentran bajo él están muy expuestas a las radiaciones peligrosas durante todo el año.

¿Cómo han descubierto este agujero de la capa de ozono?

Se define como un agujero de la capa de ozono cualquier área donde la pérdida de este gas es un 25% superior a cualquier punto de la atmósfera que le rodea. 

La capa de ozono sirve como escudo para proteger a la Tierra de las radiaciones cósmicas más nocivas. Por eso, lo que hicieron estos científicos fue combinar datos de observación de la atmósfera antiguos con modelos sobre reacciones electrónicas impulsadas por rayos cósmicos. De este modo, no solo observaron si la capa de ozono había sufrido pérdidas, sino que midieron las consecuencias justo debajo. Esto les permitió discernir la existencia de un agujero siete veces mayor que el de la Antártida. Con todo lo que eso supone.  

Crédito: Qing-Bin Lu

¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

Según han explicado los autores del estudio en un comunicado, en los trópicos vive aproximadamente la mitad de la población mundial. Eso significa que este nuevo agujero de la capa de ozono ya está exponiendo a un mayor riesgo de enfermedades como el cáncer de piel a un grandísimo número de personas.

Además, la combinación de los tres grandes agujero conocido puede estar afectando seriamente al enfriamiento y calentamiento de la atmósfera. Por lo tanto, pueden tener un papel clave en las consecuencias del calentamiento global y el cambio climático.

Todo esto nos lleva a la gran pregunta: ¿se puede dar marcha atrás? Por suerte, ya hemos visto que unas medidas suficientemente restrictivas pueden ayudar a que el ozono se recupere más rápidamente en las zonas afectadas. La primera gran medida que se tomó fue la prohibición de los clorofluorocarbonos (CFC). Después de que los químicos Mario Molina y Frank Sherwood Rowland demostraran en los años 70 que estas sustancias habían tenido mucho que ver en el deterioro de la capa de ozono, se fue restringiendo su uso paulatinamente. En el pasado formaban parte de muchos productos en spray, pero a día de hoy apenas se usan en todo el mundo.

Sin embargo, sus sustitutos, los hidroclorofluorocarbonos, a pesar de ser más seguros, también afectaban a la capa de ozono. Por eso, su uso se está disminuyendo poco a poco, con el objetivo de llegar a retirarlos totalmente. Además, con el paso de los años se ha visto que otras muchas sustancias derivadas de la actividad industrial tienen ese mismo efecto. Algunas se han prohibido totalmente, pero otras se usan todavía. Recientemente, también se ha demostrado que algunas actividades en auge, como los viajes espaciales, pueden producir compuestos que merman los niveles de ozono atmosféricos.

Si se intentan frenar todas estas emisiones, así como detectar otras que puedan ser peligrosas, estamos a tiempo de detener o al menos ralentizar el avance de este agujero que ni siquiera conocíamos. Quizás incluso se puede propiciar que empiece a cerrarse. Si se pudo con el del Ártico, se debe poder con el resto. Pero el tiempo apremia. Ya conocemos el problema, ahora hay que buscar soluciones rápidas para acabar con él.